14. La piscina

3.9K 157 32
                                        

Son casi las tres de la tarde

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Son casi las tres de la tarde.

Tiene que estar a punto de llegar.

Me paso la mano por la cabeza nervioso, porque sí, sí, lo estoy. Jodidamente, la deseo. Con desesperación. Jamás me había pasado esto con una mujer, que me encienda tanto con solo una mirada, una sonrisa, un leve gesto.

Pensé que si me acostaba con ella, mi fascinación desaparecería, que solo me atraía porque María es lo prohibido, peo, nada más lejos de la realidad. Quiero tenerla en mi cama otra vez. Quiero hundirme entre sus piernas y arrancarle esos gemidos que mi cabeza repite una y otra vez. Quiero follármela hasta que a ella se le olviden todos los tíos con los que haya estado y solo se acuerde de mi nombre.

Y también quiero dejar de sentirme culpable por algo que los dos queremos.

El timbre del portero me saca de mis pensamientos. Sonrío esperando que sea ella, algo que confirmo al verla a través de la pantalla, con el rostro algo molesto mientras espera que le abra.

Lo hago. Pulso el botón y espero con la puerta semiabierta a que ella llegue.

Me sorprende cómo de deprisa me late el corazón. Frenético, casi loco perdido.

Escucho las puertas del ascensor abrir y, y pocos segundos después, el repiqueteo de sus tacones. Me lamo los labios cuando ella está por fin frente mí, pero luciendo enfadada, casi furiosa.

María se acerca. Contengo el aliento cuando tengo su boca a escasos centímetros de la mía. Levanta su mano, poniéndola en mi pecho, apartándomconde un débil empujón, entrando de esta manera en mi casa.

Intento no reírme cuando cierro la puerta, y la sigo, porque si, parece ser la dueña de mi puta casa por como se mueve por ella.

Al llegar al comedor, María me espera cruzada de brazos y manteniendo esa expresión furiosa en su rostro, una que acompaña sus sonrojadas mejillas y el fuego que sus ojos despiden.

Bajo mi mirada a sus labios, aún más rojos que cuando nos ha dado la charla. Y mi cabeza no piensa en otra cosa, en cuando ella me tome en su boca y mi polla se pierda entre ellos.

—¿Tú sabes lo incómodo que es ir todo el día por ahí sin bragas? —me pregunta ella muy cabreada.

—Pues la verdad es que no.

—¿No? Dame mis bragas, Mario Hermoso —me exige alargando su mano.

—¿Cuándo dices que mi nombre completo es porque estás enfadada? —le pregunto burlándome de ella, y debatiéndome si dejar que siga poniéndomela tan dura o echármela al hombro y llevármela ya a la cama.

—Sí, y mucho. ¿Y bien?

—Iba a darme un baño en la piscina, ¿te vienes? —bajo mis manos hasta el borde de mi camiseta, quitándomela ante su atenta mirada. María ya no me mira a los ojos, pues su mirada está perdida entre mis abdominales.

No logro olvidarme de tu boca (Cross 5)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora