Ya se le había pasado el fastidio para con Joy, pero sabía que ella estaba enojada. No le había dirigido la palabra durante la noche del anuncio matrimonial y, dos días después, seguía sin hacerlo. Podía decir que estaba molesta, no sólo por su mutismo, sino también por el modo en que esquivaba su mirada y por un aura negra que la rodeaba, cuando él aparecía en la habitación.
Se preguntó si Joy era de esas mujeres rencorosas, de las que podía mantener un estado iracundo por una semana, aunque hubiera surgido de una estupidez. Siempre le había parecido orgullosa, pero, por la forma en la que había reaccionado con el asunto de Ann y el departamento, la había creído mucho más madura que el resto de las chicas con las que había salido.
Finalmente, sí tenía algo en común con ellas.
Para peor, la boda de su padre estaba intencionada para el mes siguiente. Algo muy íntimo y sencillo, pero que mantenía a la hija de Mel completamente ocupada. Las tareas de Sebastian no eran demasiadas, visto que el mejor amigo de su padre se estaba encargando del traje y la mar en coche. Él, que tenía un manejo avanzado en programas de edición de imagen, por simple ocio y amor al arte, había diseñado las tarjetas en cuestión de horas. Simples y sobrias, como la pareja había pedido. Joy, por su parte, estaba —o simulaba estar— emocionada con la elección del vestido y los zapatos, cómo iban a maquillarse, el tocado, si rosas o gardenias.
Pese a toda esa alegría, él estaba seguro de que a ambos les preocupaba lo mismo: iban a ser hermanos, legalmente hablando. Siendo sus padres marido y mujer, sería más extraño aún. Claro que para él era muy sencillo; era su vida y la de Joy. Según su perspectiva, nadie podía decirles nada, visto que eran dos adultos responsables y capaces de decidir por sí mismos. Sin embargo, la castaña era más sentimental y no quería incomodar a nadie.
Lo que a él lo ponía un pelín nervioso era que, dadas las circunstancias, el compromiso era enorme. Quizás demasiado grande, como ninguno anterior. No podían probar y fracasar como pareja, porque serían familia de por vida. Todavía estaban a tiempo de detenerse y comportarse como parientes, y así evitar la presión insoportable que causaría cada reunión.
Tendrían que explicarle a todos cómo eran pareja si sus padres eran matrimonio, y soportar las expresiones de desagrado, cuando comenzaran a desarrollar la respuesta a aquella incógnita. Tendrían que tener una relación muy en serio, desde el primer día.
Si no se detenían en ese instante, saltarían todos los pasos en el camino a un noviazgo, no podían probar suerte. Aquello lo hacía sentir sumamente inseguro, ya que no conocía todos los claroscuros de Joy. Era la primera vez que la veía con un cuadro de ansiedad insufrible y la había creído incapaz de uno del estilo. No podía evitar preguntarse qué otros aspectos desagradables descubriría con el paso del tiempo. A su vez, trataba de imaginar qué otros secretos fascinantes escondía detrás de tantos libros.
Otro asunto no menor era la intimidad. Lo preocupaba que no tuvieran química, que ella no se sintiera segura, que nunca estuviera lista. No quería estar de por vida con una mujer que no lo dejara prender la luz, a la cual le avergonzara desnudarse frente a él.
Temía que ella esperara algo distinto de lo que podía ofrecer. En definitiva, sólo había interactuado con una versión de él, modelada y perfeccionada. Quizás no le gustara los secretos que pocos le conocían. Lo volvía loco el hecho de no saber las expectativas que tenía sobre él.
Y, pese a todas las dudas que daban vueltas en su mente, no dejaba de extrañarla. La veía lejana y eso lo hacía sentir algo desamparado.
Se moría de ganas de levantarse, ir a su habitación y besarla, prometiéndole el oro y el moro y convenciéndola de que se olvidara del mal momento que habían pasado. Sin embargo, estaba casi por completo seguro de que ella sólo deseaba espacio.
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Pariente Legal
Teen FictionNecesitaba besarla de nuevo y lo haría, porque no había nada que pudiera impedírselo. Ni la sangre, ni un papel. ____________ Tiene errores miles, mil cosas que cambiar, pero amo esta novela, amo a mis personajes. Los quise y quiero, sufrí, reí y me...
