No me dejes

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Mis manos temblaban. Mis dientes castañeaban. Sentía espasmos recorrer mi cuerpo. Mi pecho se contraía rápidamente. Mis ojos estaban clavados al frente. No sentía nada a mi alrededor. Mis oídos zumbaban y no escuchaba nada más que aquel tic-tac del reloj en la pared.

Las paredes eran blancas. Odio las paredes blancas. Los azulejos en el piso de un tono crema. Odio los azulejos color crema. La banca donde estaba sentado era incomoda.

Mi pierna derecha daba pequeños golpes al piso mientras esperaba.

Mi vista estaba fija en la nada. Mi cabeza daba vueltas.

-¿Riesgos? –pregunté.

 -En embarazos adolescentes los hay.

-¡Alto!

Lo golpeé.

-Liam, este embarazo es riesgoso.

 -¡Detente!

Caímos en la pequeña mesa.

-Puede ser fatal. Siempre existe esa posibilidad Liam, la hay.

-¡Por favor!

Me empujó contra la pared.

 -Una pareja llevaba esperando por su primer hijo. Es su tercer... Lo perdieron.

 -¡No!

Lo empujé hacía una esquina.

Y casi él la pierde.

 -¡Basta!

Me golpeó. Lo derribé.

-No solo existe la... la posibilidad de que... de que el bebé muera. Si no que Christina también lo haga.

 -¿Quiere decir que ellos...?

 -Pueden morir Liam, ambos

-L-L-L-Li-Li-Liam.

Perdóname.

Mi cabeza colgaba entre mis hombros. Ni siquiera podía sostenerla.

Tú eres lo mejor que me ha pasado.

Sus palabras recorrían mi cabeza.

Si algo te llegará a pasar... para mí también... todo terminaría.

-No me dejes, por favor. –Susurré. Niall inclinó su cabeza a mi dirección. Zayn lo observó. Negando le dio a entender que no hablaba con ellos. Niall se separó dándome espacio.

Niall estaba sentado a mi lado. No sabía qué hacer. Se mantenía en silencio. Cada diez segundos volteaba a observarme, no tan disimuladamente. Zayn era más cauteloso. Louis tenía las manos en los bolsillos. Zayn estaba apoyado en la pared. Louis estaba a su lado cabizbajo.

Una enfermera sentada en el recibidor/escritorio trataba de no hacer mucho ruido acomodando unos papeles. Trataba de disimular. Al parecer le éramos un poco intimidantes.

El silencio era roto al menos unos minutos. Cada vez que alguien entraba por alguna urgencia. Ni siquiera me veían. Y los que hacían rápidamente huían. El aire estaba demasiado pesado y tenso. Lo peor.

Apretaba los dientes con tanta fuerza que a mi mandíbula le faltaba poco para quebrarse.

Comencé a sentir que mis ojos picaban. No era sueño.

¿Cuánto tiempo llevábamos allí?

Tiene que quedarse aquí. Nosotros nos encargaremos.

La Embarraste Payne, está embarazadaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora