¿Bien?

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Antes que nada quería aclarar que bueno, no soy médico y con suerte no reprobaba Biología o Anatomía. Así que si hay cosas que no concuerden o que no sean lógicas, en ese aspecto, recuerden que es solo una historia y bueno, para que se entretengan.

 

 -Liam… -hizo una pausa-. No –estiré mi labio inferior un poco más. Hacía un puchero, me veía adorable-. No, ni por más que pongas esa cara.

 -Pero… -Intenté reprochar.  Levantó una ceja y solté un suspiro, decepcionado de que mi encanto no funcionara.  Dejé la caja de galletas de chispas de chocolates sobre la despensa. Metí las manos en los bolsillos del pantalón mientras miraba al piso. Con la cabeza caída.

 -Solo vinimos a conseguir las cosas para la cena de está noche. Y aún tienes más galletas en la casa.

 -Pero Niall se las va a comer, lo conozco. –Dije en un tono de un niño pequeño mientras pateaba una piedra imaginaria.

 -Liam –reprochó. Levanté la mirada y volví a hacer un puchero. Soltó el aire de sus pulmones y fue ella quien colocó la caja de galletas en el carrito. Sonreí antes de abrazarla por la espalda y besar su mejilla-. Eres terrible.

 -Lo sé. –Musité en su oído antes de inclinarme un poco más y besar su cuello.

 -Liam, tenemos que apurarnos –gruñí mientras la soltaba. Volví a hacer un puchero-. Liam. –Rio golpeando mi hombro. Reí también.

 -Está bien, está bien. –Tomé el carrito de compras y lo empujé fuera de allí.

 -Lo único que está faltando es… para la ensalada.

 -No me gusta la ensalada. –Se colocó enfrente del carrito.

 -Liam –me detuve mientras ella solo me veía fijamente. Con una pequeña y cálida sonrisa. Solo eso bastaba.

 -Lechuga, aceitunas, algo de zanahoria, una salsa y nada más –Sentencie. Ella sonrió complacida. Se movió dejándome paso para que avanzara con el carrito-. ¿No vienes? –Pregunté ya que no se había movido. Volteé ya que la había dejado atrás.

 -Recordé que necesito… algo.

 -¿Algo? –Pregunté extrañado. Remojó sus labios.

-Si, es… -Señaló a sus espaldas con una mano mientras con la otra acomodaba un mechón detrás de su oreja. Moví mi cabeza a un costado para ver que señalaba, no había nada en especifico.

 -¿Qué cosa? –Insistí sin entender.

 -Es… yo… -Sus mejillas tenían cierto rubor-. Es que mi cuerpo esta…

 -¿Qué pasa con él? –Frotó su rostro-. ¿Te sientes mal? ¿Te duele algo? ¿Necesitas…? –Mentalmente me golpeé al entender. Que tonto-. ¡Qué bueno! –Hasta sonreí y me alegre. Creo que grité demasiado fuerte.

Sus mejillas se volvieron completamente rojas ya que algunas personas nos veían.

Me acerqué a ella. Una pareja algo mayor nos veían como si fuésemos bichos raros.

 -No se preocupen –les dije-, es solo un código rojo –Christina se cubrió al rostro con ambas manos. Me mordí la lengua. La mujer le dijo algo al hombre y este frunció su nariz, se fueron sin más que comentar. Una señora soltó una pequeña risilla mientras tomaba un paquete de palomitas de maíz para microondas, ella si entendió-. Perdón –me disculpé al acercarme. Seguía cubriendo su rostro-, es que mis hermanas lo llamaban así. Y bueno… -levantó la mirada pero seguía cubriendo la mitad de su rostro. La abracé mientras ella colocaba su cabeza en mi hombro-. Es que estoy feliz ya que eso significa que te encuentras mejor. Que todo está bien dentro de ti. –La mecí entre mis brazos.

La Embarraste Payne, está embarazadaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora