9K.
...
Hellen Johnson
Horas antes.
Los pitidos de las máquinas que se encuentran a mi alrededor emiten sonidos que hacen palpitar mis sienes. Tengo la vista empañada por lágrimas y lagañas retenidas en mis ojos.
No sé cuánto tiempo estuve dormida. El cansancio era tanto que tuve que volver a dormir para descansar del dolor que se esparcía por todo mi cuerpo. Mis últimos recuerdos son de esa maldita disparándome en el abdomen y Ross ayudándome con la herida para evitar la pérdida de sangre debido al disparo. La estúpida supo darme en un lugar mortal donde los daños no afectaran a ningún órgano vital e importante de mi cuerpo.
Mis ojos recorren la habitación en busca de algo o alguien, pero no hay nadie. Nadie ha tenido la decencia de venir aquí y ver cómo estoy. Todos están detrás de esa maldita japonesa de cuarta que desde que llegó a Alemania solo busca ser el centro de atención, primero Abel, luego Killian y ahora todos los que decían ser mis amigos. Todos me han dejado de lado por esa maldita, que ni siquiera se compara a lo que fui en sus vidas.
Frustrada, arranco las agujas incrustadas en mi piel, no me importa si me lastimo en el intento, solo quiero quitármelas con rabia y furia. Furia que he contenido durante mucho tiempo, gracias a una sola persona.
—Señorita Johnson, no puede quitarse el suero aún— blanqueo los ojos ante el regaño de la enfermera que entra justo cuando me pongo de pie.
—Me importa una mierda ese suero— increpo—. Solo quiero largarme de este lugar.
—La entiendo, señorita. Sin embargo, aún no tiene permitido retirarse el suero. Su cuerpo está débil por la pérdida de sangre que tuvo debido a la herida de bala...— paso de largo, ignorando sus sermones sobre cuidarme, ponerme el suero y toda esa mierda.
No me importa nada de eso ya. Solo quiero salir de aquí, cumplir con lo que se me encomienda y ver a una persona que posiblemente veré por última vez.
Cierro la puerta del baño con seguro, empiezo a quitarme esa asquerosa bata de hospital y mi mirada se posa en la herida que adorna mi abdomen. Trazo suavemente esa línea rojiza sellada con varios puntos azules. La ira surge en mis venas al recordar ese disparo.
Mis manos se cierran en puños sobre el lavabo y mi cuello se torna rojo, reflejando mi enojo hacia mí misma por permitir aquella locura. Pero ya no más. No volverá a pasar.
Me cobraré una y todas las cosas que me han pasado por culpa de esa maldita. Quiero verla retorcerse de dolor, quiero quitarle lo que más ama en este mundo, como ella hizo conmigo. Haré que se arrepienta por quitarme mi oportunidad de ser feliz. Juro que rogará para que su sufrimiento termine, y lo disfrutaré tanto como ella disfruta con lo que me arrebató.
—Te juro Akira Uchima—miro la foto que hay en mi móvil—. Te juro que vas a lamentar haberte metido en mi camino.
Paso exactamente veinte minutos en el baño. Cuando salgo, mis ojos se encuentran con la persona que me ayudó y me trajo al hospital militar. Trae su respectivo uniforme y la alta coleta que suele llevar.
Ahora tiene el cabello rojo. Me rio ante eso: Ross nunca teniendo una personalidad exacta, siempre cambiando para buscar aceptación.
—¿Cómo te sientes? —pregunta, mirándome de pies a cabeza, como suele hacerlo con los demás.
—Bien, o eso creo —me encojo de hombros, restándole importancia, como ellos lo han hecho.
—Hellen, puede que estés pensando que te dejé aquí sola y a tu merced, pero no fue así —me mira y habla con esa neutralidad que la caracteriza.
ESTÁS LEYENDO
Contra las Reglas. (+21) Editando.
RomansaFuerza, valentía, audacia. Tres cosas que no te pueden faltar en mi mundo. Lastima que algunas veces reemplazamos una de ellas por debilidad, el sinónimo del amor. No estábamos hechos para estar juntos. Mafiosos y justicieros estaban destinados a es...
