Mi cabeza estaba tras de mis manos, donde se encontraba recostada. Estaban cruzadas sobre la almohada. Miraba el techo de la habitación, mi cabeza estaba en blanco. Parpadeaba y respiraba. Llevaba haciéndolo toda la mañana, y lo hubiera seguido haciendo de no ser por mi estómago.
Gruñó por tercera vez, cuando decidí levantarme de la cama.
Até mis zapatos y salí, procurando ser silencioso, hacía la cocina. Revisé que nadie estuviera antes de entrar. Cuando pasé por aquel vitral que daba a la piscina pude divisar el sol de mediodía estaba a punto de llegar. Sin notarlo había pasado toda la mañana de domingo recostado, hace como un momento.
Nada estaba preparado, a pesar de que se acercaba la hora de comer. Pero poco o nada me interesó, ya que estaba acostumbrado. Metí la cabeza en el refrigerador. Tomé las sobras de la noche anterior. Macarrones con queso, los de microondas. Amber no era para nada buena en la cocina. Era preparar ello, o dañarme los riñones con tanta sal que puso en el estofado.
Tecleé dos minutos luego de meter el plato. Mientras esperaba saqué una soda de naranja del refrigerador. Bebí un poco y perdí mi vista en la nada. No estaba ánimos.
Giré la cabeza comprobando que quedaban diez segundos en el horno microondas. El momento en que el contador marcaba 0:01 saqué el plato de allí. No quería escuchar esos beep. Son tediosos, pero ante todo no quería hacer ruido. No quería que...
-Liam.
Esa era mi suerte. Solté el plato de macarrones calientes al no esperar ese saludo. O bueno no esperar que ella lo diera. Este rebotó contra la baldosa de la cocina creando un desastre.
-Oh, lo siento. No quería asustarte -se disculpó tras de mí. Cerré los ojos y solté un suspiro. Realmente mi suerte, era la peor.
-No -dije volteando mi cabeza de costado-, tranquila. Fue mi culpa. Estaba... distraído -musité volviendo mi mirada al desastre en el piso. Me agaché y recogí el plato.
-Traeré algo para limpiar -la detuve.
-No, yo... -coloqué el plato en el fregadero-. Yo lo hago -dije, sin que en un momento, volteara a verla.
-Es... está bien -sin siquiera mirarla, salí de la cocina.
El momento en que regresaba con un trapeador me percaté que estaba lavando el plato de macarrones que hice caer. No podía creer que eso pasaba. Mi vista se fijó en la mancha de queso y pasta en el piso. Objetivo: recogerlo. Sin dejar de mirar eso, lo limpie tan rápido como pude.
O eso intenté.
-Liam -volvió a decir mientras trataba de limpiar el desastre. No sé percató que cuando había entrado en la cocina. Tomé una servilleta y recogí los fideos. Fue asqueroso sentir como eso escurría por mis dedos, pero lo único que quería era salir pronto de allí-. ¿Quieres que te ayude? -lancé la servilleta y tomé el trapeador.
-No, yo... lo hago -dije haciendo mi mejor imitación de un conserje en la secundaria limpiando el piso de la cocina. Me percaté que Christina estaba a mi costado, pude ver sus zapatos. Pero no era capaz de levantar la mirada.
-¿Seguro qué...? -la interrumpí.
-Ya terminé -aunque podía asegurar que estaba peor. Aún estaba una capa de color amarillento-anaranjado en el piso. No podía permanecer más allí. Tomando el trapeador estuve dispuesto a salir, pero me detuvo.
-¿Quieres qué te prepare algo? -mi estómago formó un hoyo. Pasé saliva.
-Amber puede hacerlo ella... -solté un suspiro.
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La Embarraste Payne, está embarazada
FanficÉl, una estrella. Un adolescente que comenzaba a ser hombre. En la cima de su carrera. Con el mundo a sus pies. A veces la vida te tiene sorpresas. Sorpresas que nunca esperas. Para bien, para mal todas son sorpresas. Nadie nace preparado. Ni siqu...
