Sentía el aire golpear contra mi rostro mientras que un vaho de aire caliente salía de mi boca. Mi respiración estaba agitada y mi pulso acelerado. Llevaba corriendo más de media hora. Notaba algunas casas que ocupaban el tamaño por completo de un bloque. De distintos colores y una más elegante que otra. Siendo honesto nunca pensé poder llegar a costear una casa en este sector de la ciudad, bueno ni siquiera imagine vivir en Londres.
Soñé con algunas cosas que me pasaban y sabía algunas cosas que pasarían, pero aún no esperara que pasaran.
Soñé con ser músico, lo era. Sabía que tendría una familia, pero aún no.
Familia.
Esa palabra llegó a mi cabeza junto con unos sonidos rápidos.
Lup-dup. Lup-dup. Lup-dup.
Su corazón.
Coloqué las manos sobre mis rodillas mientras sentía gotas de sudor caer por mi rostro. Jadeaba e intentaba que mi respiración se regulara.
Siendo honesto, hace tan solo un par de días me di cuenta de algo. Sé que todos dirían que con que una chica te dijera que estaba embarazada tú ya tendrías en tú mente la palabra bebé. Pero, a riesgo de sonar como un completo idiota, hace poco, supe que era real.
Un bebé, allí estaba un bebé. No podía mentir que los nervios me recorrían al estar esperando para la ecografía, quería verlo. Me sentí desilusionado cuando no pasó. Pero escuchar su pequeño corazón, me basto para dormir con una sonrisa esa noche. Un bebé.
No dejaba de repetirlo en mi mente. Un bebé.
Sentí que era momento de regresar a casa luego de toparme con varias personas en mi recorrido diario matinal para correr. Había pasado cerca de una hora.
Antes, no podía imaginar al bebé. Era algo surrealista. Pero escuchar su corazón, era escuchar un: hey, estoy aquí. Había llevado una sonrisa en mi rostro desde ese día, y todo gracias a... Christina.
Christina -repetí en mi mente.
La sonrisa que mi rostro tenía de a poco se fue desvaneciendo.
No sabía que le pasaba. Desde el momento en que volvimos luego de la cita con el médico prácticamente la había visto como cinco minutos en todo el día de ayer. Sin contar con que... ni siquiera habíamos hablado. Y no me gustaba. No... me gustaba estar así con ella. Era... feo.
Ya había llegado a mi casa. Abrí la puerta y entré. Me percaté que aún estaba en silencio. Bueno, eran cerca de las ocho y media de la mañana. Deducía que tanto Christina y Amber aún estarían durmiendo. Con sumo cuidado me adentré por los pasillos de la casa dispuesto a ir a mi habitación para tomar una ducha y refrescarme. Estaba a punto de virar por el pasillo cuando me detuve. Miré fijamente la puerta al final del pasillo. Al otro extremo. Una habitación de huéspedes, la habitación de Christina.
Necesitaba saber que le pasaba.
Con mi cabello aún mojado salí de mi habitación a petición de mi estómago que gruñía por algo que comer. Me detuve a unos metros de la puerta al escuchar a alguien adentro. Mi corazón se aceleró. Tomé un hondo respiro deseando que fuese Christina, pero no.
Al cruzar el umbral iba a saludar con un caluroso: buenos días a Christina, pero... ver una cabellera pelirroja completamente lisa enfrente. Sentí un revoltijo en mi estómago.
-Amber -musité con desgano. Ella volteó solo un poco, lo suficiente para no dejarme ver que estaba de haciendo ya que me daba las espaldas.
-Señor -dijo a lo que rodé los ojos ante su tono. Pero le resté importancia. Me dirigí al refrigerador, metí cabeza, saqué unas cuantas cosas para mi desayuno. Tanto de allí, como de algunas gavetas. Me lo preparé y me senté en la mesa que había allí. Sorbí un poco de jugo de naranja mientras trataba de ver lo que Amber hacía con tanto esmero. No era una buena cocinera, eso sé los puedo confirmar. Pero algo me decía que lo que hacía estaba lleno de dedicación.
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La Embarraste Payne, está embarazada
FanficÉl, una estrella. Un adolescente que comenzaba a ser hombre. En la cima de su carrera. Con el mundo a sus pies. A veces la vida te tiene sorpresas. Sorpresas que nunca esperas. Para bien, para mal todas son sorpresas. Nadie nace preparado. Ni siqu...
