Capítulo 11

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Miro con impaciencia la hora de mi móvil y me aferro a los informes como si mi vida dependiera de ello.

Me encuentro de pie en la puerta del señor Hamilton mientras lo espero para entrar juntos a la sala de reuniones como me lo había pedido pero los nervios comienzan a apoderarse de mí cuando veo a Paul salir de su pequeño despacho con una carpeta azul en su mano.

Saluda cordialmente a uno de los empleados que se le cruza en su trayecto y sonríe al llegar a mi lado. Se ve guapísimo.

-Buenos días, Briana -me dice en un tono de lo más tranquilo y relajado.

-Buenos días, Paul -me limito a responder y miro hacia un costado para evitar el contacto visual.

El joven se queda en silencio por unos segundos mientras estudia mi lenguaje corporal. Estoy incómoda y lo nota.

-¿Estás esperando a Christopher? -dice al fin en un intento de calmar mis nervios.

Asiento y me cubro el pecho con las hojas de los informes.

-¿Cómo se ha portado contigo? -pregunta curioso.

-¿Por qué lo dices?

-Porque es un cabrón -comenta divertido-. Le gusta aprovecharse de los nuevos para llenarlos de trabajo o asustarlos con su cargo de súper jefe. Los primeros meses pasaba haciendo horas extras y no me dejaba volver a casa antes de la medianoche. Fue una tortura.

-Oh, vaya -murmuro mientras escucho al arquitecto-. No sé qué decirte, recién empiezo a trabajar para él y aún es muy pronto para emitir un juicio.

La puerta se abre detrás de mí y aparece Christopher con su móvil y computadora portátil en mano. Sus hermosas y tupidas cejas se arquean y mira a Paul con desaprobación.

-¿Hablando mal de mi tan temprano? -su voz gruesa hace que ambos dejemos de hablar.

-Lo lamento, señor Hamilton -responde Paul e intenta suprimir una sonrisa.

No sé si de verdad lo siente o si es parte de alguna broma privada entre ellos dos. Pero prefiero no averiguarlo y cambiar de tema rápidamente.

-Señor Hamilton, ¿tiene todo para la reunión?

El empresario asiente y sin demorarnos más caminamos hasta la sala donde mi padre y mis hermanos nos esperan. Cuando entramos todos se saludan de manera educada y miro rápidamente la disposición de las sillas. La mesa rectangular e infinitamente larga acapara casi toda la habitación, pero los enormes ventanales hacen que el espacio se vea más grande gracias a la luz del mediodía.

Mi padre se sienta en un extremo de la mesa, con Donovan y Alexander a cada lado. No sé qué hacer. ¿Dónde debería sentarme? Se supone que tengo que ayudar a las cabezas de las dos compañías pero entro en conflicto cuando veo a Christopher tomando asiento en el extremo opuesto al de mi padre, con una distancia considerable de cuatro metros entre él y mi nuevo jefe.

-Señorita Torres -me llama el empresario ricachón y me acerco a él en ese instante-. Siéntese a mi lado, por favor.

Levanto la cabeza y observo rápidamente a mi padre, que me guiña un ojo para aprobar aquello. Luego me acomodo la falda y tomo asiento. No estamos pegados el uno con el otro pero no hay más de medio metro de distancia entre nosotros. Paul parece respetar demasiado su espacio personal y se niega a estar cerca de su jefe. Elige una de las sillas que están frente a mí pero en el medio de la mesa, como si de alguna extraña manera arbitrara con imparcialidad y fuera un simple espectador. Luego se acomoda el cabello hacia atrás y se remanga la camisa hasta la altura de sus codos.

No Te Enamores De Mi Donde viven las historias. Descúbrelo ahora