Estrellas

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Expulsé todo el aire en mis pulmones antes de salir de mi habitación. Me encaminé al cuarto de planchado para buscarlo allí. Luego de diez minutos revolviendo los cestos me di por vencido. Suspiré frustrado mientras veía la hora en mi reloj.

Estaba tarde.

Salí de allí rápidamente, ya que podía hacer. El momento en que pasé por el lobby escuché que golpeaban la puerta. Sacudí mi cabello, frustrado, y más aún al darme cuenta que me había despeinado. Vi la hora de nuevo mientras seguían golpeando. Negando me acerqué a abrir.

Me congelé ante el tipo que fácilmente me ganaba con una cabeza de alto, si no era más. Traía un traje azul marino con minúsculos lunares con un abrigo del mismo tono. Honestamente la camisa palo de rosa que llevaba trataba de suavizar sus escalofriantes facciones.

-Hola Liam -me saludó casi como si me diera una orden.

-Henry -respondí tratando de no parecer intimidado por su gran persona. Él asintió y me percaté que traía un ramo de lirios blancos en la mano. Aclaré mi garganta ante el silencio incómodo-. ¿Quieres pasar? -le pregunté ya que él me escaneaba de pies a cabeza-. Amber está... -mis palabras se quedaron en el aire ya que su perfume me lleno la nariz. Y en menos de lo que me hubiera tomado voltear a verla. Ligeramente me apartó de la puerta, empujándome.

-Henry -musitó mientras besaba su mejilla y lo abrazaba. Noté que, el no tan pequeño y escalofriante, Henry, se había sonrojado y sonría de oreja a oreja. Antes que su boca acabará completamente abierta cuando ella se separó y dio un giro mostrándole lo que llevaba puesto. Un vestido largo que llegaba hasta el piso de un tono turquesa, y pedrería. Un escote para nada pronunciado y sumamente sofisticado. Me sorprendí de ello. Vi como Henry le estiró las flores y la sonrisa de Amber fue mayor. Y la de él, también, al ganarse otro beso en su mejilla.

Sonreí, por muy extraño. Bueno, no era una escena de todos los días ver a Amber siendo tan amable y repartiendo muestras de cariño. Al igual que ver a un doctor que antes trabajaba en la marina que fácilmente oscilaba entre 1.90 y dos metros de altura en tú puerta sonrojado y sonriendo como si tuviera la octava maravilla del mundo frente a sus ojos.

-Las pongo en agua y ya regreso -le avisó haciendo que este asintiera sin dejar de sonreír. El momento en que volteó a verme, toda esa dulzura se eliminó. Torció los ojos e hizo una mueca de deprecio. Me sorprendía el cambio de humor automático de las mujeres. Haciendo resonar sus tacones contra el piso de madera desapareció por el pasillo.

Volteé a ver a Henry.

-Es sorprendente, ¿no crees? -dijo mientras miraba embobado la ruta por donde Amber se había ido.

-Escalofriante -musité en voz baja.

-¿Cómo? -aclaré mi garganta.

-¿Van a cenar? -pregunté cambiando de tema.

-Sí, iremos al cine, luego a cenar y quizás la lleve a pasear por la cuidad. Me llevó una semana lograr que aceptara salir conmigo, pero vale la pena y lo haré inolvidable -le sonreí. No sé si de compasión por salir con Amber o de ternura, que raro. Vi que revisó el reloj en su muñeca-. Espero lleguemos. La función comienza a las cuatro y media.

Golpeé con la palma de mi mano mi cabeza.

-¿Y tú a dónde vas? -me preguntó ya que también llevaba traje.

-Tenemos una entrega de premios. Y ya estoy tarde -le dije puesto también era a las cuatro y media.

-¿No sé supone que sean en la noche? -me preguntó extrañado.

-Es por invierno. Como anochece a esa hora -él asintió. Desventajas que en esos días la luz diurna no pasaba de diez horas.

-Lista -apareció sonriéndole a Herny y tratando de que yo no le incomodara.

La Embarraste Payne, está embarazadaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora