"La medida del amor es amar sin medida".
San Agustín
Masashi.
La vida suele ser dura para aquellos que no saben entenderla. Es por eso que decidí entender, aprender de ella y volverme incluso peor, para que cuando una persona se tope conmigo, tenga la creencia de que la vida es mejor, porque la vida no te golpeará tanto como yo, la vida no te hará caer como yo lo haré, las dificultades de la vida serán bendiciones para quienes se topen conmigo, y Akira sabe eso muy bien.
Ella lo supo en el momento en que creyó conocerme, lo vi en sus ojos. Lo supo en el momento en que me gano esa carrera, porque yo quise. Yo siempre estoy un paso por delante, y que ella me conociera en esta etapa de mi vida, siempre fue mi decisión.
Era obvio que no se acordaría de mí. El niño de 9 años en la escuela, su novio de juventud. Ella nunca quiso aceptarlo cuando se lo confesé, le dije que era yo, ese al que cuando ella era una niña, decía tanto querer.
Ella tenía 6. Mis padres tuvieron que esconderse porque estaban siendo buscados por el rey del trono de fuego, Oshiro Uchima. No me quedo de otra que ir con ellos, yo, un Niño de 9 años que apenas comprendía la vida. Duramos 5 años escondidos, huyendo de Oshiro y de toda su gente. Estaba asustado, y me aferraba al recuerdo de Akira, esa niñita que me hacía compañía en mis clases y decía quererme más que a nada.
Ella no lo comprendía, éramos solo niños, pero yo si me aferré a su recuerdo mientras escapaba por las noches, muchas veces sin tener donde dormir. Recordaba sus ojos y siempre veía su fotografía, prohibiéndome olvidar a esa chica de ojos oscuros que se quedó siempre en mi corazón.
Cuando cumplí 15, recuerdo haber escapado de mis padres una noche, solo para verla a ella. Y la encontré, estaba en una clase importante, practicando sus movimientos para usar la katana. La simple imagen logró embobarme, ella siendo ya una joven más hermosa y con la mente más abierta. Cuando mi padre me encontró me castigo por asustarlo, azoto mi espalda tres veces, un azote por cada hora, pero yo creía que había valido la pena.
Cuando se enteró a quien estaba viendo, duplicó el castigo. Me golpeo sin que los golpes anteriores sanaran, dejándome la espalda marcada, lo que ahora considero golpes de guerra, y lo que me hace vencedor.
Yo no sabía que Akira era hija de esos señores que buscaban a mis padres para matarlos, por supuesta traición. Cuando la volví a ver, ella tenía 15. Y yo 18. Había estado entrenando en carreras, mis padres me obligaron a hacerlo para ejecutar su venganza. Dijeron que nadie me reconocería porque ya estaba mayor, y que tenía que buscar venganza contra el hombre que negó mi ascendencia, el hombre que me negó el derecho a ser su hijo.
Fui a una fiesta y la vi a ella. Disfrutaba la vida como si fuera una chica normal y eso me causaba envidia. Ella tuvo la vida que yo no tuve, y la disfrutaba. Trate de matar el sentimiento, me acerque a ella. Me dejo bailar, me bailo, creo que bebimos demasiados, pero al final terminamos en una habitación de la casa donde era la fiesta. Fue su primera vez, ella lo había confesado en el acto, pero cuando despertó, lucía arrepentida que de fuera conmigo, dijo que fue un error, que no me conocía, que no era su tipo y que no volviera a buscarla.
A pesar de todo, me sentía bien porque así como fui su primer beso, fui su primera vez en la cama, en el sexo. Mi amor por ella creció, crecía a medida que la veía a escondidas, yo siempre la estaba esperando, pero ella estaba disfrutando de su juventud de otra forma, con otras personas. Cuando cumplió 16, no volví a verla en esas fiestas, y ella al parecer no era la misma. Se veía más madura, corría en las carreras siempre, pero estaba con sus padres:
Los culpables de mis desgracias, los culpables de los constantes maltratos hacia mí. Ese hombre que se hacía llamar su padre, y era un maldito monstruo. Quería matarlo, quería hacerlo, pero nunca tenía la oportunidad y lo mejor para mí fue fingir ser un corredor que solo quería ganar, ganarme a su hija y luego a ellos:
ESTÁS LEYENDO
Contra las Reglas. (+21) Editando.
RomantikFuerza, valentía, audacia. Tres cosas que no te pueden faltar en mi mundo. Lastima que algunas veces reemplazamos una de ellas por debilidad, el sinónimo del amor. No estábamos hechos para estar juntos. Mafiosos y justicieros estaban destinados a es...
