XV

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La sala de fisioterapia estaba llena del eco constante de los movimientos de los jugadores, el crujido de las máquinas y el ritmo incesante de la música de fondo. La luz natural se filtraba a través de las grandes ventanas, bañando el espacio en una brillante claridad. El aroma del sudor y el esfuerzo era una constante, y el ambiente estaba cargado de una energía palpable de dedicación y trabajo duro.

Las chicas del femenino acababan de terminar de entrenar y muchas estaban allí para destensar sus músculos o simplemente relajarse.

Mientras entrenaba, mi mente estaba fija en el objetivo de ofrecer un alivio real y efectivo a Alexia. Sin decirle nada a nadie, me había sumergido en el estudio detallado del informe de Alexia. Conocía cada músculo que necesitaba ser relajado, cada técnica que podía aplicar para aliviar la tensión que había acumulado. La información se había convertido en mi guía, una herramienta en la que confiaba para ofrecerle el alivio que tanto necesitaba. La perspectiva de ayudarla me daba una sensación de propósito, un pequeño rincón de control en medio de la tormenta emocional que estaba viviendo.

Sin embargo, mientras me acercaba a la sala de fisioterapia, me encontré con un giro inesperado en la situación. Pude ver a Alexis ya en acción. Había llegado antes que yo y estaba preparándose para atender a Alexia. La visión me dejó paralizada, un nudo de angustia se formó en mi estómago.

Me detuve en seco en la puerta, observando a través del cristal. Alexis, con su bata de fisioterapeuta, se movía con una eficiencia profesional que solo servía para amplificar mi desasosiego. Era evidente que estaba completamente inmerso en su trabajo, pero la simple idea de que él estuviera tocando a Alexia era suficiente para causar una oleada de repulsión en mi pecho.

Alexia estaba tumbada en la camilla, vestida con ropa deportiva ligera que dejaba expuestas sus piernas y muslos. Sus músculos estaban tensos, y la expresión en su rostro mostraba tanto dolor como cansancio. La forma en que sus músculos se contraían y relajaban bajo las manos de Alexis me resultaba angustiante. No podía apartar la vista, y cada movimiento de las manos de Alexis era un recordatorio doloroso de la distancia emocional que sentía en ese momento.

Alexis se inclinaba sobre Alexia, sus manos recorriendo las piernas de Alexia con una precisión que parecía meticulosa. Sus dedos se movían con cuidado sobre los músculos tensos, pero cada toque se sentía como una invasión no deseada. Ver la manera en que sus manos recorrían los muslos de Alexia me provocaba una sensación de desagrado profundo. La situación era una mezcla incómoda de profesionalismo y una invasión de la intimidad que no podía soportar.

Mi mente estaba en un torbellino mientras observaba. Sentía una oleada de repulsión, un deseo de intervenir y ofrecer mi ayuda, pero la presencia de Alexis y la intimidad de la situación me mantenían paralizada. Cada vez que Alexis aplicaba presión sobre los músculos de Alexia, me sentía cada vez más incómoda. Las manos de Alexis parecían moverse con una falta de consideración que solo exacerbaba mi malestar.

Alexia, por otro lado, intentaba mantener una expresión neutral, pero era evidente que el dolor y la incomodidad de que fuese él aún eran presencias constantes. Su rostro mostraba signos de incomodidad, y sus respiraciones eran profundas y pausadas. La tensión en sus músculos era palpable, y cada toque de Alexis parecía ser un recordatorio de la incomodidad que estaba experimentando.

La situación se convirtió en una batalla interna para mí. Sentía una necesidad urgente de intervenir, de ofrecer el alivio que conocía que podría proporcionar, pero la presencia de Alexis y la dinámica entre ellos creaban una barrera que no podía superar. