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—Harry cree que Malfoy es culpable de lo que ocurrió con Katie Bell...

Xavier sintió una punzada en su cabeza cuando fue lo primero que Hermione dijo cuando se reunieron en la biblioteca ese mismo día más tarde, pero mantuvo una postura despreocupada, sacando un pastel en forma de caldero del pequeño bolso junto a ellos, el cual poseía un hechizo de extensión indetectable y albergaba la comida que había pasado a buscar a las cocinas del castillo.

—No lo creo posible—El chico Black negó con su cabeza—, Draco tenía castigo por no entregar sus deberes de Transformaciones. Estuvo con McGonagall toda la mañana sin poder ir a Hogsmeade. Ayer me burlé toda la tarde de él por eso. 

Hermione no parecía totalmente convencida con la respuesta de Xavier, y el chico supuso que había algo que la chica no le estaba diciendo, y que parecía que nunca le diría. 

—¿Has visto a tu primo comportarse extraño?—Las palabras de la chica fueron cautelosas, como si quisieran evitar que el chico reaccionara de la forma que ella no esperaba.

—Sigue siendo idiota, igual que todos estos años—Respondió el pelinegro, apretando un poco sus labios—, aún así, lo quiero. Y no, no lo he visto cambiar...

Xavier sabía que le estaba mintiendo en la cara a Hermione a pesar de haberse prometido a sí mismo que su relación con la chica sería mejor que la última vez, pero no podía hacer mucho si quería evitar que metiera su nariz donde no debe para evitar que saliera perjudicada. 

Hermione volvió a quedar en silencio, desviando su mirada a cualquier lado que no fuera el rostro del chico. Xavier terminó levantándose de la silla que ocupaba para colocarse detrás de ella, abrazándole por la espalda y ocultando su rostro en el cuello de la chica, donde se permitió dejar un pequeño beso que provocó un leve temblor en el cuerpo de ella. 

—Estás tensa—Murmuró Xavier, en un susurro audible solo para ella—. ¿Han sido muy pesadas las rondas como Prefecta?

El chico Black no había dudado en sacar a relucir sus peculiares habilidades para desviar una conversación, por lo que fue bastante fácil dejar atrás el tema de Draco Malfoy y su extraño comportamiento, por ahora.

[...]

El accidente de Katie Bell y el collar maldito estuvo en boca de todos durante la última semana, y todos parecían temer a ser los próximos en caer en la oscura magia que se había apoderado de esa chica, algo que no era apaciguado al considerar las noticias que llegaban a diario en El Profeta, donde cada titular dejaba ver una nueva desgracia provocada por los seguidores de Lord Voldemort. 

Esa mañana, el Gran Comedor se encontraba más ruidoso de lo normal, con los colores verde y rojo destacando en el lugar, porque hoy iniciaba la temporada de Quidditch con el clásico partido de Slytherin versus Gryffindor para inaugurar el campeonato por la copa. 

—Es una lástima que hayas dejado el equipo—Murmuró Lea, comiendo un sandwich—, si antes había probabilidad de ganar contra Gryffindor contigo en el equipo,  ahora son nulas. Ya ni me desgasto en actuar emocionada. 

—¿Acaso no crees en las capacidades de tu novio?—Cuestionó Theodore, mirando con una fingida expresión de dolor a Lea—. Ya no te dedicaré los puntos que haga. 

Xavier soltó una risa cuando Lea no tardó en saltar a los brazos de novio, disculpándose en un aniñado tono de voz mientras besaba el rostro del chico. Aprovechó de buscar con su mirada a Draco en la mesa de Slytherin, pero no encontró rastro del chico, y supuso que, nuevamente, se había saltado el desayuno para seguir con su trabajo con el armario evanescente. 

Lea, Xavier y Pansy se despidieron de Theodore y Blaise cuando ellos tuvieron que ir antes al campo de Quidditch al pertenecer al equipo de Slytherin, y los tres restantes se dirigieron a las gradas del lugar luego de haber terminado sus desayunos, nuevamente envueltos en gruesos abrigos, bufandas con el color de su casa y gorros a juego, porque el clima dejaba bastante claro que el invierno había llegado en todo su esplendor, con fuertes tormentas de nieve y frías corrientes de viento. 

Tal y como Lea había dicho, las probabilidades de que Slytherin ganara fueron nulas, y en tan solo media hora, habían perdido 210 a 0 luego de que Harry Potter atrapara la snitch, por lo que los de esa casa no tardaron en dispersarse fuera del campo de Quidditch mientras los Gryffindor, junto a los Hufflepuffs y Ravenclaws que los apoyaban, celebraban en medio del lugar. 

Ya caída la noche, las celebraciones no parecían tener fin, y el séptimo piso del castillo, donde se encontraba la sala común de Gryffindor, estaba abarrotado de gente que parecía tener mucha energía para la fiesta. Parecía ser un escape de la realidad para todos, y Xavier no dudó en colarse en aquella celebración dentro de la sala común para encontrarse con Hermione. 

—Es una lástima que Gryffindor solo haya ganado porque no jugué para Slytherin—Hermione se sobresaltó cuando Xavier le abrazó por la espalda, oyendo como la chica reía por sus palabras.

—Eres un narcisista, Black—Hermione rodeó su cuello con sus brazos, mirándole fijamente—, aunque si hubieras jugado tu, quizás Slytherin no hubiera hecho una actuación tan lamentable. 

El chico soltó una carcajada, robándole un rápido beso a su novia antes de tomar su mano y sacarla del lugar, percatándose que el pasillo ya se encontraba algo más silencioso, deteniéndose luego de unos minutos caminando, donde solo se limitó a admirar a la chica. 

—Te amo, Herms—Terminó por confesar Xavier, notando que los ojos de la chica brillaban bajo la luz de la luna, sintiendo que su corazón saldría de su posición.

—Yo también te amo, Xavier.


UNDER CONTROL  ━━ hermione grangerHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora