Capítulo 50 parte 1.

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Akira.

La cabeza me está doliendo demasiado, y Killian se apiada de mi trayéndome un calmante. Mi forma de agradecerle es con un beso, y él me sonríe mientras vuelve a la cocina.

Estos días han parecido irreales. La muerte de su padre, aunque él quiera negarlo, le ha afectado. No diría tanto que de una manera negativa, pero es difícil asimilar cuando tus enemigos mueren. He vivido el proceso, no quieres creértelo, y piensas que en cualquier momento te volverán a atacar, que en cualquier momento llegara la realidad, dispuesta a golpearte.

Es irreal que las cosas malas dejen de pasar.

Me sorprendió ver a Lara ahí, lo estaba viendo todo. La vi ver a Armin siendo devorado por esos animales, y también la vi disfrutarlo. Sus ojos brillaron en el momento en que Armin dio su último respiro.

Al final, me dijo que estaba secuestrada, y que Michel la libero. No pregunté por qué, porque ella no quiso explicar, y decidí darle su espacio. Lo único que me pidió fue no decirle nada a Killian, y que continuemos con nuestras vidas.

No sé por qué, pero la vi demasiado bien, demasiado feliz, y decidí atribuírselo a la muerte de Armin, el hombre que más odiaba en esta vida.

Tomo una exhalación y me entro la pastilla en la boca. El agua me sabe a gloria, dado que tenía 3 días sin tomar agua, llevándome a base de jugos. La pastilla pasa por mi garganta, y camino en dirección a la cocina.

— Tienes que descansar.

— No estaré en cama por un dolor de cabeza— Defiendo mi punto, lo que vengo haciendo desde esta mañana. Killian me mira, con esa mirada seria que pone mi mundo de cabeza, y hago un puchero solo para molestar— ¿Qué cocinas?

— Comida— Responde con tono de burla y lo fulminó con mi mirada— Estoy cocinando comida, japonesa.

— Que chistoso.

Juego a irme, pero sus manos me detienen por la cintura, y me gira haciendo que mi rostro enfrente a su pecho. Subo la mirada encontrando sus ojos, y el contacto de su mano en mi cintura me hace relamer mis labios, queriendo algo más, lo que me está dando cada bendito día, porque sí, parecemos dos insaciables, siempre con ganas de más.

En un movimiento rápido, voy a por sus labios; tomándolos con precisión, jactándome de ellos.
Killian aprieta su agarre en mi cintura, al tiempo que agrega su otra mano, y se restriega contra mi vientre. Sus besos se vuelven más desesperados, ansiosos, y calientes, puedo sentir su lengua abrirse paso por mi boca y chocar con la mía, implosionando.

Killian me aprieta más, y su erección me pone a la expectativa, haciéndome anhelarlo. Respiro profundo, aún con sus labios sobre los míos, y con su lengua en mi boca. Sujeto sus hombros con mis dedos, tratando de mantenerlo, y sintiendo una extraña libertad, siento esto como algo eterno, como si solo fuera nuestro, porque solo nosotros existimos en este momento.

— Estoy cocinando Moussaka.

Lo miro extrañada, y el idiota se ríe.

— No tengo idea de que es, pero si lo haces tú, estará exquisito.

Intento besarlo nuevamente, pero se aleja.

— Si seguimos en esto— nos señala a ambos y lo miro curiosa— No terminará mi Moussaka.

— Dilo en alemán— digo con una sonrisa.

— Moussaka.

— Jodete, maldito alemán de mierda.

Salgo de la cocina antes de que pueda alcanzarme.

Una vez en la habitación, mi celular comienza a sonar, y no me atrevo a ignorar la llamada, porque solo Joel, Jasper y Killian tienen este número, y el tercero está en la cocina.

Contra las Reglas. (+21) Editando.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora