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Me doy una última mirada en el espejo

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Me doy una última mirada en el espejo. Luzco radiante, increíble, todo un perfecto hijo de puta en un perfecto traje negro con corbata dorada. Mis mancuernillas de oro y mi piza corbatas del mismo fino material.

Debo lucir perfecto a los ojos de Henry.
Bueno, perfecto soy.

Me guiño un ojo en el espejo y veo la hora en mi costoso reloj de diamantes;

Son las 12:05 del medio día del domingo.

Hoy es el día y el no debe tardar en llegar.

Cuando bajo las escaleras veo a Joon hablando por teléfono. Apenas me ve cuelga su llamada.

-Diablos, te has gastado una fortuna en ese traje-comenta en una media risilla divertida viéndome de pies a cabeza.

El y yo no hablamos nunca después de una situación como la del otro día.

Suelo disculparme y luego al día siguiente es como si no hubiese pasado nada. Tan jefe como empleado y no pasa nada.

Nada.

Está acordado en nuestros subconscientes y esta bien para ambos.

Es un trato.

Una promesa aunque yo a veces pierda la cabeza.

- ¿Te gusta?-pregunto inflándome cual globo delante de él con manos en los bolsillos de mí pantalón.

Ríe y niega con la cabeza.

-Te ves bien Math. Suerte, yo tengo que irme-se gira en su eje y lo veo buscar la puerta.

- ¿A dónde vas?

-Tengo un compromiso con unos amigos. Domingo de bebidas por ahí y ya sabes-se encoge de hombros con manija de la puerta en mano. -Arrancones por la noche.

- ¿Sigues yendo a esos lugares de poca clase? No le veo el chiste arriesgar la vida en dos llantas. Mejor que se disparen en la puta cabeza.

-Me gusta.

-Dime que solo apuestas.

-Ya parece que me veo en una moto-rueda los ojos. -Te veo luego Math.

Y se retira cerrando la puerta.

Pocos son los domingos que Joon sale pues siempre está pegado a mi como una sombra. Sin embargo cuando sale, siempre va a ese lugar de mala muerte a las afueras de la ciudad donde organizan arrancones de motos.

No se cómo puede gustarle eso.

Menudo deporte ridículo.

Me despabilo de mis pensamientos vagos y voy a la mesa. Sebastián se ha lucido con todo. La mesa esta impecable con una digna comida para dos y flores en un pequeño jarrón de doce mil dólares.

Quedará encantado.

La mejor losa de Francia, mi mejor botella de vino, el mejor corte aguarda en el horno para ser servido en su plato. Un delicioso pastel de limón con menta y chocolate bañado en salsa de maracuyá. Sebastián es el puto amo de la cocina y se ha lucido.

𝓜𝓪𝓽𝓱 𝓕𝓻𝓲𝓭𝓶𝓪𝓷 Donde viven las historias. Descúbrelo ahora