Capítulo XXII
Hilos Rojos Dolorosos
Moon y Jimin se asustaron cuando vieron una gran bocanada de humo salir de la chimenea del Profesor Kim. Ambos se miraron para luego asentir y correr los pocos metros que faltaban.
Abrieron la puerta y enseguida el humo los ahogó.
—Pero ¿¡Qué pasó!? —preguntó Jimin abanicando el aire para sacar la gran humarada que llenaba el lugar.
Se podía oír unas cuantas voces discutiendo al fondo, pero el humo de color morado era tan denso que era casi imposible ver algo adentro del pequeño escondite del científico. Moon empezó a toser mientras que con la manta ayudaba a que el hubo saliera por la puerta.
—¿Qué más pudo haber pasado? —exclamó con sarcasmo desde alguna parte la voz del señor Kim— ¡Solo Namjoon queriendo matar a todos en la montaña!
—¡No quería matar a nadie! Solo que el experimento no salió como creía...
—¡Nada sale cómo crees últimamente! —Seokjin logró llegar entre tropezones a las ventanas y las abrió justo cuando ya no podía respirar de tanto toser.
El humo comenzó a disiparse y Jimin pudo visualizar al Beta cerca de una mesa experimental con múltiples vasos de matraz llenos de líquidos dudosos y placas de Petri humeantes. Namjoon usaba unas hojas de cálculo para aplacar lo que quedaba del humo, y suspiró aliviado cuando ya todo estuvo bajo control.
Jimin se preguntaba qué nuevo experimento estaría realizando, siempre que iban a su laboratorio lo encontraban haciendo algo nuevo, y al señor Kim a su lado quejándose porque el ruido no lo dejaba trabajar.
También se preguntaba cómo podían ser mejores amigos si a cada momento se la pasaban peleando.
Kim Namjoon era, por decirlo de alguna manera, el científico loco de la aldea. Un Beta con una inteligencia inigualable, desterrado de su antigua manada como la mayoría, y que ahora era la Mano derecha del Señor de los Lobos. Contaba una apariencia totalmente inusual para alguien de su jerarquía. Los Betas no se suponía que fueran tan altos y que tampoco tuvieran caninos como un Alfa, pero él sí que los tenía, era lo que más resaltaba de su físico. Los afilados colmillos se asomaban entre sus labios, al igual que a esas criaturas vampíricas que solo existían en los cuentos.
A Jimin le gustaban sus colmillos, y pensaba que eran un gran toque a su excéntrica personalidad.
—Bueno, el suero número doce fue un completo fracaso, muy volátil. —dijo para sí mismo el científico colocando sus manos en la cintura.
—¡No me digas! —El señor Kim se irguió luego de que su crisis de tos cesó—. Y yo que creía que el diez había sido el peor.
—El diez solo olía mal, era formaldehído concentrado y...-
—¡La aldea entera terminó oliendo a cadáver, Namjoon! ¡Obviamente ese fue el peor! —replicó Seokjin, y a su espalda los dos Pseudos asintieron con pesar recordando ese día—. Paso una semana entera antes de que el putrefacto olor desapareciera. ¿Y que lograste? ¡Nada! ¡Solo que la ropa termina impregnada con el olor y para librarnos de el tuvimos que reunir toda la ropa de la manada y quemarla en una hoguera!
—Cuando lo expones así sí que suena mal... —murmuró por lo bajo el Beta, haciendo que el Alfa negara y siguiera ayudando al humo a salir.
—¿Volvemos más tarde? —interrumpió Moon su pequeña discusión y señaló hacia la puerta.
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𝑷𝒔𝒆𝒖𝒅𝒐-𝑨𝒍𝒑𝒉𝒂 | ᴷᵀᴴ
Fan-Fiction•[Falso-Alfa]• Las cosas hubieran sido más sencillas para Taehyung sí su pareja destinada fuera una Omega, pero lastimosamente las cosas no fueron así. Al igual que para Moon todo hubiera sido más fácil sí tan solo su pareja destinada la amara y ace...
