🌙 | 70 | Bombas de Colores

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Capítulo LXX
Bombas de Colores

 

Kim Namjoon subió las escaleras hasta lo más alto de la torre de madera y se deleitó con la hermosa vista que se extendía frente a él. La gran planicie llena de pinos y cedros desprendía un relajante aroma a naturaleza que ahora mismo era opacado por el olor a sangre y putrefacción.

El Beta se aseguró de no respirar profundamente como solía hacerlo cuando estaba allí y en cambio, colocó el estuche negro sobre la mesa y sacó el pesado instrumento.

—Cuanto te extrañé bebé... —Sopló un poco sobre la superficie y el polvo sobre las teclas de levantó.

Aquel era el piano más raro que alguna vez Namjoon había creado. No solo porque no tenía la forma usual del instrumento, este más bien era un rollo de tela que fue desplegando hasta tenerlo extendido en un círculo a su alrededor; sino que tampoco producía el típico sonido que se esperaría de un pino.

Este inusual aparato, a pesar de su forma, tenía el sonido de un órgano.

Namjoon sonrió y tronó sus dedos antes de mirar una última vez al bosque. Las nuevas trampas habían sido montadas hace muchos meses, ocultas entre los árboles, sin embargo, el científico nunca había tenido la oportunidad de probarlas. Ahora, con la situación actual, estaba ansioso por ver lo que eran capaz.

—¡Será mejor que busques donde esconderte! —Le advirtió el Beta al Pseudo-Omega que cuidaba desde abajo.

—¿Qué mierda? —murmuró Jimin sin entender, pero enseguida se espantó cuando una marcha fúnebre comenzó a sonar desde la torre y una gran explosión se escuchó dentro del Bosque.

Una bocanada de humo se elevó por encima de las copas de los árboles, pero lo que llamó la atención de Jimin fue que el color del humo era... ¿Morado?

Luego, otra hubo otra explosión y el humo está vez fue amarillo. El Pseudo-Omega no entendía nada, pero corrió a esconderse detrás de unas rocas cuando la siguiente explosión ocurrió muy cerca de donde estaban.

—¡Profesor Kim! ¡Casi me mata! —gritó el menor para hacerse oír.

Los escombros seguían cayendo sobre él, pero Namjoon no escuchaba. Él estaba arriba, disfrutando al ejecutar cada nota para crear la melodía del requiem. Cada tecla presionada era un interruptor que desencadenaba una bomba, una gran explosión colorida como un fuego artificial brillante y escarchado.

Pronto, escuchó varios gritos de los invasores. Gritos que venían desde el oeste y que significaba que se acercaban desde ese lado. Namjoon ladeó su sonrisa y tocó las teclas en esa dirección.

Más explosiones se elevaron por aquel lado y los gritos iban en aumento.

Jimin salió con cuidado de su escondite para ver como corrían varios Alfas escapando de las explotaciones.

—Bien, es mi momento...

El Pseudo-Omega sonrió estirándose y saltó para comenzar a atacar a los invasores. Procuraba ser certero con sus golpes y acabarlos solo con uno o dos. Atacaba directamente a la garganta, un punto doloroso que hacía perder el balance y cuando se doblaban agarrándose la extremidad, los terminaba con un golpe en la nuca.

Los Alfas caían desmayados en el suelo y Jimin corría detrás de los que intentaban escapar.

Uno de detuvo y frunció el ceño al olfatear el aroma dulce de Jimin y se giró confundido.

—¿¡Eres un Omega!?

—Error, soy un Pseudo-Omega. —Y lo desmayó con una parada voladora.

Ese era el último, o por lo menos, el último que había en los alrededores. Jimin miró hacia la cima de la torre y vió que Namjoon seguía inspirado, tocando su extraño piano. Negó y se inclinó sobre el Alfa para ver qué tenía en la chaqueta que olía tan mal.

𝑷𝒔𝒆𝒖𝒅𝒐-𝑨𝒍𝒑𝒉𝒂 | ᴷᵀᴴHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora