Joy no estaba en la casa y ya era tarde. La fiesta había empezado hacía rato ya, pero lo ponía nervioso no saben en dónde estaba ella. Se convenció de que se encontraba en el sillón de Juls, comiendo y viendo películas de época y encontró la fuerza de voluntad para ponerse de pie y cambiarse. No se esforzó de más, jean, remera, camisa, su siempre confiable campera de cuero, bufanda y zapatillas. Se perfumó velozmente como ritual de partida hacia un evento social y se guardo las llaves, el teléfono y la billetera en el pantalón. Luego se calzaría el abrigo pesado, que descansaba en el piso inferior.
Mientras bajaba las escaleras a paso ligero, escuchaba la risa de Mel y suspiró aliviado. Si Mel estaba tan tranquila, Joy debía estar con ella y con su padre, asumió. Pero al entrar en la cocina, sólo vio a la pareja que comía un desayuno a las doce de la noche entre carcajadas. Los saludó de a uno y les dijo en dónde estaría.
Si bien lo relajaba que su nueva madre riera a carcajadas, aún quería saber en dónde estaba Joy, esta vez por pura vocación de acosador.
Durante el viaje a la casa de Ger, se propuso desconectarse y tararear la música de la radio, y se contentó al saber que podía conseguirlo. Vaciaría tanques de tanto manejar, porque hacía un tiempo que tenía un nivel de estrés que no condecía con su edad. El sonido de una fiesta ruidosa y las luces encendidas en cada ventana de la casa de Gerard lo hicieron sonreír. Al fin un terreno que conocía, podría ser él mismo… O el que pretendía ser desde hacía años, al menos. Se sentía cómodo con su alter ego, que con el tiempo se había impuesto sobre el idiota manipulable que había sido alguna vez.
Se olvidaría de Joy, de Mel, de su padre, de esas malditas cartas. Se olvidaría de todo esa noche, tomaría más de la cuenta, diría cosas que luego no recordaría, reiría de la textura de las paredes y se acostaría con más de una chica. Llevaba demasiado tiempo de celibato.
Mientras caminaba hacia la entrada, le sonreía a cada muchacha por demás desabrigada para el clima, pero si bien le sonreían de vuelta, no se le acercaban a hablar sobre cosas que no le importaban, pero que se obligaba a escuchar. Y debían de estar bastante ebrias a juzgar por la hora. Podía sentir a su otro yo perdiendo fuerzas. Tenía una fuerte sensación de que aquella no sería su noche, lo sentía en cada hueso, en cada nervio. Aunque se propusiera hacer lo mismo que siempre hacía en aquellas fiestas, sabía que no la pasaría igual de bien. Ni la mitad tampoco.
La puerta estaba abierta y la gente entraba y salía, se empujaba, la música no permitía que se oyera algo más que un murmullo alto y el retumbar de los parlantes. Giró la cabeza a un lado y al otro, pero los rostros eran desconocidos y se preguntó de dónde conocía su mejor amigo a todas aquellas personas; y por qué no las conocía él, si pasaba todo el día con Ger.
Pasó a la cocina y se sirvió lo primero que encontró. En el patio no había nada especial que ver, además de más gente. Suspiró pesadamente y volvió a la sala medio arrastrando los pies, medio arrastrando la mirada. Notó que nadie bailaba aunque la música estuviera tan alta como podía estar. En general todos se movían un poco, pero —a excepción de un par de parejas— todos tomaban, reían y se seducían con miradas duras y fijas.
Se sentó en una esquina vacía del sillón y se dedicó a mirar a la gente. Al cabo de diez minutos, se sintió fuera de lugar y tenía ganas de salir de ahí. Terminó por escabullirse entre la gente cuando alcanzó a ver el perfil sinuoso de Ann, quien apoyada contra el marco de una puerta, coqueteaba sin asco con un tipo grande de cabello rubio y corto.
Agradeció al cielo cuando, al entrar a la antesala de la cocina, vio la espalda de Ger. Necesitaba charlar y distraerse, y buscar cómo evitar a Ann. No quería pensar en Joy y en todas las cosas que estaba haciendo mal. Lo único que estaba logrando era alejarla y no era lo que quería. En parte la necesitaba y no quería admitirlo.
ESTÁS LEYENDO
Pariente Legal
Fiksi RemajaNecesitaba besarla de nuevo y lo haría, porque no había nada que pudiera impedírselo. Ni la sangre, ni un papel. ____________ Tiene errores miles, mil cosas que cambiar, pero amo esta novela, amo a mis personajes. Los quise y quiero, sufrí, reí y me...
