•[Falso-Alfa]•
Las cosas hubieran sido más sencillas para Taehyung sí su pareja destinada fuera una Omega, pero lastimosamente las cosas no fueron así.
Al igual que para Moon todo hubiera sido más fácil sí tan solo su pareja destinada la amara y ace...
Más allá del Bosque Prohibido, subiendo la cordillera de la montaña nevada hasta llegar a la cima. Se hallaba escondida una aldea, una pequeña donde todos los lobos blancos vivían en paz y calma.
Los acompañaban también las jerarquías rechazadas, aquellas que eran consideradas una falla genética o una aberración de la naturaleza. Allí nadie era juzgado, ni tampoco eran cazados. Era un santuario para todos aquellos no tenían un hogar a donde ir, para aquellos que perdieron su familia o que fueron echados de sus manadas solo por ser diferentes.
El hombre que había fundado aquel lugar en las remotas montañas, era aquel a quién llamaban El Señor de los Lobos. Un ser despiadado, un Cambiaformas como la mayoría de su gente y que comandaba bestias salvajes que custodiaban los límites de sus terrenos. Nadie podía cruzar a menos que quisiera morir en el intento.
En ese lugar, Jeon Moon había hecho su vida.
Ella creció y se adaptó a la vida de las montañas con demasiada facilidad. Como una vez prometió, Kim Seokjin la protegió, cuidó y llenó de amor cómo sí se tratara de su propia hija, y Moon veía en el señor Kim al padre que ella hubiera deseado tener. Ahora él era su familia, al igual que Jimin. Aquel pequeño cachorro que era igual que ella y que también se fue a vivir con ellos a la casa del mayor.
Desde que Moon y Jimin se conocieron habían sido prácticamente inseparables, su amistad había nacido de forma natural y eso alegró profundamente al Alfa porque significaba que la pequeña no estaría sola ni decaída por haber tenido que abandonar a su familia, de igual forma, Jimin tampoco se quedaría solo y volvería a estar dentro de un ambiente familiar y saludable luego de la terrible tragedia que había sufrido al perder a su familia.
Seokjin estaba consciente de que un trauma así no se superaba tan fácil, a veces ni siquiera se podía superar, pero esperaba que al mantener cerca a Jimin pudiera ayudarlo a sanar, y con la compañía de la pequeña Moon, rogaba que ese proceso fuera más llevadero.
Jimin y Moon se la pasaban jugando todo el tiempo, a pesar de la diferencia de edad, la niña era muy madura y se adaptaba a la forma de pensar de Jimin. De cierta forma, el niño le recordaba a su hermano mayor. A veces, Moon se deprimía al recordar a su hermano mayor, pero siempre se decía a sí misma que esto era por su bien. Sí quería volver a jugar con Jungkook, abrazarlo, pasar cumpleaños juntos y simplemente volver a ser lo que eran, ella debía permanecer viva primero.
Con ese ideal en mente, y dejando de lado todo lo malo. Moon realmente se sentía muy bien estando allí, llena de energía y con un sentimiento de familiaridad que solo había sentido cuando estaba en su casa, viviendo con su familia.
Luego descubrió que esa familiaridad se debía a propia montaña. Según le había contado el señor Kim, hace mucho tiempo atrás un pequeño grupo de Lobos Blancos se había instalado en aquella montaña, convirtiéndola en un lugar sagrado. Habían ligado sus espíritus a aquel lugar, y por eso existía la penumbra del Bosque Prohibido, la capa de neblina se había formado en los alrededores de la montaña, cómo una barrera de protección contra todos los peligros que los amenazaban. Y los lobos gigantes que vivían dentro del bosque eran descendientes directos en forma animal de esos mismos lobos que entregaron su espíritu.
Por esa razón, cualquier lobo blanco que pisará los terrenos de la montaña se sentía conectado con aquél lugar. De cierta forma, era el hogar de los primeros lobos blancos, pero nadie había comprendido el verdadero significado de la montaña hasta que Seokjin llegó a ella y se comunicó con los antiguos lobos que la custodiaban. Ellos fueron los que le contaron aquella historia cuando apenas era un joven Alfa, y él se encargó de transmitírsela a todas las personas que fueron llegando e integrándose a su manada.
Ahora con veintiún años, Moon todavía se sentía maravillada cada vez que escuchaba la historia.
Y esperaba nunca irse de aquel lugar tan mágico que se había vuelto su hogar.
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