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Así sabemos si les está gustando.
Killian
—Killian—Siento a alguien tocar mi espalda mientras hace un recorrido de besos por todo mis omóplatos—Killian, tengo hambre—Gruño tratando de quitarmela de encima, pero ni así se baja de mi espalda.
Parece un maldito Koala.
—Si te levantas y traes el desayuno, te doy un mañanero—Mis ojos se abren rápidamente por sus palabras, haciendo que ella ría a carcajadas—. ¡Por Dios! Que ninfómano eres—Sigue burlándose de mí.
Gruño, aún sintiendo sus dedos acariciar mi cuerpo.
—Maldita—Murmuro por lo bajo mientras me siento pero parece que me ha escuchado porque se trepa en mí espalda otra vez.
—Te escuché—Deja besos por mi cuello. Suelto un pequeño suspiro—. Pero te lo dejaré pasar por tan maravillosa noche que pasamos y sobre todo porqué tengo hambre.
Que hable de la noche de ayer enciende todos mis sentidos.
Me pongo de pie tirandola a la cama haciendo que rebote en ella. Akira produce pequeñas risas que provocan un calor irreconocible, que se extiende por todo mi pecho... No sé que mierdas me está pasando con ella. Siempre que la veo, o la tengo cerca, me siento bien. Se siente diferente a estar con otra persona.
Tal vez sea el simple hecho de que esta casada.
Tal vez me causa morbo tener a la mujer de Abel en mi cama. Siento que la japonesa vino a mí, dispuesta a desequilibrarlo todo. Y eso en parte me aterra.
Lavo mis dientes y rostro para después darme una ducha de agua fría. Envuelvo una toalla en mi cintura y salgo del baño mientras examino la habitación y veo que esta vacía. No hallo ningún rastro de la japonesa.
Me pongo un simple pantalón chandal, y salgo de la habitación en busca de ella.
¿Dónde demonios se metió ahora? Parece una niña pequeña. No sé está quieta en el lugar que la dejan.
—Cause i love you so much... I fall to pieces... My cherries and wine, rosemary and thyme. And all of my peaches are ruined—Escucho su suave voz que proviene de la cocina. Y no estoy mal. Cuando llego la encuentro moviéndose al ritmo suave de la música. Canta delicadamente sorprendiendo por lo bien que lo hace... No hay nada mal en ella.
Y no es un halago. Solo digo la verdad.
—¿Que haces? —Pega un grito cuando la intercepto por detrás pasando una de mis manos por su cintura.
—¡Baboso! Porque llegas de esa manera—Deja caer su cabeza en mi pecho mientras pone una de sus manos en el suyo tratando de tranquilizarse.
—No es para tanto, Japonesa—La volteo mirando sus ojos que solo se mantienen fijos en mis labios.
Y después soy yo el provocador. Después soy yo el ninfomano.
—Deberia ser delito tener esos labios—Susurra haciendo que ría. Sus ojos brillan cuando me ve reír, así que dejo de hacerlo—. ¿Quieres desayunar?.
Miro detrás suyo y veo como sale humo del sartén, y el huevo esta quemado. Tiene un color negro que da asco, y el olor a carbón inunda mi cocina.
—¿Y que es lo que desayunare? ¿Carbón?
—No. De hecho estoy haciendo unos exquisitos huevos revueltos... ¡LOS HUEVOS! —Sonrío divertido cuando suelta maldiciones en dos diferentes idiomas: Alemán y Japonés.
Lloriquea mientras ve que ni un poquito de huevo se salvo.
—Definitivamente la cocina no es lo tuyo—Me fulmina con la mirada ante mis palabras— El otro día quemaste el agua.
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Contra las Reglas. (+21) Editando.
RomanceFuerza, valentía, audacia. Tres cosas que no te pueden faltar en mi mundo. Lastima que algunas veces reemplazamos una de ellas por debilidad, el sinónimo del amor. No estábamos hechos para estar juntos. Mafiosos y justicieros estaban destinados a es...
