Capítulo 28

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¿Saben cuánto tiempo se tarda una persona, en llegar al reino de Irimus, a caballo?

En carruaje ya de por sí es tardado, con las paradas y el mantenimiento, se supone que estando sola tardaría menos, pero...

¡Han pasado 3 días y todavía no llego!

Normalmente tardarías 5 días en llegar, calculando el recorrido en carruaje, así que creí que a caballo sería menos tardado, me equivoqué. Tal vez debí irme con los demás, tal y como Nessa me dijo, pero bueno, ¿qué puedo hacer ahora?

Mi viaje duró 5 días exactos, el equipaje que traía en la bolsa de tela fue apenas suficiente, usando el mismo pantalón por tres días seguidos, y lavando una de las camisas para el último día. Solo deseaba poder llegar ya a la mansión de los Le Vine en la capital y descansar por un buen rato.

Mientras caminaba por el centro de la cuidad de Bhavikha, todos a mi alrededor solo me veían, había una razón y no, no era por mi cabello, sino algo peor.

Irimus siempre ha sido un reino próspero, no se metía en conflictos políticos y por lo tanto jamás había entrado en guerra, si bien los países colindantes podían tenerlas, este reino se volvía ciego ante ellas. Por lo mismo, nunca tuvo una estrecha relación con ningún reino, no más allá de los intereses comerciales.

Si lo pienso bien, la única vez que formó un lazo con algún país, fue nada más y nada menos que con el Imperio de Tryon, la razón fue la segunda princesa, que se convirtió en la amante del Emperador, el padre de Antek. Por supuesto, esto acabó mal, y aunque no dirigió a la guerra, no terminaron en buenos términos.

En fin, ya que Irimus siempre estuvo en paz, nunca necesitó de nada, avanzaba con calma sin quedarse atrás, por otro lado, sus construcciones eran muy diferentes a las de Tryon.

Estas normalmente eran estructuras de piedra o ladrillo, poseían grandes ventanas o ventanales, que con frecuencia conectaban a balcones, además, era común tener al menos una chimenea por habitación. Sus techos en punta, dos aguas o inclinados, las columnas en determinados lugares eran a veces independientes y, la forma asimétrica de la edificación, eso era lo que más diferenciaba su arquitectura.

Irimus, por otro lado, poseía edificios más cuadrados, con techos planos y a veces cúpulas, en los frisos colocaban tallados de los 7 dioses que el reino veneraba, las molduras exteriores eran simples, con forma convexa y luego ligeramente curva, simulando un talón, además de las pilastras, que eran columnas más bien decorativas unidas a las paredes. Cabe destacar que la mayor parte de las construcciones eran blancas, excepto por los detalles decorativo que tenían los 7 colores del arcoíris, y eran en su mayoría, líneas y grecas.

En conclusión, todo era elegante en este reino, y yo, una chica que anda a caballo y viste simplemente con un pantalón y camisa, no es más que una mancha para la lujosa cuidad. Parecían decirme con sus ojos que volviera por dónde vine.

Cabalgué por un buen rato hasta que salí de la calle principal, dónde se encontraban la mayoría de las tiendas más populares del reino. Llegué al camino que llevaba hasta la mansión con más tranquilidad.

Una vez estuve frente al gran portón, bajé de la yegua y miré tras las rejas mientras las sostenía. En ese momento apareció un soldado, era un hombre mayor de unos 30 y tantos años, su armadura plateada tenía la insignia de la familia Le Vine.

—¿Quién es usted?

—Abre la puerta y lo sabrás. —solté las barras del portón y me alejé, al mismo tiempo que cruzaba mis brazos e inclinaba mi cabeza hacia un lado.

—No puedo abrir la puerta a extraños, identifíquese.

Una risa salió de mi boca cuando vi que realmente no quería abrirme la puerta, al verme enfadada, el soldado llamó a otro, ahora ambos me vieron confundidos y sin intenciones de dejarme pasar.

No soy CenicientaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora