Capítulo 24

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Eros:

Veo cómo personas acomodan la ropa de Romeo antes de que vuelvan a grabar. Están haciendo las tomas de otro videoclip.

Pero este no es en el hotel. Estamos en un lugar que es amplio, las paredes son de cemento sin pintura, desgastadas. Sólo hay un círculo en medio de la habitación también de cemento y alrededor postes de luces de los colores que quieras, ellos eligieron el azul y rojo. Sobre ellos, a varios metros, hay un cuadrado que simula lluvia.

El videoclip es bastante simple a comparación del que grabaron en el hotel. Este es solo de ellos tocando y cantando, por lo que hacen muchas tomas y eso significa tocar una y otra vez la canción.

Luego los empapan a ellos, a los instrumentos y al lugar con agua para hacer lo mismo nada más que mojados por la lluvia que cae sobre ellos.

Estoy parado detrás del director y por las tomas que veo en la pantalla que tiene frente a él, está quedando sensacional.

En un momento se detienen, menos Samuel y Aria que se quedan con la guitarra tocando la canción nuevamente. Romeo y Hathor salen del círculo y bajan para beber agua.

—¿Cansados? —les pregunto llegando a su lado, sabiendo que desde temprano están grabando, ambos se secan el pelo con una toalla.

—La verdad es que sí —dice Romeo.

—Ni sé qué hora es —dice Hathor.

—Está por caer el sol —veo que mira para todos lados, pero como no hay ninguna ventana ni puerta abierta que dé al exterior, hace una mueca y vuelve a ver en donde están grabando.

—Vas a perderte del atardecer —le dice su amigo y ella asiente.

—Lamentablemente, sí —suspira y da media vuelta—. Voy a ponerme ropa seca hasta que volvamos a grabar.

Veo a Hathor un poco apenada ir al camerino a un lado, miro a Romeo que canta con suavidad la canción, vuelvo a ver a Hathor y una idea se me ocurre.

Me acerco a Julián que mira cómo graban la escena.

—¿Sabes si Hathor tiene que volver a grabar? —le pregunto y sin mirarme me responde.

—Creo que, hasta el final, no.

—¿Y cuándo es el final? —frunce el ceño y ahora sí me mira.

—¿Qué planeas? —no le respondo, sólo le sonrío y él mira a Hathor para verme a mí y suspirar—. Máximo una hora —mi sonrisa se vuelve amplia, satisfecho con el tiempo—, confío en que vas a cuidarla, Eros, que mi confianza no desaparezca.

—Jamás —le aseguro y le agradezco para dar media vuelta y acercarme nuevamente a Hathor.

—Muñeca —la llamo cuando llega haciendo que me mire, coloco mi mano en su espalda baja y le susurro—, acompáñame.

—¿A dónde vamos? —me pregunta cuando la comienzo a guiar fuera del lugar.

—¿Te gusta andar en motocicleta? —le pregunto cuando atravesamos la última puerta del lugar para salir.

—Sí... —dice un poco confusa—. ¿Vas a responderme?

La guío hasta una motocicleta que alquilé para moverme por la ciudad y sin quitar mi mano de su espalda baja, le ofrezco uno de los cascos. Ella me mira, mira el casco y niega con la cabeza sonriendo para tomarlo y colocárselo.

—No vas a responderme, entiendo —dice mientras me coloco el otro casco.

—Debemos aprovechar el tiempo que tenemos antes de volver —digo mientras me subo y enciendo la motocicleta—, ya tendremos tiempo de hablar cuando lleguemos —le ofrezco mi mano y ella la toma para poder subirse y sostenerse de mis hombros una vez está arriba—. ¿Ya estás lista?

HATHORDonde viven las historias. Descúbrelo ahora