Capitulo 9

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Akira.

— ¿No crees Que es demasiado?— preguntó mirando el vestido por enésima vez. El color me gusta mucho, un dorado que brilla y da la sensación de que estás viendo un universo lleno de estrellas. El vestido en sí me gusta, completo, pero lo siento demasiado extravagante.

Lara encuentra mi mirada por el espejo.

— ¡¿Estás loca?! Es increíble— termina de peinar mi cabello, dejándolo lacio cayendo por mi espalda— Tienes que brillar, relucir lo hermosa que eres.

— Lo dices porque no estás en mi lugar— saco a relucir lo obvio. Los nervios me tienen las manos temblando.

El vestido es demasiado ostentoso, cae de mis pies arrastrándose por el suelo y formando un círculo que me rodea. Tiene tirantes que dejan ver mis hombros, y gracias al cielo las marcas lograron desaparecer, Lara me puso una crema el día que me encontró con Killian.

Fue a mi habitación en la noche. Dijo que no preguntaría nada y se lo agradecí. La crema eliminó los morados, y ahora lucen como un simple recuerdo.

— ¿Estás segura de que no quieres venir?

— Créeme, te evito problemas— Confiesa y aleja la mirada— Además, me gusta quedarme en esta casa, sola— recalca y asiento con entendimiento.

Eso solo quiere decir una cosa. Me dejará sola con los lobos hambrientos.

— Deséame suerte entonces.

— Estás de infarto— me abraza, y le devuelvo el gesto— Vencerás hoy.

**

El lugar está atestado de personas. Todos vestidos de empresarios, mientras las mujeres relucen sus vestidos de gala. Agradezco que Lara me convenciera de ponerme este vestido, porque sería el hazmerreír de todos si hubiera elegido el vestido negro descotado con una pequeña abertura.

Las mujeres están al lado de hombres. Mi atención cae en dos mujeres, hermosas, cada una rodeando una mano del mismo hombre. Se miran sonrientes, y una de ellas lo besa, antes de que él gire la cabeza para donde la otra chica que lo besa también.

Una relación polígama.

— Sonríe— escucho a Abel detrás de mí— No luzcas como una esposa infeliz.

— Sabes que eso es lo que soy— me defiendo y finjo una sonrisa. Mi rostro doliendo por el empeño que le pongo.

Abel no dice nada, se limita a sonreír. Un hombre que luce mayor nos aborda.

— Abel — Lo saluda con voz discordante— ¿Es está tu esposa?

El aludido asiente. El hombre me mira con lascivia y le frunzo el ceño.

— Su mujer— recalcó aunque las palabras me molesten a mi misma— Y le recuerdo algo, nadie mira a la mujer del jefe con ojos lascivos.

El hombre da un respingo y niega con la cabeza.

— ¿Estás mirando a mi mujer de esa forma?— le pregunta Abel.

Aprovecho qué pasa un hombre con champán. Tomo una copa y me alejo de Abel, por lo menos eso sirvió para entrenarlo. Me pierdo por grandes pasillos hasta terminar en el balcón de una habitación. Odio que el lugar tenga tantas personas. La brisa fresca me golpea. Observó las estrellas que empiezan a salir en la noche desolada.

Me apoyo de la baranda, admirando cada estrella, contándolas mientras recuerdo las palabras de mamá cuando yo era una niña. Decía que si contaba las estrellas me enfermaría. Siento una respiración ajena a la mía y me giro para encontrar a Killian. No me sorprende, según sus palabras me encontraría en la fiesta.

Contra las Reglas. (+21) Editando.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora