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— ¿Quiénes son ustedes y que rayos hacen en mi casa?—su cara tiene sorpresa y molestia

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— ¿Quiénes son ustedes y que rayos hacen en mi casa?—su cara tiene sorpresa y molestia. — ¡¿Henry?! ¡Bebe!—corre a la cama y me levanto de inmediato para que él hombre tome mi lugar. —Mi vida, papa está aquí mi amor. Todo estará bien.

El hombre se desespera y no deja de brindarle caricias en el rostro. Besa su frente y lo veo sollozar.

Es su padre.

Un hombre mayor.

Debe tener al menos unos…sesenta años.

—Él…él se ha desmayado y tiene fiebre—comento después de carraspear buscando mi voz. —No podíamos entrar así que tuvimos que forzar la puerta un poco. Señor Miller.

Me mira con los ojos húmedos secándose estos con el dorso de la mano. Aclara supongo la vista y me mira de pies a cabeza.

— ¿Quiénes son ustedes?

—Soy Math Fridman señor Miller, y ellos son mis escoltas—me presento y dicho esto, él se levanta como un resorte de la cama.

—Señor Fridman, mi bebe me comento de usted. Mucho gusto señor—me extiende su mano y correspondo al saludo.

¿Lo llama bebé?

Vaya cosa.

—Mucho gusto señor Miller—corto el contacto y el asiente amable en una media reverencia. Es un hombre humilde. —Lamento que nos conozcamos en esa situación pero Henry no está bien.

—Yo…yo iré a ver a un médico a ver si quiere venir a verlo hoy en domingo. Dios, luego se ponen chocantes porque es fin de semana y te quieren cobrar una fortuna.

Lo veo sacar tembloroso su teléfono de su bolsillo.

—No se preocupe señor Miller. Un médico ya viene para acá y lo revisara. Le he llamado.

El hombre  me mira de pies a cabeza de nuevo y abre sus ojos como platos.

— ¿Un médico? Pero…pero eso costara una fortuna viniendo de usted. No se ofenda señor. Digo, son médicos muy careros y yo no puedo pagar eso.

—No se preocupe por ello. Es mi médico de cabecera y gustoso revisara a Henry. ¿Está bien señor Miller?

Duda.

Mira de nuevo a Henry inconsciente en la cama, apenas respirando y no está dispuesto como padre, a que le pase algo grave.

Acepta con la firme promesa de un día devolverme todo el dinero que el médico cobre.

Sinceramente me da igual si lo devuelve o no.

Me ofrece ponerme cómodo en un sillón junto a la ventana mientras el busca un paño y algo de agua en un recipiente para mojar su frente en lo que llega el médico.

𝓜𝓪𝓽𝓱 𝓕𝓻𝓲𝓭𝓶𝓪𝓷 Donde viven las historias. Descúbrelo ahora