Horas antes del rescate
Killian
—Señor, lo que ordenó ya está aquí —me avisa uno de mis soldados.
—Tráelo aquí —asiento y abandono la sala de armamento en la que me encuentro ahora mismo.
Desde muy temprano me encuentro aquí, inspeccionando las armas que usaré hoy para el rescate de Akira. Han pasado cuatro meses desde que el hijo de puta de Masashi se la llevó, lavándole el cerebro con la idea de hacer explotar en pedazos el avión en el que iba Lara camino a Colombia, junto a varios soldados que asigné para su protección. Sin embargo, todos ellos murieron en suelo colombiano cuando el avión aterrizó. Habían pasado exactamente dos meses desde que ocurrió el accidente que me dejó en coma durante todo ese tiempo. Más bien, debería haber despertado, pero no ocurrió porque me estaban inyectando algún sedante que me mantuviera dormido hasta cierta fecha en la que ellos pudieran raptar a la japonesa.
Y todo coincide con el hecho de que el ataque proviene del otro hijo de puta que dice ser mi padre. Pero solo son palabras vacías, porque no lo considero como tal, Armin es una escoria, y pronto tendrá su castigo.
Aparentemente, sabían que me despertaría después del secuestro de Akira y el atentado contra Lara, para así despertar mi ira y hacerme ir detrás de ellos a ciegas como un estúpido preso de la ira y las ganas de matar, y así lograr que caiga en su trampa, donde me masacrarían sin piedad alguna.
Sé que si fuera una persona que pensara con la cabeza caliente y se dejara llevar por los tontos impulsos de ira, no sobreviviría, me matarían en segundos, pero se han equivocado conmigo. No me arriesgaría a morir, porque si lo hacía, nadie salvaría a la japonesa.
«Tal vez solo ella»
No voy a negar que tienen un as bajo la manga: mi padre.
Un hombre que sabe cómo me muevo, cómo pienso y cuáles son mis debilidades. Y eso los ha colocado en ventaja todo este tiempo. Sin embargo, estoy tratando de que sea todo lo contrario, hacerles creer que me tienen en sus manos, que la tienen en sus manos, aunque literalmente así sea. Pero no la dejaré, jamás lo haría. No cuando estoy malditamente loco por ella y, además, me está dando algo que juré que nunca volvería a pasar: un hijo.
Cuando encontré esa carta en la cama y vi lo que contenía, sentí que todo se derrumbaba en mí. Nunca había pensado en esa posibilidad, un hijo con Akira, un bebé producto de nuestros sentimientos, porque sí, era imposible negármelo más, sentía demasiadas cosas por ella, y aún las siento.
El miedo me abordó de inmediato. No solo era el miedo a perderla a ella, también entraba en esa lista ese bebé, nuestro bebé. Tenía miedo porque si ella estaba en manos de ellos, era probable que ese bebé no sobreviviera, especialmente con el loco de Masashi Yamada. Solo con recordar su nombre, todo se calienta dentro de mí, solo deseo venganza, mis manos ansían sangre. Porque haré que pague por todo lo que me ha hecho a mí y especialmente a ella, a Akira.
Sonidos de pasos y cadenas me ponen alerta cuando sé quién entrará en este momento por aquella puerta. Como también sé que por lo que haré, posiblemente me sancionen o me despojen de todo tipo de poder en el que estoy. Sin embargo, me quiten o no, sea o no sea ministro, siempre tendré poder en mis manos, siempre estaré en la cima. Porque me he encargado de crear mi propio ejército fuera de todas estas manadas de corruptos. Yo mismo me encargo en silencio de crear mis propias armas letales e indestructibles. Ellos realmente no saben lo que hacen si llegan a quitarme de donde pertenezco. Porque si me quieren como aliado, soy muy bueno, o mejor dicho, considerado con aquellas personas que me guardan lealtad y me respetan. Pero como enemigo, soy capaz de convertirme en el mayor hijo de puta, mucho más cuando se trata de proteger a los que realmente me importan.
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Contra las Reglas. (+21) Editando.
RomanceFuerza, valentía, audacia. Tres cosas que no te pueden faltar en mi mundo. Lastima que algunas veces reemplazamos una de ellas por debilidad, el sinónimo del amor. No estábamos hechos para estar juntos. Mafiosos y justicieros estaban destinados a es...
