🌑 | 58 | El Lobo Equivocado

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Capítulo LVIII
El Lobo Equivocado

   

Jimin corría tan rápido como sus cansados pulmones le permitía. Estaba sin aliento, pero eso no evitaría que siguiera el rastro de su amiga. La loba de Moon era sumamente rápida y ágil a la hora de esquivar árboles y saltar ramas caídas.  

El Pseudo-Omega la había perdido de vista justo cuando entraron a una parte densa del bosque, pero su aroma lo tenía bien marcado en su nariz. Podría encontrarla incluso si se encontrara a kilómetros lejos de él. No por nada, Jimin era el mejor rastreador de la aldea. Incluso era miembro del escuadrón de rescate de las montañas. Si alguien se perdía entre la nieve, él y su equipo salían al rescate.

—Pero aquí soy solo yo y el Señor Kim no está para ayudarme... —Se quejó sin parar de correr.

Ya se imaginaba la regañina que le gritaría el Alfa cuando se enterara de que Moon se transformó en lobo y él no pudo hacer nada para contenerla. ¡Pero no había sido su culpa! Fue el ruido fastidioso ese el que hizo que su amiga perdiera el control.

Y le preocupaba.

Jimin sentía que a cada paso se acercaban más al centro de la manada, podía sentir por el olfato la presencia de muchos en un punto específico, y solo rogaba por encontrar a Moon antes de llegar allí. No quería ni imaginarse el alboroto que causaría su amiga si se aparecía en su forma lobuna.

A demás, Jimin no quería acercarse a esa manada. Desde que había llegado se sentía extraño. Con una intranquilidad que le recorría las venas y le causaba escalofríos en la piel. Era inusual porque nunca se había sentido de esa manera, y podía sentir a Armin gruñendo en su interior, como si le pidiera recorrer la zona para encontrar algo.

Pero eso era algo que nunca haría, lo que menos quería Jimin era explorar la manada en donde había vivido los primeros años de su vida y que luego se volvió un lugar prohibido para él.

Algo aquí nos pertenece...

—¿Hablas en serio? —Jimin no pudo evitar responderle sarcástico— ¿Qué nos puede pertenecer en este lugar? Te recuerdo que ya no somos parte de esta manada, hace años mi madre nos sacó de estas tierras. ¿Recuerdas?

Pero algo aquí es nuestro. Es lo que he estado buscando por tanto tiempo, debemos encontrarlo...

—¿Quieres decir que me haces perder el control solo para encontrar una cosa, que ahora sabes que está en esta manada? —Jimin se sentía muy enfadado—. ¿¡Me estás jodiendo, Armin!?

Armin llevaba años abusando del cuerpo de Jimin. Antes solo tomaba el control de este cuando estaba en celo, pero ahora, prácticamente todas las noches cuando se iba a dormir, su lobo poseía su cuerpo y lo hacía hacer  cosas de las que Jimin no se enteraba hasta el día siguiente.

Se escapaba varias veces de la casa del Señor Kim, recorría la aldea y a veces hasta la destrozaba en arranques de furia incontrolada. De no ser porque ahora había optado por encadenarse a su cama en las noches, seguramente hubiera pasado a atacar a los habitantes de la montaña. Afortunadamente, eso nunca había pasado y esperaba jamás llegar a ese extremo.

Nunca se perdonaría si llegara a lastimar a alguien.

Ahora que Armin le estaba diciendo que hacia todo esto solo porque buscaba algo, lo llenaba de furia.

—¿Sabes qué? No me interesa lo que sea que estés buscando. Olvídalo.

No puedo olvidarlo...

—Entonces, ¿Qué es lo que buscas? —preguntó ya cansado de esa conversación. Ahora no era el momento para hablar sobre los problemas que tenía con su lobo—. Dímelo de una vez para que así terminemos con todo esto.

𝑷𝒔𝒆𝒖𝒅𝒐-𝑨𝒍𝒑𝒉𝒂 | ᴷᵀᴴHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora