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Joon Fridman

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Joon Fridman

Lo he tenido todo desde pequeño. Buenas escuelas, excelente educación, buenos amigos y una millonaria vida bajo el brazo de mi abuelo Joon. Y ni que decir de una maravillosa madre. Carol, la mujer de mi vida. Ella lo es todo en mi mundo y su sonrisa es mi prioridad.

-Joon, ¿dónde estabas cariño?

Me pregunta sin levantar la vista de su computador. Reclinado en el marco de la puerta, llevo admirandole hace un momento. Sabe que soy yo, tiene un olfato muy bien desarrollado. Creo suponer eso es de casi todas las madres del mundo.

-Adivina.

Le digo mientras me adentro a la oficina. Ella lleva la contabilidad de la empresa del abuelo. Es una mujer maravillosa y jamás me atrevería a cuestinarle nada. Ya pasó por suficientes cosas en el pasado por culpa del hombre que me engendro, como para que yo le cause problemas.
Levanta la cabeza y me mira por sobre sus lentes que descansan en su tabique. Me analiza mientras entrecierra los ojos y aspira. Yo me dejo caer en el sillón frente al escritorio y me cruzo de brazos.

-No es el mismo de ayer-me dice tranquila.

-¿Eso es malo? -pregunto.

Rueda los ojos, se ríe y se saca los lentes para dejarlos en el escritorio. Se reclina en el sillón y aquí viene; un buen consejo de una madre enamorada de su hijo y que solo se preocupa por su bienestar. Le preocupa oler diferentes perfumes en mi. Yo creo que más bien es celosa.

-Te amo-inicia mientras me mira fijo-, eres mi mundo y lo sabes Joon. Solo quiero que hagas las cosas bien y no te metas en problemas. Sabes que aún no supero lo de...

-¿La orgía? -pregunto y se pone seria.

Si, ella sabe quien soy y como me encontró el otro día en mi habitación. Había salido de viaje y no pensé que volvería antes para darme la sorpresa. Error, la sorpresa se la llevo ella y el abuelo. Tuve que decirles que soy gay y que participo en ciertas cosas.

Suspira, cierra los ojos y supongo cuenta hasta diez.
No hemos hablado a detalle sobre lo que pasó, pero con la confianza que nos tenemos, se que debemos hacerlo. No le escondo nada ni ella a mi.

-¿Cuántos eran? -me pregunta.

Me encajo de hombros.

-Ocho o diez supongo.

Niega con la cabeza y termina riendo. Ella es así, me entiende y confiamos el uno en el otro.

𝓜𝓪𝓽𝓱 𝓕𝓻𝓲𝓭𝓶𝓪𝓷 Donde viven las historias. Descúbrelo ahora