Capítulo 19

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Jasper en multimedia.

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Akira

Killian me dejo sola en su casa.

Estoy confundida. Hace unas horas decía que no confiaría en la mujer que engaña a su esposo con su peor enemigo, pero aquí estoy. Teniendo paso libre por toda la casa, indagando en cada habitación.

Mi favorita es la suya. La cama es gigante, podrían dormir 7 personas y sobraría espacio.

Camino por su habitación. Su closet llama mi atención. Encuentro uniforme por todos lados, y apenas varias camisetas. Todas en colores oscuros.
Tomo una, y me dirijo al baño.

A su baño. Es espacioso, y los recuerdos me atacan cuando entro a la ducha, la misma ducha donde me propinó placer, donde entro buscando más de mi, queriendo llevarse todo.

Mi vientre se anuda, las sensaciones apoderándose de todo mientras los recueros brotan, posicionándose en primera plana en mi mente.
Mi vagina se siente débil, y duele si la toco.

En parte agradezco que no me tocara hoy. Agradezco que respetara mis decisiones.

Me meto bajo la ducha, el agua neutral cayendo por todo mi cuerpo, llevándose todo.
Me siento limpia cuando salgo del baño, solo con la camiseta de Killian puesta.
Logra tapar la mitad de mi culo, y se siente cómoda.

Dejo mis bragas secándose con la intención de buscarlas más tarde.
Bajo las escaleras hasta quedar en la cocina.

Estoy aburrida.
Mi mente rememora la escena de la mañana, los brazos de Killian, como se tensaban cuando partía las cosas, o sus ojos fijos en mi a medida que picaba las frutas.

Fue tanta mi atención en él, que me olvide de que estaba cortando frutas y terminé cortando mi dedo. Fue algo leve, y no se porque mierdas nació hacer pucheros y fingir que dolía mucho, solo lo hice.

Recibiendo un beso de su parte.
Respiro profundo, el aburrimiento matándome.

«Deberías aprender a cocinar»
La voz en mi cabeza ataca, básicamente me dice vaga y si, lo soy.

Tomo mi celular y busco una receta.
Mi búsqueda arroja a lasaña, con mucho queso.

Busco en las despensas y encuentro todos los ingredientes, menos la pasta.

¿Como hacer lasaña sin pasta?

Dejo escapar una risa. Es una estupidez, pero...
Killian mencionó algo de que lo llamen si necesitaba algo.
No estaba prestando mucha atención, perdida en su musculatura, y en las ganas de besarlo que tenía.

Busco su número en mi teléfono y lo encuentro.
El primer tono me tiene nerviosa, y el segundo me tiene a punto de colapsar.
El tercero me hace querer cerrar la llamada, pero escucho su respiración calmada del otro lado.

— ¿Necesitas algo?

— Tengo mucha hambre— hago un puchero aunque él no me vea— Podrías llamar a alguien y hacer que me traigan pasta para lasaña.

— ¿Quieres una lasaña hecha?— Inquiere y me siento como una tonta, una insípida que no sabe cocinar.

— ¿A que hora llegas a casa?— el silencio del otro lado me asusta. Dura largos segundos, ninguno habla, hasta que él rompe el incómodo silencio.

— No lo sé, tal vez a las 8– miro la hora: el reloj marca las 5:34 pm.

Tengo tiempo.

— Quiero hacerla yo...— la estruendosa carcajada me hace cerrar la boca. El imbecil se está riendo de mi.

Contra las Reglas. (+21) Editando.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora