¡La espada irrompible del viento! ¡Kanata de Capricornio!

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Apenas entraron en el Templo de Capricornio, Kanata frunció profundamente el ceño y apretó su puño de ira.

—Se puso bastante cómodo en mi templo—Dijo ella, bastante molesta antes de poner una mirada muy aterradora y decir en voz alta —Este fue el Templo de mi padre, cuando me eligieron caballero dorado, se volvió mío... pero mira que este imbécil se adueñó, no solo de mi armadura, sino de mi Templo—.

Cuando terminó de decir esto, su Cosmos Dorado empezó a brillar —Lo mataré apenas tenga oportunidad—Declaró, aterrando a Koga, Saiga, Natassia, Mako, Alice y Yuna, porque parecía que tenía la convicción absoluta de asesinar a Ionia.

Cuando llegaron ante él y vieron la estatua de Atenea que no era la que ella y su padre tenían, realmente sintió su sangre hirviendo.

Cuando Ionia contó su patética historia de cómo Atenea le pidió entrenar a los caballeros de la nueva generación, ella lo detuvo en seco.

—¡Pero nunca te pidieron volver a ser un caballero dorado!—Le gritó —La armadura de Capricornio me pertenece, si eres tan noble cómo dices, si eres tan leal a Atenea cómo clamas, devuélvemela—Le dijo ella, dedicándole a Ionia una mirada bastante hostil.

Cuando Ionia la ignoró, ella empezó a pensar seriamente en sacar el Talismán de su madre: la Espada de Urano, y apuñalarlo en el trasero para vengarse de su humillación.

Ella, descendiente de Urano, Caballero Dorada de Capricornio, una verdadera genio entre los caballeros dorados, la mejor de las mejores en el manejo del Cosmos y las diferentes técnicas de Capricornio, fue derrotada por un golpe por la espalda.

Cuando los malditos marcianos las acorralaron a ella y a Cristal en el camino a Palaestra, un cobarde maldito infeliz, que ella deseaba asesinar dolorosamente y hacerlo pudrirse en el infierno personalmente, la atacó por la espalda con una piedra que la dejó inconsciente.

Así fue cómo perdió su armadura, ella: UN CABALLERO DORADO, vencida tan fácilmente por los más débiles de los débiles entre los marcianos.

Sin embargo, apenas sintió el regreso de Cristal al Santuario, tuvo que detener su arranque de ira y permitir que Koga y los demás caballeros enfrentaran a Ionia, porque ella debía reservar su Cosmos para el final de la guerra.

Cristal siempre les daba esos avisos, gracias al espejo de su tía Michiru, pero a veces le era molesto no poder golpear a quienes se lo merecían.

Cristal le dijo que, en el momento en que Koga rompiera la barrera de Ionia, ella debía usar su Excalibur en Ionia y recuperar su armadura con su Cosmos.

Pensó en lo que su padre le había contado cuando tomó el manto de Caballero Dorado de Capricornio, la lealtad absoluta que le debía a Atenea, pero al mismo tiempo, le debía lealtad a su princesa, a Aria.

Volverse una espada indestructible que lo perfora todo, volverse Excalibur, fue un proceso corto en comparación a muchos caballeros, pero también fue muy duro.

Nombrada caballero dorado a los ocho años, una Mujer Caballero entre los caballeros dorados de su generación, que eran sólo ella y Cristal, dos mujeres caballeros que debían custodiar el Santuario... era una gran responsabilidad, pero también un gran honor.

Al principio, cuando les pidieron presentarse en Palaestra para entrenar, no les pareció sospechoso, ya que Geki había dicho que el director era de los mejores hombres que había conocido.

Nadie se esperó que las emboscaran en el camino, les robaran las armaduras y, además de todo, las dejaran a las puertas de Palaestra para hacer que todos supieran que Marte tenía poder de sobra para vencer a los legítimos caballeros dorados de esa generación.

Al principio, supusieron que fue una casualidad, pero pronto aquella idea fue desechada, porque nadie más fue atacado en el camino, sólo fueron tras ellas dos: tras los caballeros dorados.

Después se reveló que Ionia era un traidor a Atenea, y todo tuvo sentido: él le dijo a Marte que ellas irían a Palaestra e hizo que las atacaran para robar las armaduras doradas y dárselas a caballeros que le jurasen lealtad a él.

Supuso que tenían la esperanza de que quedaran atrapadas en el desastre de Palaestra para que nadie pudiera desafiar a Marte, pero nunca contó con que Koga iría a Palaestra, o tal vez sí, pero nunca esperó que fuera el príncipe de Tokio de Cristal, lo cual haría que Usagi entrara a Palaestra.

Mientras Ionia se entretenía con Koga y Yuna, ella hizo que Natassia, Saiga, Alice y Mako pasaran al Templo de Acuario antes que nadie.

—Conozco este templo cómo la palma de mi mano, si siguen por ése camino, llegarán a las escaleras, no se preocupen por nosotros, yo me encargaré desde aquí—Les dijo y ellas la miraron con ciertas dudas, pero aceptaron seguir adelante.

Ella empezó a hacer arder su Cosmos y endureció su mano para dar el golpe final a Ionia.

—¡Cometa de Pegaso!—Escuchó gritar a su príncipe, y así supo que era su momento de actuar.

—¡Excalibur!—Gritó ella, llegando a Ionia por la espalda, quien la había estado ignorando por ser joven...

Cuando sintió el poder de Excalibur atravesar su corazón, supo cuánto había subestimado a aquella joven mujer caballero hija de Shura.

La armadura de Capricornio resonó con el Cosmos de aquella niña mitad Sailor Scout, que hizo resplandecer la armadura de Capricornio cómo nunca había visto, mientras él se convertía en polvo.

Sin embargo, debido a la intensidad del ataque de Koga, la mitad del Templo de Capricornio se derrumbó —¡AH! ¡MI TEMPLO!—Gritó ella, viendo el desastre que era el Templo de Capricornio en ése instante.

Cuando Koga la escuchó, sintió temor por su vida, pero, para su fortuna, alguien revirtió el daño causado con sus poderes —No seas infantil—Le dijo Seira, con una mirada severa, se puede decir, ya que tenía sus ojos cerrados de nuevo y no estaba usando su armadura.

Cuando el grupo se reunió de nuevo, ella y Cristal miraron a los caballeros de Plata y Bronce y Cristal les dijo —Nosotras no podremos luchar a su lado en Piscis, debemos ayudar a Genbu a mantener las doce casas en equilibrio...—.

Ella miró a su príncipe y le dijo —Confiamos en usted, príncipe Koga—.

Aquellas palabras tenían un gran significado para Koga, cuya vida apenas llevaba poco más de nueve horas desde que cambió completamente, pero agradecía la confianza de ellas dos en él.

—Yo soy descendiente de Sailor Uranus, hija de shura de Capricornio, guardiana de la décima casa, el Templo de Capricornio, quien custodia los vientos... ¡Soy la espada irrompible del viento, Kanata de Capricornio!—Declaró —Y mientras la llama de mi vida arda, ningún marciano pasará por este Templo—Finalizó, cruzándose de brazos mientras daba la espalda a sus compañeros, que corrían escaleras arriba, hacia el templo de Acuario para llegar a Piscis.

—Es el turno de la nueva generación—Murmuró, mientras esperaba a los aliados de la Pequeña Dama para enviarlos al Templo de Piscis con la Teletransportación

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