21

526 52 11
                                    

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.


— ¡Ah! ¡Duele!—se queja cuando le asesto el quinto golpe en su bonito y respingón trasero.

—Eso es por haberme hecho esperar mucho—y le asesto el sexto. Se queja de nuevo y suplica pare. Me paseo alrededor suyo recorriéndole con la punta de la fusta la espalda. Le he puesto de rodillas frente a la chimenea y el vibrador sigue ahí.

Le doy una par de azotes más por los muslos y luego me siento en el butacón para divertirme con el control del vibrador.

Pincho una…dos…tres…cuatro…ocho…diez…tantas muchas y otras más.

—Oh mierda—se dobla y cae en cuatro en la alfombra. —Pare…pare por favor—jadea en un temblor.

— ¿Porque habría de hacerlo? ¿Por qué habría de parar Henry? Esto es divertido. Ver cómo te has corrido en mi boca y ahora en mi alfombra me encanta. El vibrador es increíble, ¿no crees?

—Es…estoy cansado—responde con la cabeza baja regulando su respiración.

—Voy a parar hasta que supliques porque te folle. Solo entonces voy a…

—Hágalo. Entonces hágalo y termine de una vez con esta tortura—levanta la cabeza para verme. —Folleme. Hágalo señor Fridman.

Bingo.

Esa mirada con los ojos rojos, dilatados, llorosos, no es el. Está en su punto máximo de la pastilla.

—Suplícame.

—Por favor—gatea hasta mis pies. Se acomoda entre mis piernas y se arrodilla entre estas para verme arriba. Soy Math Fridman y nadie me dice que no. —Se lo suplico, termine con esto.

— ¿Qué quieres Henry?

—Folleme. Tómeme como le plazca.

Esto voy a recordarlo por el resto que me quede de vida.

Le ordeno que se levante y espaldas a mí cuando lo giro, le retiro con cuidado el vibrador y enseguida lo monto en mi regazo a piernas abiertas tomándolo de la cintura.

— ¿Condón?—pregunta con sus ojitos en los  míos.

—No lo necesito. Estoy limpio. Tú eres el primero que toco sin condón—me veo en sus ojos.

—Yo también estoy limpio y usted es mi primera vez por...por...ahi.

—Lo se niño tonto. Levántate un poco—obedece a mi orden y levanta las caderas. Tomo mi polla tan dura, caliente y necesitada en mi mano y la alineo para penetrarlo. —Abrázame Henry.

Se acomoda mejor, rodea mi cuello con sus brazos y se deja caer lento en mi duro pene mientras la mantengo alineado.

—Ah...duele—se queja con su cara escondida en mi cuello. La punta de mi polla se abre paso muy lento.

—Henry, estas muy apretado bebé—es una delicia y un cumulo de sensaciones placenteras que se disparan cuando mi polla lo va penetrando. Cuando sus paredes me reciben y me apresan con fuerza. Es virgen, soy el primero. Es mío.

Por fin es mío.

Contiene la respiración mientras mi polla termina de entrar. Se queja y me muerde el hombro cuando es claro que toco fondo pues golpeo su próstata. Lo sé.

— ¡Ah!—tiembla.

Lo abrazo rodeando todo su desnudo cuerpo y lo apego más a mí. Por fin he profanado su virginal cuerpo. Por fin es  mío.

—Henry—le llamo de nuevo y sale de su escondite y me mira. Está llorando. Llora de nuevo. Lagrimas corren por sus mejillas. ¿Por qué llora?

La luz del fuego de la chimenea se refleja en sus bonitos ojos, el crujir de la madera que se quema, el calor del fuego, de nuestros cuerpos juntos, desnudos, es lo mejor.

Le ordeno moverse y obediente lo hace de adelante hacia atrás. Lento, suave.

Lo beso, recorro la piel de su cuello, de sus hombros y lo muerdo. Mis manos apresan su espalda sudorosa.

—Oh Henry, estas muy apretado bebé.

—La cama. Quiero…quiero la cama—pide susurrante por mi oreja.

Accedo y me levanto con él. Para mí no pesa nada, soy más grande y corpulento. En mis brazos es un frágil muñeco. Automático engancha sus piernas en mi cintura y lo sostengo yo de su trasero para llegar a la cama.
Lo recuesto con mucho cuidado en las sabanas para no sacar mi polla y me acomodo mejor sobre su cuerpo.

—Eres mío—susurro en su oreja y enseguida comienzo a embestirlo con necesidad. Con tal fuerza que se aferra a las sabanas en puño. Mi pene se amolda perfecto a sus paredes. Sus piernas apresan mi cintura con fuerza.

—Ah…despacio joder.

Hago caso omiso a su pedido pues lo necesito. No quiero ser gentil ahora. Quiero sentirlo. Empujo mis caderas con más empeño y se vuelve a quejar hecho un temblor, jadeante, perdido de placer y maldice un sinfín de veces por lo bajo.

