47. La semifinal

3.2K 154 31
                                        

Llegamos a Manchester justo a la hora de comer y ahora estoy sentado en el comedor, merendando con el equipo antes de irnos al Etihad Stadium para entrenar

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Llegamos a Manchester justo a la hora de comer y ahora estoy sentado en el comedor, merendando con el equipo antes de irnos al Etihad Stadium para entrenar. En media hora salimos. La expedición está tranquila. Confiamos en nosotros. Yo confío.

María está sentada a mi lado, con su café entre las manos. Koke enfrente. La miro y no puedo evitar sonreír. Sólo Koke, Saúl, el míster y yo sabemos lo del embarazo. Queremos mantenerlo en secreto hasta la final de la Champions, si es que llegamos. La prensa ya nos da suficiente guerra como para darles más titulares.

Saúl aparece para sentarse con nosotros con un plato de donuts y se lo planta delante.

—Gracias, Saúl —le dice ella, emocionada. La veo así, ilusionada, feliz... y siento algo que me aprieta el pecho.

—De nada, preciosa. Tendrás antojos de donuts —responde él. Lo miro y chasqueo la lengua.

—¿Y quién te ha dicho a ti que tiene antojos de donuts? —pregunto, fulminando a mi amigo con la mirada.

—¡Niños! No empecéis —dice María, dándole el primer mordisco. Saúl me sonríe, provocándome.

—Déjanos que la mimemos, Mario —Gruño sin poder evitarlo, ignorándome Saúl y si, también ella.

—Yo te dejo —dice ella, feliz, con la boca llena de donuts y una sonrisa impregnada de azúcar. 

—Yo no —Ella alza una ceja, desafiante.

—¿Y si me apetece helado a las cuatro de la mañana? 

Frunzo los labios.

—¿Y por qué vas a querer un helado a las cuatro de la mañana?

—O churros —La miro de arriba abajo porque lo del helado no cuela. 

—Eso me lo creo más.

—Podemos llamar a Saúl y que vaya él...

Miro a mi chica, viendo como frunce los labios, alzando una de sus cejas. Pienso unos segundos en lo que me dice, y asiento dándole la razón.

—Vale, sí. Que se ocupe él de tus antojos de madrugada —acabo claudicando a lo que María me propone. 

—Estoy aquí, ¿sabéis? —protesta Saúl levantando las manos.

—Ya nos hemos dado cuenta, Ñíguez —le suelto con una mueca.

Seguimos merendando. Yo apenas pruebo nada; estoy demasiado pendiente de ella. De cómo sonríe. De cómo se toca inconscientemente el vientre. Y joder, me puto encanta que haga eso. Mi lado posesivo está feliz de saber que lleva a mis hijos en su barriga.

—Buenas tardes, chicos —nos saluda a todos el Cholo, mirando después a mi novia—. María, ¿puedo hablar contigo?

—Claro.

No logro olvidarme de tu boca (Cross 5)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora