Había planeado una cita que encantaría a Joy. No era nada del otro mundo y sabía que ella no era de las que exigían una cena rimbombante. Le había costado mucho trabajo elegir un destino que fuera especial. Había poco misterio entre ellos, más allá de lo sexual. La castaña lo había visto en sus mejores y peores humores y momentos del día. Hasta había organizado su ropa y conocía su camisa predilecta para salir con mujeres.
Tomó su mejor perfume, el mismo que usaba su padre, y lo aplicó sobre la clavícula, a ambos lados, y en las muñecas. Nunca le había gustado bañarse en perfume. Le parecía más interesante que la fragancia se sintiera sólo a escasa distancia.
Pese a la ansiedad que tenía encima, tenía la mente en otro lado. Lidia le había enviado un mensaje por la mañana y él le había contestado de inmediato. Eran ya las cuatro de la tarde y aún no tenía respuesta. Se sentía culpable, tanto por la suerte que había tenido al crecer con su padre, como por haberse ido y no haberlas llevado con él.
Se calzó un saco de hilo y, sobre éste, su siempre fiel campera de cuero. Observó que necesitaba un corte de cabello y que su barba —que siempre había crecido dispareja— no estaba como a él le gustaba. Tenía algunos lugares más claros que otros.
No había nada que pudiera hacer en ese momento, se dijo.
Joy no estaba en casa, se había ido a ver a su tía. Sabía que la extrañaba y que le debía una visita, pero Sebastian intuía que se había ido para que él la pasara a buscar con el auto. Algo le decía que Joy nunca había tenido una cita.
Salió de su habitación, bajó las escaleras y chequeó su celular. Aún no había noticias. El mensaje de Lidia no decía demasiado.
"¿Cómo estás, hermanito?"
Sin embargo, cada vez que lo contactaba, él sentía que lo necesitaban allí y que las había abandonado.
No quería tener todo aquello en la mente, quería tener sólo a Joy, aunque fuera por una noche.
Se preguntó cómo concluiría la cita. Ella se había reído de lo ridículo de la situación, pero a él lo preocupaba —y un poco lo divertía—. Tenía que robarle tantos besos como pudiera, porque no sabía qué sentiría Joy, al día siguiente. Era impredecible.
Se fregó los ojos y se puso en la mente que era hora de concentrarse. Una vez en el auto, disfrutó de la radio hasta arribar en la casa de la tía de Joy. Se haberse tratado de cualquier otra, Sebastian habría tocado la bocina para avisar de su llegada, pero no era cualquier chica. Sabía que, si no la cortejaba cual caballero de antaño, aquello acabaría en un santiamén y de mala forma. Además, le gustaba atender aquellas necesidades que tenía sólo por ser inocente.
Las muchachas viciadas con las cuales él solía salir ya habían perdido las esperanzas, cuando se trataba de un hombre caballeroso; cosa que Bastian siempre había aprovechado. Joy, en cambio, era muy segura de sí misma y terriblemente vulnerable a la vez.
Estacionó el auto, bajó y se acercó a la puerta de cuentos de hadas. Buscó un timbre, pero sólo halló una campana. Tiró de la cuerda y sonó estrepitosamente. Joy se tomó unos minutos para salir, tiempo que Bastian utilizó para, apoyado contra el coche, revisar sus mensajes y su inicio de Facebook. Lidia había aceptado su solicitud de amistad y él esperaba ver actividad allí, para quedarse tranquilo.
Estaba sonriendo como tonto, al ver una foto de Tita embadurnada de crema de afeitar y Lidia, detrás de ella, con una barba blanca de papá Noel, también de espuma.
—Bastian... —de inmediato, Sebastian bloqueó el celular y lo guardó en el bolsillo delantero del pantalón.
Le sonrió a Joy, quién se veía preciosa con un enterito de Jean. Era muy distinto al que le había visto puesto alguna vez. Éste era ajustado y marcaba las curvas pecaminosas de su cuerpo. Tenía el cabello suelto y Sebastian, quien tenía ojo para los cambios, notó que lo llevaba más corto.
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Pariente Legal
Novela JuvenilNecesitaba besarla de nuevo y lo haría, porque no había nada que pudiera impedírselo. Ni la sangre, ni un papel. ____________ Tiene errores miles, mil cosas que cambiar, pero amo esta novela, amo a mis personajes. Los quise y quiero, sufrí, reí y me...
