Tarde o temprano

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Coloqué el reloj en mi muñeca mientras llevaba las llaves del auto a mi bolsillo. Hice lo mismo con mi teléfono y salí de mi habitación. Era un jueves por la mañana, desde el día martes había estado nevando. Caminé por el pasillo acomodando el abrigo que llevaba. Me detuve al llegar a la habitación al final de este. Toqué la puerta y antes del segundo golpe, esta se abrió.
Sonreí al verla.
-¿Liam? -dijo mientras acomodaba un mechón de cabello tras su oreja y me veía frunciendo su ceño-. Pensé que ya te habías ido.
-Sí, ya estoy de salida -dije señalándome con la mirada puesto me encontraba cambiado a comparación del terno deportivo y el sudor en mi frente con el cual me vio en el desayuno. Ella sonrió mostrando su hoyuelo.
-Iba... iba a dejar esto en el estudio -noté que en su mano llevaba un libro. Asentí mientras veía la blusa de cuello de tortuga que llevaba dejando ver que su rostro tenía complexión redonda, lo cual era lindo, era de color caqui a juego con un pantalón crema. Me había dado cuenta que usualmente vestía de tonos pastel y bajos, muy discretos. Su cabello estaba suelto quedándole a unos centímetros más debajo de media espalda, casi por la cintura. Una diadema evitaba que algún cabello cubriera su frente. No llevaba maquillaje alguno, no lo necesitaba. Sus pestañas estaban viradas y sus labios con un ligero brillo natu...
Se aclaró la garganta.
Me había quedado observándola, como siempre. Pasé una mano por mi cabello y volví a la realidad.
-Este yo... -casi había olvidado para que había venido a verla-. Solo te quería avisar que voy a volver temprano para la hora del almuerzo. Y de allí vamos a ir a comprar las cosas -vi como un brillo cruzó por sus ojos café oscuro tirando a negro el momento en que lo dije. Nos encontrábamos a mediados de noviembre, por lo tanto una fecha se acercaba: Navidad.
Entonces se me cruzo la idea de ir a comprar todos los implementos necesarios, iniciando desde el árbol de navidad. No tenía un solo adorno en la casa. Nunca los había comprado, no es que no fuera muy aficionado a esa fecha, porque prácticamente era yo quien antes de que el sol saliera estaba más que despierto abriendo los regalos, o quien pasaba con indigestión al comer tanto en Nochebuena. El hecho era que no me gusta la idea de estar colocando los adornos en casa, solo para mí. Cuando lo hacía en casa yo era él más entusiasta que a pesar de no saber cómo armar las luces ya las tenía fuera del empaque y quien siempre ponía la estrella en el árbol. Pero viviendo solo, no era algo que me agradará. Por ello me había abstenido de comprarlos.
Pero, ahora, no iba a pasar esas fechas solo. Por lo que ayer mientras cenábamos se lo había dicho a Christina. Pude ver una sonrisa de oreja a oreja cuando lo escuchó. Le había encantado la idea. Por lo tanto habíamos planeado salir ese día de compras.
-¿Estás seguro? -preguntó. El incidente con Paul había pasado hace un par de días. Y podía sentir como ella claramente se preocupaba de que algo más pudiera pasar. Pero ya se lo había dicho.
-No pienso ocultar nada -repetí. Eso era algo de lo que estaba cien por ciento seguro. Christina sonrió de medio lado-. También... -aclaré mi garganta-, podría haber la posibilidad -qué yo la propiciará- que nos demoremos un poco más y... -Christina movió la cabeza a un costado tratando de descubrir que trataba de decir. Una mirada divertida era la que me daba-. Y como no quiero que te enfermes, las noches están helando, por lo que... pensé que podíamos... que podíamos almorzar juntos. Así ahorramos algo de tiempo, ¿no crees? -la única escusa que se me había ocurrido.
-¿Sólo los dos? -me di cuenta que mis manos estaban sudando y yo estaba nervioso.
-Bueno... Amber aún no está del todo bien. Y puede que salir al frío empeore su salud -aventurarse en <<la ventisca>> no le había caído para nada bien. Cuando regreso por la tarde tenía la nariz tan roja como su cabello, moqueando y un virus cultivado en su organismo. Todo el día anterior había estado en cama teniéndome de camarero de sopa de pollo, varias tazas de té y medicina. No quería que Christina se acercara mucho a ella, tenía que cuidarla. Por lo que a pesar de todo estuve trasportando pañuelos de un lado a otro, que haya tenido a Christina solo para mí, lo merecía. Durante esos días solo teníamos que ir a la disquera por la mañana con el resto de la tarde libre. Así que disponía a aprovechar ese tiempo y que mejor que con ella.
-Creo que la inyección que le puso Henry surgió efecto. Ayer antes de irme a dormir pasé por su habitación y ya estaba mucho mejor -al parecer notó mi expresión ante el hecho que Amber estuviera mejor de salud y que nos acompañara-. Pero... no quisiera arriesgarla al frío -no mentiré que una pequeña sonrisa cruzo por mis labios.
-Entonces, vendré por ti -ella asintió. Mi teléfono vibro en mi bolsillo. Un mensaje.
-Creo que es mejor que te apresures, no quiero que llegues tarde -sonreí. Vi el remitente, era de Niall. Lo leería en el camino por lo que lo volví a meter en el bolsillo.
-Quiero que utilices la mascarilla -era un poco exagerado que la tuviera usando eso, pero con Amber con gripe y ella en su estado, no quería arriesgarme.
-Está bien, lo haré -sonreí y de nuevo el teléfono vibro en mi bolsillo-. Ahora ve, se te está haciendo tarde.
-De seguro alguna travesura matutina de Niall -dije pensando que el segundo mensaje también era de él. Y conociéndolo, era lo más probable.
-Liam -Christina cruzó los brazos regañándome para que vaya pronto al trabajo. Reí ante esa actitud-. ¿Algo más? -en un impulso coloqué mis labios en su mejilla depositando un beso.
-No olvides la cita que tenemos hoy. Vendré temprano por ti -dije al separarme. Noté que sus mejillas se sonrojaron-. Hasta luego -me dio una pequeña sonrisa mientras yo me iba.

La Embarraste Payne, está embarazadaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora