Capítulo 36.

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Capítulo corto. Voten y comenten🖤

Akira.

La ira sigue latente en mí de una manera indescriptible. Mi pecho arde en llamas, mis pensamientos están hechos un caos, donde lo único en lo que puedo pensar es acabar con todos los que nos han hecho daño: Armin, Masashi y quienes están a su lado con el deseo eliminarme completamente y quedarse con lo que me pertenece. Sin embargo, lo que más me duele es ver a Killian postrado en esa cama como un maldito vegetal. Lo odio en estos momentos. Quiero matarlo por hacernos esto, por hacerme sufrir de esta manera, porque aunque sea difícil admitirlo, me está haciendo morir lentamente, mirarlo con todos esos cables y tubos incrustados por todos lados, acaba conmigo.

Sé que no es su culpa estar ahí y así, también está en una batalla interna tratando de mantenerse con vida, pero siento que necesito culpables, y culpar a quien tengo cerca se me hace más fácil.

Masashi supo cómo golpearme, me golpeó donde más me duele. Supo deshabilitarme y jugar sus cartas en mi contra, porque con esto, sé que me tiene a su merced y bajo su poder. Pero le voy a demostrar que no soy una persona que se doblega tan fácilmente al enemigo. Le demostraré que no voy a rendirme, tampoco le cederé el poder de destruirme y hacer conmigo y mi imperio, que dejaron mis padres, lo que se le convenga. Si tengo que matar a miles de personas para poder llegar a mi objetivo, lo haré.

Pero no me dejaré vencer ante él y todos lo que me quieren en el suelo.

—Akira, no me parece bien que estés aquí en el gimnasio día y noche, torturándote de esta manera —hago caso omiso a las palabras recriminatorias de Lara y sigo golpeando el saco—. Lo único que lograrás es lastimarte si sigues golpeando de esa forma y Killian te necesita fuerte cuando logre despertarse.

De las paredes de mi garganta solo sale una risa irónica.

—Sí, como no —respondo jovial.

Lara, Jasper y Joel han tratado de apaciguar las llamas que crecen cada vez más en mí, pero no tienen éxito.

Temen que en algún momento pierda el control y haga algo que ponga en peligro mi vida. Sin embargo, me importa poco. Quiero matarlos, degollarlos, quemarlos, hacer que mi nueva mascota se los coma; quiero cada gota de su sangre y no dejarles ni una sola en sus asquerosos cuerpos.

—Akira —me hago la estúpida—, Akira —recojo mis cosas— ¡Akira! —miro expectantemente su mano que está en mi brazo.

Tengo que respirar profundo para calmarme.

—Suéltame, Lara —advierto. Pero le importa muy poco mi advertencia.

—No voy a permitirte que te comportes así conmigo, Akira —miro sus ojos marrones, rojos y cristalizados, haciendo que mi pecho duela ante el dolor que refleja cada una de sus facciones—. Sé que te duele lo que está pasando ahora. Pero no tienes por qué alejarme. No tienes por qué alejar a todos los que intentamos estar para ti.

»Todos estamos preocupados por el estado de Killian, sí. Sin embargo, también nos preocupa tu bienestar. Eres nuestra amiga, Akira; eres mi mejor amiga. ¿Es tan difícil entender que te queremos bien y viva?

Ambas nos miramos con profundidad, nuestros ojos mostrando lo mismo. Finjo que no tengo el corazón acelerado, y que no me he roto en mil pedazos, transmito que estoy bien, aunque sea una maldita mentira. Lucho por mantenerlo así, pero la forma en que me mira no ayuda, y soy consciente de que ambas perdemos la batalla cuando nos quebramos soltamos un fuerte sollozo, permitiéndonos derrumbar nuestras murallas, dejando al descubierto nuestro dolor solo por él; por el hombre que sin darse cuenta logro enamorarme y logro que realmente lo ame.

Contra las Reglas. (+21) Editando.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora