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María volvió a abrir los ojos. 

Arrugó su cara sintiéndose extrañada, mareada y adolorida. 

Ladeó un poco la cabeza hasta que entendió dónde estaba. 

Estaba tumbada en la cama con Leo a su lado sentado en una silla mirándola preocupado. 

- h-hola... - dijo algo tímida - qué ha pasado... 

Intentó moverse pero algo se lo impedía, miró su cuerpo y sus ojos se abrieron de par en par asustados al ver que tenía el cuerpo atado a la cama, las manos juntas y atadas, al igual que los pies también. 

- qu-qué... ¿qué es todo esto? - preguntó nerviosa. 

- cómo te encuentras María - se acercó el ángel con pena en su mirada. 

La joven le miró asustada y nerviosa, se fijó en sus heridas. 

- qué te ha pasado en la cara, qué está pasando... - se entrecortaba ella misma. 

- shh... sh... - intentó calmarla Leo agarrando sus brazos - María, mírame 

- qué ha pasado Leo... ¿he sido yo? joder, Leo ¿yo te he hecho eso? - sus ojos se inundaron de lágrimas y cada vez estaba más nerviosa. 

Leo la sujetó por los brazos. 

- María quiero que te calmes por favor 

- ¡joder! ¡qué me está pasando! - gritó desesperada y rompió a llorar. 

Leo rompió las cuerdas que la ataban a la cama y la abrazó fuertemente, consolándola mientras lloraba sin parar. 

- ya está... ya está.... 

- quiero volver a ser yo... - suplicaba entre lloros - quiero volver a ser yo... 

- lo sé... - la obligó a mirarle - María, vas a volver a ser tú, ya sabemos cómo hacerlo, iremos ahora mismo a que te quiten esta maldición. Tenemos que esperar a que César venga y nos iremos de inmediato ¿vale?, te lo prometo, volverás a ser tú

María siguió llorando. Leo la volvió a abrazar.

- lo siento... lo siento mucho.... - dijo ella con la voz rota. 

Leo la abrazó aún más fuerte conteniendo toda la rabia que sentía por lo culpable que se sentía de que ella estuviera así. 


César llegó deprisa con una gran furgoneta negra con los cristales tintados, aparcó dentro y seguidamente, corrió a ayudar a Leo a coger a María que seguía con las manos y los pies atados. 

La colocaron en la furgoneta y se fueron. 

La joven permanecía en silencio, sin ánimo alguno, en la parte de atrás de la furgoneta. 

César conducía y Leo estaba de copiloto con la mirada fría y seria. 

- ¿Franco y Nicolai? 

- Franco dijo que Nicolai había resultado herido y debía recuperarse 

- joder, ¿está bien? 

- no lo sé 

César calló. María apretó sus manos aún más triste después de escuchar lo que Leo había dicho. 

- vale, ya estamos en Villaverde 

- debemos ir al puente de los suicidas 

- joder y eso dónde está

Leo toqueteó la moderna pantalla del coche. 

- hay más de cuarenta puentes por esta zona - se quejó César al ver los resultados de puentes que buscó Leo. 

Seres caídos del cielo.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora