Pasé la sudadera sobre mi cabeza antes de ceñirla sobre mi cuerpo. A pesar de haberme levantado con la nariz helada decidí salir a correr. La casa se encontraba extrañamente a una temperatura para nada <<hogareña>>. Pero no le di importancia. Era la cuidad de Londres en donde me encontraba, por tanto no debía de esperar levantarme con el sol del trópico entrando por la ventana. Bueno, ni siquiera había abierto las cortinas ya que hubiera estado tentado a un escape al Pacífico al ver el cielo gris propio de la cuidad.
Solo tendría que aumentar la temperatura del calefactor. Aunque no entendía el por qué Amber no lo hacía. Milagrosamente estaba despierta. Realmente lo era al ser seis y media de la mañana. Lo sabía ya que no tan silenciosamente andaba por toda la casa. Sin contar con que estaba probando la resistencia de las cacerolas al lanzarlas contra el piso, o eso suponía.
Como fuere, acomodé la capucha sobre mi cabeza. Salir a correr en las mañanas se me había vuelto un hábito desde hace un año atrás. A veces había demasiado estrés, en dónde quieres lanzar una silla contra la ventana y gritar a través de esta, cosas poco amables al mundo. Por tanto, una manera de <<canalizar>> ese acumulo de emociones, por así llamarlo, era saliendo a correr.
Es saludable y me agradaba ver la cuidad, o mi vecindario, ir despertando de apoco. Donde podía estar conmigo mismo y ya.
Salí de mi habitación sintiendo un escalofrío. Realmente era una mañana helada y oscura, parecía que el sol no hubiera salido, ya que el pasillo tendía a estar iluminado a esas horas por la luz natural que se colaba, pero prácticamente con suerte veía el reflejo de mis manos, muy raro. Me llenó el deseo de volver a envolverme con las sábanas y quedarme allí ante el calor que perdía mi cuerpo a cada segundo. Pero ya me había levantado, colocando el terno deportivo y tendido mi cama. Incluso yo me sorprendo de tener buenas mañas. Por lo que...
Caminé por el pasillo a oscuras, no entendía porque Amber no había encendido las luces aunque si lo pensaba bien; nunca la entendía. Y no quería hacerlo. Solté un suspiro al recordar la para nada cordial cena de la noche anterior. Luego de llegar del zoológico llegamos a casa, no llegamos temprano a causa de que hubo un accidente a unas cuadras del lugar por lo que estuvimos atorados en el tráfico por un par de horas. Pero como tenía a la bruja de Amber conviviendo bajo el mismo techo. Lo primero que hizo al verme fue gritarme del porque no llamé para avisar donde estaba. Ya que la habían llamado diciendo que yo no llegué al trabajo por lo que pensó, no, no sé emocionen pensando que estaba preocupada que algo me haya pasado, me preguntó que donde había abandonado a Christina. Con esas palabras. Me enfadé ya que ella pensaba que yo era capaz de dejarla sola a su merced mientras, según ella, quizás me haya salido por allí a vivir la vida, eso dijo. No tenía sentido, pero con ella dudaba que existiera esa palabra. Me molesté qué pensará eso de mí, ni siquiera me conocía y me juzgaba de tal manera, lo cual a pesar de todo no era erróneo.
Discutimos por como diez minutos, estuve a punto de alzarle la voz de no ser por Christina quien prácticamente estaba en medio de ambos calmándonos. Le explicó todo, pero aun así me reclamó que Christina estaba fuera en la noche helada. No la aguantaba, no la aguantaba. Ni mucho menos a la hora de la cena, en donde estaba a punto de lanzarme el plato en la cabeza.
Ella me odiaba y eso... estaba seguro que era mutuo.
Jalé la capucha para cubrirme un poco más la frente tratando de no pensar en ella. No quería que el estómago me ardiera. Estaba a unos metros de la puerta de la casa, la cual estaba más oscura que el pasillo. Solté un bostezo.
Correr, correr, eso te hará bien.
Me dije. Froté mi rostro. El momento en que estuve dispuesto a abrir la puerta giré mi cabeza ligeramente a la derecha y pegué un grito al ver entre la media luz que había allí, una extraña figura saliendo del estudio. Mi corazón se aceleró y pegó un brinco al escuchar algo replicar contra el piso. Mi vista se fue acostumbrando un poco a la luz. Cuando distinguí.
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La Embarraste Payne, está embarazada
FanfictionÉl, una estrella. Un adolescente que comenzaba a ser hombre. En la cima de su carrera. Con el mundo a sus pies. A veces la vida te tiene sorpresas. Sorpresas que nunca esperas. Para bien, para mal todas son sorpresas. Nadie nace preparado. Ni siqu...
