DANIELA.
Entramos en el estudio discutiendo acerca de qué peli ver. Poché quiere que sea algo navideño para no romper la tónica de los días que llevamos. Yo necesito desesperadamente romper esa tónica.
—En serio te lo digo, Poché, necesito ver algo donde los árboles sean solo verdes, sin adornos ni luces, y no haya alguien cantando un villancico aunque sea de fondo.
Se ríe y señala su portátil, que hemos recogido de su apartamento antes de venir aquí.
—Venga, Calle, con lo bien que ibas... —Me quedo mirándolo sorprendida—. ¿Qué?
—Me has llamado Calle.
—Ajá.
—No lo hacías desde... —Trago saliva y aparto la mirada, un poco nerviosa—. Bueno, desde antes.
Poché parece sorprenderse ahora, cuando se lo he hecho notar, pero es capaz de recuperarse mucho más rápido que yo, porque encoge los hombros y sonríe de medio lado.
—¿Te molesta?
—No, solo me ha sorprendido.
Es raro, pese a que estemos recuperando parte de la dinámica de lo que éramos antes, la mayoría de las cosas han cambiado. Nosotras hemos cambiado, eso es innegable, así que cuando llegan momentos como este, siempre me sorprendo. Poché me abraza sin previo aviso, cosa que me sobresalta un poco, y sonríe al darse cuenta.
—¿Todo bien?
—Ajá —asiento—. Sí, solo... pensaba un poco.
—No sé si me gusta que pienses.
—Mala suerte, porque es algo que hago a menudo. —Nos reímos y le doy unas palmaditas en el pecho—. Solo estaba rescatando algunos recuerdos.
—Oh, eso es algo que yo hago mucho.
—¿Y te gusta?
—La mayoría de las veces, sí.
—¿La mayoría de las veces?
Por toda respuesta, Poché me besa en los labios y se adentra más en el salón para sentarse al fondo, con la espalda apoyada en la pared. Me doy cuenta de que hace eso cuando ya no quiere hablar más de un tema, o no sabe cómo hacerlo. No me importa, la conozco bien y me gusta respetar sus ritmos, así que me siento a su lado.
—Necesito un sofá con urgencia —murmuro.
Poché se muestra de acuerdo conmigo. En realidad, he conseguido traer mi saco de dormir, pero es de una sola persona y, además, sigue siendo incómodo. No sé si voy a pasar la noche aquí y así se lo he hecho saber a mi padre, pero solo tener la opción de poder hacerlo, aunque sea de un modo incómodo, me reconforta.
—Mañana podemos ir a mirarlo —me dice ella—. Necesitas un sofá, una cama, una mesa con sillas y...
—Creo que, consiguiendo primero un colchón, las cosas se volverán más fáciles — la interrumpo—. No tengo muchos ahorros y no sé cómo de caro puede ser todo eso.
Ella se queda pensativa unos instantes.
—Creo recordar que en el almacén del hotel hay algunas mesas viejas que se guardaron hace años. Podríamos coger una y un par de sillas, aunque no sean iguales y desentonen con todo.
Sonrío con agradecimiento y asiento.
—Me gusta que las cosas desentonen.
Poché se ríe, abre el portátil y, sin pedir permiso ni perdón, empieza a reproducir El diario de Noel. Me quejo, la amenazo e incluso le digo que no volveré a confiar en ella nunca más, pero no me cree, por supuesto.
ESTÁS LEYENDO
Imperfectas Navidades | CACHÉ
RomanceDaniela Calle odia la Navidad. Y a María José Garzón. María José odia que Daniela sea tan testaruda, orgullosa y rencorosa. Y también odia que ella se empeñe en hacerle la vida difícil sin importarle que sea su jefa. Nora y Carlos, abuelos de María...
