Capítulo 23

126 12 0
                                        

—No fue totalmente su culpa, Cedric debía ver por el futuro del Imperio, hizo lo correcto al deshacerse de mí. Siempre fue un buen Emperador, se preocupó y vio por su pueblo ante cualquier circunstancia, solo estaba ciego de amor.

—Patrañas... —murmuré para mí misma—. Bien, convertiré a Antek en el mejor Emperador que haya existido. —sonrió—. Pero no te ayudaré.

—¡¿Cómo?! ¿Por qué? —sus ojos mostraban desesperación.

—No es realmente algo que le concierna del todo a Antek, son sus padres, pero ustedes jamás vieron realmente por él. Esto es culpa del Emperador...y tuya. —se sorprendió y evitó mi mirada—. Haré que Antek viva un futuro tan brillante que no podrá recordar su oscuro pasado.

«Pero mira~, esta chica tiene actitud. Me gusta, Carma ella es la indicada, terminamos.»

—¡¿Qué?! No, espera brazalete, dame un día más. —rogando, sostuvo su muñeca y miró al brazalete en ella.

«Te he dado ya mucho tiempo, se acabó, encontraste a la persona que buscabas, ella es adecuada, no hay nada más que tengas que hacer.»

—Pero... —presionaba sus labios frustrada y tras un largo pensamiento finalmente dijo:—Bien, me iré, pero dejaré mis memorias.

«¿Qué? Oye, eso no es justo, tú te irás a descansar para la eternidad y yo me quedo aquí haciendo tus recados.»

—Por favor, serán de ayuda, lo juro.

«...»

—¿Brazalete?

Era de verdad extraño era ver una conversación entre una ilusión y un trozo de metal viejo, aún no podía creerlo.

«¡Ya te dije que no soy de metal, y mucho menos viejo...! Bueno...¡Sólo cierra la boca niña!»

—¿A quién llamas niña, chatarra?

«¿Cómo te atreves a insultar a una reliquia del Imperio? ¿Quieres morir?»

—Oh, ¿puedes matarme? Fabuloso, así no me ensucio las manos. —respondiendo sarcásticamente lo ignoré volteando la cabeza.

—Ya, ya, no peleen, parecen niños.

«¡Ja! ¿Quién está peleando con ella? Solo estoy defendiendo mi honor.»

—¿Qué clase de honor podría tener algo como tú?

—Parece que se llevan muy bien. —Carma estaba sonriendo.

—¡¿Quiénes se llevan bien?! —dijimos ambos al unísono, por mi parte la miré mal.

Ahora que lo pienso, ¿esa cosa tendrá ojos...?

«¿Quieres dejar de pensar idioteces? Sé que soy lo más interesante que has visto en tu aburrida vida, pero deja de acosarme.»

—¡¿Quién te acosa, pedazo de chatarra?!

«¡Qué no me digas así!»

—Te digo como se me de la gana.

Ante nuestra incesante pelea la mujer castaña solo se nos quedó viendo mientras sonreía. Parecía ignorarnos.

No fue hasta que ambos nos quedamos sin insultos que paramos de gritarnos.

—Bueno, ya que han terminado de jugar, brazalete ¿me harías el favor?

«...Ya qué, dámelas.»

Carma colocó la palma de su mano en su frente y deslizándola una brillante luz rosada apareció en su mano.

No soy CenicientaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora