Capitulo 2

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Akira.

Lo logré... Logré escaparme. El tren me dejo en la ciudad de Turingia. Fueron largos días en los que me mantuve con miedo a ser encontrada antes de llegar a mi destino, pero aquí estoy. A pesar de que logrado, no podre lograr escapar de lo que me espera:

Casarme con Abel Baker...

No conozco casi nada de ese hombre, he oído acerca de él y su manera meticulosa de matar, mi cabeza ha recreado tantas imágenes de lo que podría pasarme estando en territorio alemán. No sé cómo tomen mi retiro del trono de fuego.

Mi puesto.

Pero es algo necesario. Soy sucesora al puesto que le pertenecía a mi padre antes de morir. Pero al frente de los clanes no soy más que la hija de Oshiro y Adelaide Uchima. Los clanes aseguran que no soy digna sucesora para los japoneses... Si supiera que podría con ellos y mucho más.

El punto es que ellos quieren que me case. No creen que una mujer pueda liderar sin un hombre, y papá no tuvo tiempo de cambiar las cosas. Solo necesitábamos tiempo.

Acomodo bien mi capucha mientras camino por las grandes y relucientes calles de Turingia, mirando con atención cada lugar. Tengo que estar atenta, mantener mis sentidos más que alerta por cualquier altercado que pueda pasar... Ahora mismo estoy siendo buscada por Masashi, un hijo de puta que quiere casarse conmigo, quiere el poder.

Pero no puedo permitirlo, ese hombre es asqueroso, repugnante. Prefiero estar con el diablo antes que elegirlo a él. El pensamiento de que él tiene que ver con la muerte de mis padres no me abandona. Ambos somos culpables. Necesito un respiro de todo. Necesito poder analizar bien lo que paso en esa carrera...

¿Por qué el auto rojo no se detuvo? ¿Por qué se sacrificó? ¿Sabía lo que hice? ¿Sabía que era inevitable?

Mi pecho duele de tan solo pensarlo. Cuando llego al punto exacto, soy interceptada por los hombres de Abel.

**

Llegue a mi destino. Los hombres me arrastraron aquí, como si yo fuera su peor enemiga, con una capucha en la cabeza. Abel me mira desde su asiento, tratando de asimilar que hago aquí. Y lo entiendo, mis padres nunca aceptaron cuando él pidió casarse conmigo, que yo esté aquí ahora lo desconcierta.

— Dime cariño— se levanta de su asiento, caminando hasta mí. No puedo evitar que mi respiración se descomponga y mi pecho se agite— ¿Estás dispuesta a casarte conmigo?

Tengo que hacerlo. Trago saliva, evitando contestar eso.

— Estoy dispuesta— la mentira me pesa en los labios— Mis padres aceptarían, antes de que fueran asesinados. La organización requería que me case y tú eras la mejor opción.

Me examina, sus enormes ojos azules logrando asustarme.

— ¿Qué pasa si no quiero?— pregunta confundiéndome. Él quería hacerlo, es mi única salvación— No creas que no sé porque estás aquí. Tus padres están muertos y temes por tu vida. Ahora dime ¿qué te hace pensar que no puedo matarte yo?

Miro al techo, no puedo con la intensidad de sus ojos. Es demasiado.

— No lo sé— contesto a su pregunta— Insististe mucho para casarte con la hija del señor Uchima, sería tonto negarse ahora que tienes lo que tanto querías— las palabras pesan.

Abel es un hombre guapísimo, pero eso no quita el hecho de que sea un demente, un salvaje que no respeta a nadie. Era lo que mi padre decía, y viéndolo me doy cuenta de que no estaba muy lejos de la realidad.
He tenido que elegir entre dos diablos, y he optado por él.

— Eres sabía— me toma del mentón, empleando bastante fuerza— Casarme contigo significará mucho para mi organización.— Sé lo que valgo. Quien se case con la hija del Oshiro Uchima, heredaría una gran fortuna y el apoyo de una gran organización. La organización más poderosa de Asia.

Mi padre nunca sucumbió a esa tradición, él siempre respetó mis decisiones, me entreno para ser la líder, pero ahora ya no está. La organización no me protegerá si no cumplo con sus requerimientos.
Abel me suelta el mentón, y enciende un cigarro bajo mi atenta mirada, expulsa el humo luego de dar una calada y se aleja a su asiento.

— Me casaré contigo Akira— no puedo sentir alivio, pero es mejor que estar muerta o bajo las manos de Masashi— Serás mi esposa, las madres de mis hijos y buen coño al que follar.

Me tenso ante sus palabras, más no lo demuestro. Este mundo no es para los débiles, tuve que aprenderlo a las malas. Y aunque sé que está no es la mejor opción, mi padre quería que sobreviviera. Es algo más viable.

**

Ahogó un jadeo a medida que avanzó al altar. Abel no lo pensó mucho, no han pasado dos días y ya él me quiere como su esposa. Quiere el poder que eso le daría. Camino a paso lento. Hay pocas personas, él dijo que eran claves de su organización, pero a mí no me dan buena espina.

Siento sus miradas, intensas, conocedoras, están dispuestos a juzgarme. Y solo me ven como un premio para su organización. Al llegar, lo miro a los ojos. Es azul contra marrón, en una contienda que no ganaré.
Soy débil para él, soy yo quien necesita ayuda.

— Recuerda que es una buena elección— me dice en un susurro, sonriendo. Se ve guapo, pero eso no elimina que sea un monstruo. Un monstruo al que tengo que usar para mi beneficio, disfrazando mi necesidad de casarme con él con la palabra supervivencia.

— Lo recuerdo— contestó agarrando sus manos, mientras escucho las palabras del padre. No le presto atención. Vuelvo en mí cuando escucho a Abel decir que sí, aprieta mi mano buscando atención.

— Akira Uchima— el padre pronuncia mi nombre— ¿Aceptas un Abel Barker como tu legítimo esposo?

La pregunta causa estragos en todo mi cuerpo. Siento una fuerte opresión en el pecho. El rostro de mis padres viene a colación, pero no es lo que me insta a decir que sí, es el rostro de mi cazador lo que me anima a decirlo. Es como se vería su rostro cuando lo enfrente y le muestre que no debió meterse conmigo.

— Sí, aceptó— digo en voz alta, tratando de sonar confiada. El padre dice algo como de besar a la novia, y en ese momento siento los labios de Abel sobre los míos. Unos labios calientes, poderosos y con hambre de mí. Unos labios que son la firma a mi nuevo destino. Unos labios que se sienten incorrectos, pero aun así devuelvo el beso.

Ahora sería Akira Barker Uchima. Y no, no quiero serlo pero como todo: Es una obligación. En un mundo gobernado por hombres, las mujeres tenemos que someternos.

Contra las Reglas. (+21) Editando.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora