Como había esperado, se levantó tarde, desayunó solo —su padre estaba trabajando, aún sábado— y se pegó una ducha que lo despabiló. Se secó y ató la toalla a su cadera, antes de abrir el placar de una punta a la otra. Necesitaba un uniforme de niño bueno, se dijo mientras repasaba sus prendas colgadas y dobladas. El día estaba cálido, así que optó por un vaquero y una camiseta negra. No usaría lentes de sol, lo hacían ver demasiado seguro de sí mismo. Se peinó sin gel, se calzó las zapatillas y ajustó el cinturón en las presillas del pantalón. Se perfumó con su fragancia más inocente y se admiró al espejo, antes de sonreírle a su reflejo. Se veía completamente inofensivo.
Salió de casa y se subió en su auto. No quedaba lejos, pero no quedaba lo suficientemente cerca para caminar. Él había ido ya una vez, a llevar un vino que su padre había olvidado en casa. Bufó, mientras tarareaba una canción. No tenía ni un poco de ganas de ir y que lo invitaran a pasar, tener que fingir interés. Compuso una expresión de felicidad y bajó del coche. De día la casa era aún más pequeña, pero era cálida. Tocó la puerta blanca y esperó, hasta que quien supuso Mel se abrió.
—¿Sí? —preguntó con una sonrisa, quedando medio asomada.
—¿Mel? Soy Sebastian, el hijo de David —se presentó.
De inmediato, Melanie abrió la puerta de par en par y le sonrió con calidez. Él sonrió a su vez, viendo por qué su padre había caído presa de aquella mujer con tanta rapidez. Era todo lo que una madre tenía que ser, o al menos así se veía.
—¡Hola! Es un placer conocerte —lo abrazó con fuerza—. Dave me ha hablado mucho de ti. ¿Quieres pasar? —Sebastian quiso carcajear, puesto que sabía que iba a tener que aceptar.
Asintió y Mel se hizo a un lado para darle paso. La casa olía a hogar y a limpio. Pasaron a la cocina, en donde la mujer se apresuró a preparar una taza de chocolate y, aunque no condecía con el clima, él agradeció con sinceridad. Hacía años que nadie le preparaba una taza de chocolate caliente y dulce. Su padre había intentado hacerlo, pero las artes culinarias no eran lo suyo, y siempre salía la bebida un poco quemada o demasiado fría. La que tenía entre las manos tenía un aroma increíble y un sabor aún mejor.
—Vine a disculparme… por no haber venido ayer. Quería hacerlo también con su hija —se giró hacia los costados, esperando verla por ahí, pero sólo halló más cocina.
—Ella ha salido, probablemente esté en la biblioteca, estudiando —sonrió—. Pero le diré que viniste.
Conversaron un rato más y Sebastian se dijo que tenía sentido que su padre fuera tan feliz con ella, que era todo lo que su madre no había sido. Cuando se percató de que eran las seis y media, se levantó, volvió a pedir disculpas y salió de la casa para ir a su noche de bolos.
.
La biblioteca estaba más atestada de lo normal para ser un sábado, pero no quería volver a casa hasta haber resumido la mitad de lo que tenía que estudiar para su examen más próximo. Era una excelente alumna, en parte porque era estudiosa, en parte porque amaba su carrera. Sin embargo, estaba completamente incómoda. Solía resumir recostada en el sillón de la sala de lectura, como si se hubiera tratado de su casa; pero con tanta gente era imposible. Con suerte cabía su pila de libros en la mesa. Se levantó, exhausta después de escribir y leer durante toda la tarde, y se dijo que necesitaba un café. Luego iría a casa. La biblioteca a la que Joy asistía era barrial y la adoraba. No era muy grande, pero tenía ese algo familiar que la hacía sentir en casa, sin contar que tenía todos los clásicos y ese aroma a libro viejo imposible de no adorar. Caminó un par de calles hacia el lugar en el que menos se hubiera pensado que ella compraba el café. Joy siempre lo compraba para llevar, porque sabía cómo ningún otro. Comenzaba a hacer frío y el cielo se había cubierto de nubes. Perfecto, se dijo. Estiró las mangas de la enorme camisa que tenía puesta sobre la musculosa y apuró el paso para calentarse rápido el sistema con la bebida.
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Pariente Legal
Novela JuvenilNecesitaba besarla de nuevo y lo haría, porque no había nada que pudiera impedírselo. Ni la sangre, ni un papel. ____________ Tiene errores miles, mil cosas que cambiar, pero amo esta novela, amo a mis personajes. Los quise y quiero, sufrí, reí y me...
