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Joel.
2 años atrás
Japón
—¿Vas a un velorio, Kitten? —miro a Akira salir de la mansión de sus padres vestida completamente de negro. Ella niega con una sonrisa traviesa—. ¿Entonces? —pregunto.
—Voy a cazar unas cuantas ratas que andan paseando en nuestro territorio. ¿Vienes?
Las comisuras de mis labios se alzan, mostrándole una sonrisa orgullosa y siniestra a la vez.
Nunca me arrepentiré de haberla conocido.
—Vamos por esas ratas, Kitten.
Nos montamos en mi todoterreno, y detrás de nosotros vienen también nuestros escoltas. Aunque a Akira no le gusta que los guardaespaldas de su padre la sigan incluso cuando va al baño, se aguanta. Son órdenes de sus padres, lo que ellos digan se hace. Jamás se debe faltar a las palabras de los líderes, incluso si eres su heredera, lo que digan, debemos cumplirlo todos nosotros en esta organización.
Además de eso, ella lo respeta.
Akira es una persona libre, no le gustan las ataduras ni en las organizaciones ni en las relaciones. Ella siempre ha demostrado que no le gusta seguir exactamente las reglas al pie de la letra. Para ella, todo tiene que hacerse como realmente le gusta y disfrutarlo a su manera.
La vida de Akira es una aventura, un sube y baja que me encanta. Cuando la conocí, no creí que nuestras personalidades encajaran de una manera tan perfecta y pulcra. Somos tan parecidos pero tan diferentes a la vez. Nos encanta lo oscuro de la vida y disfrutar de situaciones intensas.
Ella es siniestra cuando se trata de eliminar a cualquiera que interrumpa su camino. Sin embargo, tiene un corazón bondadoso a pesar de toda la maldad y oscuridad con la que convive día a día. Su madre hizo un buen trabajo en la última parte.
Sus padres supieron cómo criarla y moldearla. Ahora no tienen que preocuparse si su hija les juega chueco o no, porque saben que nunca lo hará. Akira sería capaz de poner una bala en medio de sus propias cejas antes de fallarle a su organización. A su trono. A sus padres.
—¿Qué es lo que te tiene tan pensativo, Kyōdai? —vuelvo a conectar con el mundo ante la pregunta de Akira.
Que me diga hermano es algo que amo, porque también la considero así. La amo como si fuera mi hermana de sangre, una hermana que nunca tuve.
Nos conocimos en la academia de combate hace tiempo. Ella tenía ocho años cuando sus padres la enviaron a unas de sus fortalezas de combate para que pudiera pulir y aprender más sobre combate cuerpo a cuerpo y todo sobre la organización. En ese entonces, yo tenía más edad que ella; tenía once años. Faltando poco para los doce.
En ese lugar nos moldeaban para convertirnos en máquinas de matar cuando nos necesitaran en cualquier guerra entre familias. Nuestra forma de pelear, destreza y agilidad, mejoraron rápidamente y con mayor letalidad. Aunque sabemos movernos rápidamente en las peleas, cada uno tiene su especialidad; Akira se destaca en el manejo de dagas, cuchillos y por supuesto, la katana. En mi caso, soy experto en flechas y armas de fuego.
—Estaba recordando la primera vez que nos conocimos en esa fortaleza de tu padre —una sonrisa nostálgica se forma en su rostro. Puedo jurar ahora mismo que también lo recuerda.
Y siempre me gusta recordarla, me gusta creer que esa Akira sigue ahí.
—Jamás pensé que congeniáramos tan bien. Aunque no voy a negarte que me irritaste un poco por tu forma tan altiva al referirte a los demás.
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Contra las Reglas. (+21) Editando.
RomanceFuerza, valentía, audacia. Tres cosas que no te pueden faltar en mi mundo. Lastima que algunas veces reemplazamos una de ellas por debilidad, el sinónimo del amor. No estábamos hechos para estar juntos. Mafiosos y justicieros estaban destinados a es...
