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La suavidad de sus esponjosos labios, el dulce sabor de estos.

Seguro había probado el pastel. Niño tonto.

Me relamo los labios recordando ese maravilloso beso robado. Su frágil y delgado cuerpo temblando entre mis brazos. Gimiendo buscando aire porque le estaba metiendo literal mi alma por la boca.

Henry.

Será mío.

Le tatuare el cuerpo de besos, de mordiscos y uno que otro arañazo. Lo merece por lindo y enojón. Mi fusta espera para corregirle los modales.
No puedo evitar esbozar una sonrisa cuando lo recuerdo cantándome las mañanitas.

¿Quién le dijo que quería que me horneara un pastel? Luego…luego hacerme un regalo. Me miro la pulsera en la mano. No me la he quitado porque es como un trofeo. No lo hare hasta que sea mío. Luego…luego solo se la devolveré.

Idiota.

Tonto….escandaloso niño….niño estúpido.

Lindo.

“¿Soy tu amigo Henry?”

“Ah huevo"

Vuelvo a sonreír recordando su florido vocabulario. Mierda, su risa, su confianzuda forma de hablarme…sus…sus ojos anoche estaban…el estaba llorando.

Que fácil fue hacerle llorar. Con una mierda…solo fue un  beso, no era para tanto. No creí que lloraría por algo así.

¿Tanto asco le cause? ¿Repudio? ¿El…el estaba llorando por un jodido beso?

Ni que fuese para tanto.

Si un beso lo puso en ese estado, siendo sincero, muero por ver su reacción cuando lo toque.

—Señor—aparece Sebastián en la puerta abierta de mi oficina. —Disculpe que le moleste pero la dama de anoche le busca.

—No molestas Sebastián.  ¿Quién es?

—La señora….

—Buenos días señor Fridman—Fanny Sullivan en la puerta de mi oficina.

¿Ahora qué diablos…?

Por lo visto se le está volviendo costumbre aparecerse en mis oficinas. En mi casa, sin ser invitada.

—Retírate Sebastián, gracias—ordeno y este asiente para salir y cerrar la puerta.

—Buenos días señora Sullivan,  tomé asiento por favor. ¿A qué debo su visita tan temprano? ¿Se ha caído de la cama?

Sonríe mientras se cruza de piernas una vez toma lugar en la silla. No me molesto en saludarle, no quiero y no se me da la gana. Viste un traje marino con tacones negros y su cabello en una coleta.

—Algo así. Moría por verle, anoche no me dejó felicitarle por su cumpleaños.

Al diablo con esta tipa. No pienso tolerarle más.

—No espere que me disculpe por mi trato para con usted anoche, ¿Qué mierda quiere? Vaya directo al grano y déjese de estupideces.

—A usted. Ya se lo dije. Quiero pisarle la sombra. Quiero llevarle a Rusia y que pague por sus delitos.

Me causa risa su atrevimiento y los supuestos cojones que tiene para decírmelo en la cara.

—No tienen nada contra mí. No me han podido demostrar nada.

—Se equivoca. Usted se ha puesto la soga al cuello solo. Ya ha cometido un error señor Fridman. ¿Por qué cree que estoy rondándole? No sea estúpido, le creía más i inteligente.

¿Qué?

He dicho que yo no cometo errores.

Nunca.

Jamás.

— ¿De que mierda habla? Yo no cometo errores. No juegue conmigo señora Sullivan.

—La pregunta del millón. ¿Cómo se atrapa al pez más grande? Fácil, con la mejor carnada. Usted señor mío, ya ha picado.

Maldita infeliz. ¿A qué mierda está jugando esta hija de puta?

¿De qué está hablando?

—Tenga mucho cuidado donde pisa. Esta usted en terreno muy peligroso.

— ¿Me está amenazando?

—De ninguna manera. Yo solo digo que hay mucha gente mala por ahí. No se, solo tenga cuidado. New York no podría ser como Rusia. Hay mucha gente mala en las calles.

—Si algo me pasa seria una lástima.  ¿No cree? Digo, se perdería cierta información.

—No sé qué información tenga de mi hermana pero le juro que…

—Usted no hará nada. Si algo me pasa, mi contacto se encargara de desaparecer todo lo relacionado con su hermana. Jes.

— ¿Qué quiere? ¿No entiende que no podrá llevarme a Rusia con usted? No me gusta su país. Es feo.

Sonríe, niega con la cabeza y me mira fijo.

—No hare nada. Usted lo hará solo. Usted será quien se entregue solo. La carnada que ha picado, le traerá a mí.

— ¿Qué? ¿De qué diablos habla?

—De que me gusta la pesca y que tengo al pez correcto—se levanta de la silla y se acerca a mi escritorio. Apoya sus manos en este y clava sus ojos en los míos. —Usted no tiene idea de lo que soy capaz de hacer por ponerle tras las rejas.

— Qué yo recuerde, no le hecho nada—le sostengo la mirada.

—Se equivoca, usted me quito algo muy valioso. Ahora yo, me encargare de cobrármelas.

¿De qué mierda habla esta idiota?

—Váyase al diablo.

—Bonito día señor Fridman. Nos veremos luego—y se retira.

No.

No permito que nadie me lleve un paso adelante. ¿Quién es esta mujer? ¿Qué esconde? ¿Qué fue lo que le hice?

No, no es tanto entregarme a los Rusos, ella esconde algo.

¿Qué es?

— ¿Qué quería tu amiga?—Joon aparece por fin.

—Joderme las pelotas como siempre. ¿Qué…qué rayos te paso en la frente?—lo veo a ojos muy abiertos cuando se acerca a mi escritorio y me pone un estuche negro frente a mí.

—Una bomba de aire me ataco. Curioso ¿no?—busca la silla para sentarse frente a mí.

— ¿Que? ¿De qué diablos hablas?

—Tu chico me lanzo la bomba de aire de su bicicleta cuando fui a verlo a su trabajo. Creo que no le gustó mucho la idea de que le sigas enviando regalos.

No puedo evitar reír. Vaya genio el de Henry.

Es el quinto regalo que le envió desde la mañana.

Le envié primero un costoso teléfono, luego un cheque en blanco. No quiso ambos regalos. Opte por enviarle un equipo de sonido, en vista de que lo rechazo también, le envié ropa muy fina, también lo rechazo. Le he enviado un costoso reloj que por lo visto, tampoco quiere.

— ¿En serio te ha golpeado con una bomba de aire?

—No solo eso. Me ha insultado, me ha llamado de mil formas que no quiero repetir. Me duele la cabeza.

Ya lo dije antes, le domare el carácter.

Tomo el estuche y lo abro. Es un fino reloj con diamantes incrustados. No puedo creer que lo haya despreciado.

Niño tonto.

—No le queda mucho tiempo. Deberá decidir cuanto antes—guardo el reloj en mi cajón del escritorio. —Solo le quedan unas horas. ¿No quieres ir a beber algo al bar? Necesito festejar como debe ser que anoche cumplí años y que Henry pronto entrara por esa puerta diciéndome que acepta el trato.

—Claro que sí, festejemos.

—Llama a Fabricio y dile que tenga todo listo para la noche. Consigue dulces y relajémonos.




—Presly 💜

𝓜𝓪𝓽𝓱 𝓕𝓻𝓲𝓭𝓶𝓪𝓷 Donde viven las historias. Descúbrelo ahora