Mario hermoso está cansado de que las mujeres lo utilicen. En su vida hace mucho tiempo que no hay sitio para el amor. Después de un matrimonio fallido, juró que jamás volvería a casarse y mucho menos entregarle su corazón a nadie. Aunque a la única...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
—No quiero que se vayan —le susurro a María mientras mi pequeña Ángela descansa en mis brazos, rendida después de todo lo que ha jugado esta tarde.
—Lo sé. Yo tampoco —contesta, inclinándose para besar mis labios y apretándome el brazo a continuación.
—Has tenido una idea maravillosa, cariño. Esto nos ha dado la vida.
María me sonríe. Hace como yo: mira alrededor y observa a los compañeros y al cuerpo técnico disfrutando con sus familias. Sin presiones, sin pensar en nada. Solo agradeciendo poder estar juntos unas horas.
De pronto, las luces de este lado de la sala se apagan, desconcertándonos a todos, hasta que veo aparecer a Tamara, Maya, Koke y Saúl con una enorme tarta con mi nombre y el número 24, como si realmente fueran esos los años que voy a cumplir.
Me emociono al verlos, aún más cuando la colocan sobre la mesa frente a mí y descubro que es de tres chocolates, mi favorita.
—Tienes que soplar y pedir un deseo —me susurra María, dejando que me ponga en pie todavía con Ángela en brazos.
—¿Me ayudas, enana?
No hace falta que mi niña responda. Ángela no abandona mis brazos y sopla conmigo, no sin antes pedir en silencio mi deseo: que mis bebés nazcan bien, Dios mío.
Todos aplauden y las luces vuelven a encenderse. Rodeo con los brazos a mis dos niñas, mi pequeña Ángela y mi Tamara. Después beso a María y le doy un abrazo fuerte, de esos que dicen más que mil palabras, a Maya. Claudia también se levanta y se une al abrazo.
—Gracias, chicas —les digo, con la voz cargada de emoción.
Cada año es Maya quien se encarga de preparar mi cumpleaños. Siempre le digo que no hace falta, pero ella se las ingenia para que este día sea especial para mí.
—Esto es para ti, Mario —dice Ángela, tendiéndome un paquete.
Lo abro con cuidado y sonrío al instante. Es una foto del cumpleaños de Ángela: estamos Marcos, Maya, Tamara, el pequeño Marcos, Ángela y yo. Todos juntos. Como la familia que somos.
—Para que tengas una foto de tu familia en algún sitio donde siempre nos sientas cerca —me dice Maya, dándome un beso en la mejilla. Luego me entrega otro paquete—. Este es de Marcos y mío, para que te dé suerte el sábado.
Lo desenvuelvo y descubro un reloj precioso, elegante, muy de mi estilo. Me encanta.
El pequeño Marcos, con toda su timidez, se acerca junto a Tamara y me entrega otro regalo. Es un pijama de cuadros de los Minions. Levanto las cejas, mirándolos.
—Sigues sin tener pijama, ¿verdad? —se burla Tamara entre risas.
—Verdad —responde María, divertida.
—Hay otro regalo —añade mi niña, dándome otra bolsa. Dentro hay dos bañadores con sus chanclas a juego.