41. Te quiero, te quiero, te quiero

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—Me ha dejado ella, María —me dijo Enzo, contándome que esa misma tarde Adriana había dado por terminada su relación

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—Me ha dejado ella, María —me dijo Enzo, contándome que esa misma tarde Adriana había dado por terminada su relación.

—Porque me lo estás contando, Enzo, pero estoy que no me lo creo. ¿Qué te ha dicho? —No me lo podía creer. Esto no era algo que mi amiga haría.

—Que estaba cansada de mis celos y de mis inseguridades. Que ya no era el mismo, que había cambiado. Que quizá jugar en el primer equipo se me había subido a la cabeza... y que no me quería. Que ya no sentía lo mismo. En resumen, me trajo una caja con todas las cosas que tenía en su casa y se despidió con un "ya nos vemos".

—Lo flipo con ella. A mí no me ha llamado para contármelo. ¿Y tú cómo estás?

—Por increíble que parezca, estoy... liberado. Tú sabes que desde hacía meses no estábamos bien. Y la verdad, para perder el tiempo con una persona que no quiere estar conmigo...

—Ahí tienes razón, amigo.

—Así ya podrá irse con su amante...

—Enzo... —le regañé pues él seguía empeñado que Adriana lo dejaba por otro y yo aún seguía sin apoyar esa idea. 

—María, verás como no me equivoco. Si dentro de unos días la vemos con otro... blanco y en botella.

—Eso es la leche, cariño.

—Pues eso. ¿Y tú? —Tragué saliva. Sentí cómo el corazón me latía con fuerza ante lo que tenía que contarle. 

—Estoy embarazada.

—¿¡Queee!? —Enzo pegó un grito tan exagerado que me hizo sonreír—. ¡Tú eres tonta! Venga dejarme hablar de Adri cuando lo tuyo es más importante.

Me reí.

—Qué tonto eres, Enzo. Tus cosas siempre han sido importantes para mí. Y sabes que siempre iba a estar aquí para ti. Siempre.

—Lo sé, patito, lo sé. ¿Y cómo está Mario? ¿Ya habéis hecho las paces? —Bajé la mirada.

—Aún no.

—María... —me dijo, reprochándome su actitud con esa seriedad que usaba cuando sabía que yo tenía que reaccionar.

—Mañana hablaré con él. Te lo prometo.

—Escucha. Mario es un buen tío. Seguro que lo arregláis. Sobre todo ahora que vais a tener un bebé —Sus palabras me reconfortaron. Era lo que más necesitaba ahora mismo. 

—Lo sé. Mañana lo veré.

Se quedó en silencio un segundo y luego añadió, más suave:

—¿Sabes que te quiero, verdad?

Sonreí.

—Y yo a ti, Enzo. 

No logro olvidarme de tu boca (Cross 5)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora