Días después...
Sentí un cosquilleo en la punta de la nariz. Sonreí mientras me acercaba. Sonreí mientras ocultaba mi nariz en su cabello. No deje de sonreír.
Mis ojos lentamente se abrieron y de apoco se acostumbraron a los rayos del sol que entraban por la ventana atravesando las cortinas. Mis brazos la acercaron hacía mí. Se revolvió un poco. Me detuve. Estaba de espaldas y seguía dormida.
Tratando de ser cuidadoso me levanté de la cama. Apretó la almohada, lugar que antes había ocupado mi brazo, mientras yo me colocaba de pie.
Aún era temprano. Yo tenía que ir a trabajar.
Verla dormir era una de mis cosas favoritas al despertar. Sí, sonaba un tanto acosador pero... me encantaba. Acomodé las sábanas sobre su cuerpo ya que las moví. Apoyé mi peso en mis brazos a su lado.
Se veía tan calmada, tan linda.
Me acerqué y deposité un beso en su mejilla. Comenzó a moverse un poco.
-Tranquila –musité en su oído-. Duerme. –Noté una pequeña sonrisa. Volvía a besar su mejilla dejando mis labios unos segundos demás-. Descansa. Aquí estoy. –Ocultó su rostro en la almohada mientras acariciaba su hombro dejando pequeños besos en este.
.
Bueno, no había sido un día tan malo. Y había pasado volando de hecho. Un viernes algo ajetreado. Era de tarde, las cinco y yo ya estaba retrasado.
Apreté repetidas veces el botón con la fecha apuntando hacía abajo intentando que el ascensor fuera más veloz. ¿Funcionó? No, de hecho hizo tres paradas en los siguientes cinco pisos. Daba golpes con mi pie tratando de no impacientarme más de lo que estaba. Una que otra persona me observaba y yo seguía dando golpecitos con mi pie.
Miré de nuevo el reloj en mi muñeca. Estaba tarde, estaba tarde.
El ascensor se abrió, a pesar de tener el tiempo sobre mí, tuve que ser paciente. Una señora un tanto mayor salía a velocidad tortuga. Esta bien, no sonó bien. El momento en que puse un pie fuera del ascensor escuché mi nombre.
Oh, chispitas.
-¡Liam, espera! –Los tacones de Samantha resonaron en la baldosa del hall de recepción del edificio. Solté el aire de mis pulmones, en frustración, mientras ella se acercaba.
-No me digas que Paul también quiere amenazarme, ya tuve suficiente por hoy. –Le dije recordando como parte de mi día había trascurrido con sus: Muchacho, tú no fueras nada sin nosotros. Posiblemente tú futuro no fuera tan brillante, estrellita. O con el aclamado: está es tú última advertencia. Una más, solo una. Y no será algo bueno, para ti.
Había descuidado bastante la carrera, la banda. No llegaba a tiempo. Faltaba o salía demasiado temprano. Había llamado la atención de los medios. La noticia de mi hijo no se había esparcido pero... mi comportamiento era distinto. Varios me lo habían dicho. Los medios me tenían en la mira. Y no decían cosas bonitas o buenas. Paul era nuestro representante, pero teníamos una agencia. Ellos nos consiguieron todo. De no ser por ellos nuestra carrera nunca hubiera prosperado o siquiera comenzado por lo que...
Había mencionado que Paul era un ogro. A su lado era como el hada madrina.
Sin ellos, hubiéramos sido nada.
-Lo sé, Samantha. Prometo no causar más problemas. Ya entendí. –No mentiré que si me asustaron un poco. Algo. Me asusté.
-Lo sé, Liam. Comprendo –me dijo con una sonrisa consoladora. Su cabello rubio y su piel bronceada con sus ojos verdes la hacía verse radiante. Era simpática, debía de admitir en sus veinticinco años. Era bastante joven para el puesto. La mayoría de asistentes pasaba de los treinta pero apostaba a que no eran tan eficientes como ella. Era la mejor, tenía conexiones con todo mundo. Su cabello era lacio. Su ropa impecable y con excelente gusto. Siempre con tacones y una personalidad encantadora. Capaz de conquistar a cualquiera. Simpática realmente, ya lo había dicho. Pero yo tenía un gusto especial por las castañas. Especialmente por una-. Hay que esperar que se calmen. Ya verás como se les pasa –trató de consolarme. Eso esperaba. No quería que nada fuera mal en el trabajo-. Pero bueno –agitó su cabello cambiando de tema-, no vine por eso. Ten. –No me percaté que cargaba un caja pequeña en las manos. Una caja envuelta con papel de regalo color blanco y lazo rojo. Con un papel pegado en la base de este.
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La Embarraste Payne, está embarazada
FanfictionÉl, una estrella. Un adolescente que comenzaba a ser hombre. En la cima de su carrera. Con el mundo a sus pies. A veces la vida te tiene sorpresas. Sorpresas que nunca esperas. Para bien, para mal todas son sorpresas. Nadie nace preparado. Ni siqu...
