Mario hermoso está cansado de que las mujeres lo utilicen. En su vida hace mucho tiempo que no hay sitio para el amor. Después de un matrimonio fallido, juró que jamás volvería a casarse y mucho menos entregarle su corazón a nadie. Aunque a la única...
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Una hora antes...
Abro la puerta de casa y respiro hondo, nerviosa. Esto es lo más difícil que he hecho en mi vida. Mucho más que cuando tuve que convencer a mis padres de que quería irme a estudiar a Londres. Les di mil razones convincentes: que allí me concentraría más, que estudiaría mejor y que sería más fácil aprender lo que quería. La verdadera razón: no quería estar en Madrid cerca de Mario, sabiendo que estaba casado y que lo tendría que ver a menudo, viviendo cerca de nosotros.
Cuando terminé la carrera, decidí volver, sobre todo porque coincidió con su divorcio. Y me prometí a mí misma no pensar más en él... aunque sé que es imposible.
Entro al comedor y mi madre sale a recibirme. La noto nerviosa, igual que yo.
—¿Y? —me pregunta.
—Me lo han dado. Ya he firmado el contrato —le digo, tratando de sonar tranquila.
—¡Enhorabuena, cariño! —me abraza muy emocionada, relajándome un poco porque por lo menos, cuento con su apoyo—. Y ahora, que Dios te ampare.
Ella me hace un gesto señalando el comedor. Me separo de ella y entro, rezando todo lo que sé. Mi padre está sentado en el sofá hablando por teléfono y a juzgar por la expresión que luce, no está muy feliz que digamos.
Y yo voy a terminar de rematarlo.
Me siento y espero a que termine, intentando calmarme, cuando sé que en cuanto cuelgue, me pondré de nuevo nerviosa. Supongo que para él no va a ser muy agradable lo que voy a contarle. Solo pasan unos segundos después y mi padre cuelga más enfadado todavía que cuando llegué.
—Se me ha lesionado un jugador porque se ha montado en la patineta de su hermano —dice irritado—. ¿En qué coño estaba pensando?
—¿Cuántos años tiene? —pregunto, intentando suavizar la tensión.
—17.
—Pues es normal. Yo a su edad me montaba en todo lo que pillaba...
—Sí, pero tú no juegas en segunda división ni eres jugador del Real Madrid...
—Supongo, papá —le digo, nerviosa—. Tengo algo que contarte...
—Dime, cariño —resopla, pero prestándome toda su atención.
—Hoy he hecho una entrevista de trabajo... y me han contratado.
Su rostro se ilumina emocionándose por lo que le cuento. Me da hasta pena cuando me abraza pues aún no he terminado de contarle.
—¡Ay, cariño! ¡Me alegro mucho, de verdad! Si es que mi niña es muy buena —me felicita muy orgulloso, mordiéndome yo el labio a causa de la ansiedad que estoy empezando a experimentar.
—Gracias, papá. Muchas gracias. Bueno, mañana empiezo a las 9 —me levanto del sillón para salir del comedor porque ya he hecho lo que tenía que hacer y he pensado que es mejor huir ahora.