(Trilogía de Math Fridman)
Novela LGBT Vol. 1
¡MUY PRONTO EN FÍSICO!
Un mafioso hijo de puta con gustos un poco perversos. Un jovencito de malos modos, repartidor de periódicos de día, y mesero de noche.
¿Qué tienen en común? Uno cumplir con su par...
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Después de que su padre se marchó, me lanzó la lámpara de la oficina. Suerte que la esquive. Se me echo encima a los golpes y Joon llego para salvarme de la fiera en la que se transformó apenas su padre cruzo la puerta.
Joder con el genio que se carga. Me ha gritado de cosas que jamás pensé me diría. Creí conocer todo su florido vocabulario pero por lo visto no. Se ha enojado porque lo obligue a dejar sus trabajos, le he reclamado también lo del Chalet y me dejo hablando solo para subir a su habitación después de dejarme una sarta de más insultos. He subido a golpearle la puerta pero no me abre.
— ¡Si no me abres la voy a tirar!—sigo golpeando pero por lo visto se hace el sordo. Bien, si quiere que tire la puerta la tiro. De una patada abro esta. Y ahí está, metido en la cama.
— ¡Maldito loco!—me lanza el control de la televisión y lo esquivo impactándose este en la pared. — ¡¿Qué putas cree que hace?!
—Te dije que si no abrías tiraba la puerta. Ahora vas a bajar, terminamos de desayunar y me acompañaras con Lidia a la joyería. Vas a trabajar ahí bajo supervisión.
—Jodase, yo no voy con usted a ningún puto lado. Píquese la cola—me ignora y sigue viendo la tele.
—Henry, apaga la televisión y baja a desayunar. Necesito que vengas conmigo a la maldita joyería.
—No se me da la gana ir—se cruza de brazos ahí recostado sobre las almohadas en la cama. Insisto y se niega. Lo amenazo y le vale. No, no pienso permitir que sobre pase mis limites este condenado chiquillo. Joon no quiere que lo toque con el pétalo de una rosa, pues bien. Lo jodere de otras maneras. Debe aprender a respetarme.
Me acerco a la cama y lo tomo de los tobillos para arrastrarlo en la cama y lo saco de está echándomelo encima como a un costal. Va a ir conmigo así lo tenga que cargar. Patalea, me golpea a puños en la espalda y maldice todo lo que su linda boquita le permite. Le asesto unas buenas nalgadas mientras bajo las escaleras con él al hombro.
Una vez lo pongo en el comedor se me lanza como serpiente con un sinfín de insultos.
— ¡Basta!—lo tomo de las muñecas pero me patea la espinilla el infeliz muchachito.
— ¡Hijo de puta!—y se regresa de nuevo buscando las escaleras. Miro a Joon pues él es culpable de que este condenado se me esté saliendo de control pues no me deja corregirlo.
Ante mi mirada entiende que debe intervenir y va por él.
Me siento mejor en mi lugar y respiro profundo mientras cuento hasta diez. Me duele el pecho y me brinca el ojo. La cabeza va a dolerme y necesito pensar como calmar a esta bestia de 22 años que cree que va a controlar mi vida.
Enseguida lo veo venir de regreso y se sienta en silencio a mi lado. No hace ni dice nada, solo desayuna en silencio. ¿Qué le habrá dicho Joon? Miro a este que también se sienta a terminar su café y se encoje de hombros. Miro a Henry y come como si nada.