No es el, no mi Henry.

Embisto una…dos…cinco…ocho…pierdo la cuenta de las veces que me hundo más y más en su ya no virginal cuerpo.

Mío, por fin es mío.

—Se…señor Fridman—jadea bajito mi nombre y lleva sus palmas a mi espalda. Me toca, me abraza, me clava las uñas y me rasguña con fuerza. —Oh mierda.

—Dime papi…hazlo bebé. Quiero oírlo—apenas respiro y muerdo su mejilla. —Vamos pequeño. Dilo.

—Pa…Papi. Más…más duro—mierda, que bien se escucha en su boca eso. Se me nubla el juicio y todo desaparece. Solo es el gimiendo alto debajo de mí. Llenando la habitación de sus gemidos. Nuestros cuerpos sudorosos se acoplan muy bien, el me sigue apresando con sus piernas y yo sigo embistiendo con un incontrolable salvajismo, no puedo detenerme. Quiero hundirme todo en él.

Decido que quiero verlo mejor mientras lo embisto y me levanto de su cuerpo. Arrodillado entre sus piernas, lo tomo de la cintura clavando mis dedos en su bonita piel y embisto tan duro como las fuerzas me dan. Ver su cuerpo subir y bajar en la cama entre las sabanas, es lo máximo.

Se aferra a las sabanas de nuevo con una mano y con la otra se toca, se masturba, se contorsiona, gime alto, grita, arquea su espalda y debo sostenerlo con todas mis fuerzas para hundirme con todo. Para no perder el ritmo.

— ¡OH! ¡SI! ¡SI! ¡MAS!—pide mi pobre chico hecho un desastre ahí abajo.

Levanta la cabeza y me mira, se relame los labios con la mirada lujuriosa mientras no deja de darle cariño a su polla, prendido, caliente y necesitado de mí. —Rómpame, hágalo si tiene valor.

¿Dónde está Henry? ¿A dónde fue?

Saco mi polla, me bajo de la cama y lo tironeo de los tobillos para girarlo. Le ordeno en cuatro y obedece. A orillas de la cama lo vuelvo a penetrar con fuerza violenta sujetando sus caderas con ganas. Me hundo de una sola estocada sin miramientos.

— ¡AH!

— ¿Te gusta bebe así?

—Des…despacio…

—Jodete, ¿eres mi putita pasiva? Vamos nene, ¿Qué eres de papi?—lo sostengo duro.

—Soy…soy tu putita pasiva. Más, más duro papi—se sostiene en una mano y lleva la otra a su entrepierna y se masturba de nuevo.

Y no sé cuántas veces lo nalgueo, no sé cuántas veces lo embisto con violencia que parece desarmarse en mis manos. Apenas respira porque le saco el aire en cada estocada impulsándome con fuerza. Gimotea y tiembla.
Palmeo con fuerza sus caderas, su bonito y bien redondo trasero, sus muslos. Mío, por fin ha sido mío.

Estoy sudando como un desgraciado al igual que él, estoy a punto de reventar, el ruido de mis embestidas, nuestros gemidos altos, el pide más y solo lo sigo empotrando duro y profundo.

Voy a correrme con un carajo, voy a terminar.

—Henry, córrete bebe. Vamos, hazlo—pido apenas respirando con las piernas a punto de fallarme.

—Ya…ya casi papi…un  poco más. Solo un poco...un poco… ¡OH DIOS!

Y tiembla de la cabeza a los pies.

— ¡OH JODER!—y lo acompaño al clímax con un escalofrió recorriéndome el cuerpo. Con el corazón a punto de saltar mí pecho. Apenas respirando.

Mío.

Henry Miller por fin ha sido mío.

Abandono su precioso trasero y se queja cuando saco mi polla, cae boca abajo en el colchón sin fuerzas. Me recuesto mirando el espejo en el techo y mi respiración se va regulando. Sonrió orgulloso cuando lo veo en el espejo a mi lado. Giro para verlo y está a ojos cerrados respirando apenas.

Levanto mi brazo para acariciar su mejilla con mis nudillos. Es tan lindo, su pelo revuelto pegado a su frente por el sudor. Su boquita roja como sus mejillas.

—Henry—le llamo y abre los ojos. Me ve con la mirada algo perdida.

—Creo que…que...no me siento bien. Mi…mi pecho duele. No puedo…no puedo respi…

Y lo veo dar una arcada y se va del otro lado de la cama. Vomita y cae al suelo.

— ¡Henry!—salgo de la cama de un salto y corro para levantarlo. — ¡Henry!—lo sacudo en mis brazos pero no despierta. — ¡Henry!




—Presly 💜

𝓜𝓪𝓽𝓱 𝓕𝓻𝓲𝓭𝓶𝓪𝓷 Donde viven las historias. Descúbrelo ahora