Era una oscura tarde. Fría y oscura tarde de viernes. Parecía que llovería en poco tiempo. Aquel negruzco día le habían dado de alta en el hospital a la persona en el asiento del copiloto. Permaneció todo el camino en silencio. Yo lo hice también.
Por alguna razón el camino a cada se tornó más largo. Más largo y triste.
Lentamente detuve el auto frente a la casa. Apagué el motor. El mismo desagradable silencio con el que salimos del hospital, seguía. Salí del auto y fui directo al maletero. Saqué tanto la valija con alguna de sus cosas, la Sra. Norgh, la enfermera que había contratado tiempo atrás había ido a la casa junto con Zayn a traer algunas cosas de Christina. También saqué el bolso con mis cosas.
En días, era la primera vez que pisaba la casa. No me había separado de Christina en ningún momento. Cerré la cajuela mientras amarraba el bolso con mis cosas y la maleta para llevarlas más fácilmente. Noté que la chica de ojos chocolate tirando a negro aún permanecía en el asiento del copiloto.
Tenía la sensación de haber llegado de viaje. Uno para nada agradable.
Solté el aire en mis pulmones mientras me acerqué a la puerta del auto. La abrí. Ella estaba recostada en el respaldo, tenía los ojos cerrados. No me había dado cuenta, quizás por eso no habló todo el camino.
-Christina –llamé en un susurro. Lentamente abrió los ojos. Observó alrededor antes de fijarse en mí-. Llegamos. –Avisé. Restregó sus ojos mientras se erguía. La ayudé a quitarse el cinturón. Estiré mi mano ayudándola a levantarse. Cerré la puerta cuando salió. Tomé la maleta y mi bolsa.
-¿Te ayudo? –Preguntó señalando mi bolsa. Negué.
-No tienes que hacer mucho esfuerzo. Puedo, tranquila. –Asintió mientras cruzaba los brazos. Estaba cabizbaja.
El momento en que abrí la puerta de la casa un escalofrío me recorrió.
No, quizás solo eran mis ideas.
-Voy a mi habitación. –Incluso sentía que su voz había perdido toda emoción. Abrazándose a si misma con la cabeza caída lentamente desapareció por el pasillo.
Yo, con la poca voluntad que me quedaba, arrastré las cosas que cargaba hacía mi habitación. Toda mi ropa terminó esparcida por el piso. Descalzo caminé hacía el baño en mi habitación. El agua helada golpeó mi rostro para luego atemperarse. Durante unos minutos dejé que el agua caliente relajara mi cuerpo, o intentar hacerlo. Dejé mi cabeza en blanco mientras el agua caía sobre mí.
.
Estaba parado frente a la estufa. Esperaba que lo que preparé para la cena se acabara de cocinar. Aún eran las seis de la tarde, pero no tenía nada más que hacer. Ya había recogido mi ropa en mi habitación y metido la ropa en la lavadora, toda la que utilizamos. Me había puesto a preparar la cena aunque no tenía ánimos de poner algo en mi boca. Simplemente trataba tener algo hacer.
Posiblemente faltaban quince minutos para que las verduras terminaran de cocerse y otros veinte para lo que metí en el horno saliera. Pasé una mano por mi húmedo cabello.
Observé a mi alrededor.
Demasiado silencio. Silencio y una atemorizante calma.
Vi una vez más lo que preparaba y salí de la cocina. Había olvidado algo.
Mis pies se clavaron en el piso cuando llegué a la sala. Una oleada de calor se había apoderado de mí. Un cosquilleo en la columna mientras veía el lugar.
¡Alto! ¡Detente! ¡Por favor!
Sacudí mi cabeza tratando de que esos recuerdos se perdieran.
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La Embarraste Payne, está embarazada
FanfictionÉl, una estrella. Un adolescente que comenzaba a ser hombre. En la cima de su carrera. Con el mundo a sus pies. A veces la vida te tiene sorpresas. Sorpresas que nunca esperas. Para bien, para mal todas son sorpresas. Nadie nace preparado. Ni siqu...
