Después de unos días finalmente llegamos a Irimus, bajé del carruaje con Daveth para ser recibidos por la ex Duquesa de Balwant, quien tenía detrás una flota de sirvientes y nos sonreía amablemente.
La mujer de cuarenta y tantos años estaba usando un largo vestido rojo que resaltaba más sus fulgurantes ojos, pero fue su cabello azul oscuro atado en un moño alto el que me trajo malos recuerdos. Se parecía tanto a esa mujer que me dieron náuseas.
Al notar mi incomodidad, el chico a mi lado puso su mano en mi hombro y lo apretó ligeramente.
—Es un placer estar en su residencia, Lady Balwant, veo que se ha esforzado mucho para recibirnos. —hablando elocuentemente, Daveth me salvó del impotente silencio en el que nos encontrábamos hasta hace unos segundos.
—Veo a su alteza, Tryon, futuro Sol del Imperio, y a su Gracia, Sir Roche. Los saluda Lady Leezah de Balwant, esposa del difunto Duque Balwant, es un placer para mí recibirlos. Sabemos que para ustedes sería incómodo permanecer en el Palacio, por lo que esperamos que el humilde ducado sea de su agrado.
La mujer, que se dirigió primero a mi amigo, pasó a mirarme directamente a mí.
Aun sonriendo, el de cabello plateado volvió a interrumpir nuestras interacciones haciendo una pregunta que atrajo el interés, no solo de la mujer, sino de todos los sirvientes presentes.
—Pero, Lady, ¿dónde está su hijo? Tenía muchas ganas de conocer al Duque.
Fue leve, pero pude ver como la mano de la contraria temblaba, al igual que la comisura de su boca, aun así, contestó sagazmente.
—Mi hijo tuvo algunos asuntos que atender en el Palacio, realmente quería recibirlos, pero simplemente le fue imposible. Espero que su alteza tenga el corazón para perdonarlo, usted más que nadie debe comprender lo pesado que es el trabajo de llevar a un reino.
Si bien sus palabras no eran directamente ofensivas, claramente estaba comparando mi trabajo como príncipe heredero con el de un simple Duque. De igual forma, no pude contestarle nada, pero sus palabras fueron suficientes para darme el valor de hablar finalmente.
—Parece que el Duque está muy ocupado, está bien, me conformaré con usted Lady Leezah, me alegro de que no tenga mucho por hacer.
Insinuando que su posición ya no valía nada, contesté a su provocación, que tenía por único objetivo desviar la atención del paradero de su hijo. En realidad, no me interesaba mucho conocer a ese hombre.
Lennart Balwant, el conocido "genio del siglo" y Duque ascendido más joven de todo el continente.
Y un antiguo amigo de Nain...
[...]
La mansión era relativamente grande, con cuatro pisos y dos edificios separados, la casa de colores brillantes estaba increíblemente decorada con todo tipo de joyas y estatuas de oro y marfil.
Nuestras habitaciones estaban en el segundo piso del edificio secundario, una justo al lado de la otra. No eran tan grandes, pero lo suficiente como para que un noble se quedara un par de noches, más que eso sería sofocante.
Ellos no trataban de esconder el hecho de que no nos querían aquí, pero bueno, sinceramente yo tampoco tenía muchas ganas de permanecer en Irimus por más tiempo del necesario, planeo irme tan pronto como tenga en mis manos a Nain.
Y para eso...
—¡Arriba! Es hora de irnos~ —canturree, a la vez que abría la puerta con fuerza, causando que golpeara contra la pared.
Como respuesta, únicamente recibí el quejido del hombre que estaba recostado boca abajo en la cama, con la cabeza completamente metida en la almohada.
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No soy Cenicienta
Teen FictionTodos conocen el cuento de Cenicienta, ya saben esa historia sobre una niña estúpida que no sabe defenderse de su madrastra y hermanastras, y que, por ser tan amable, el cielo la recompensa con la fortuna de un príncipe. Siempre pensé que era realm...
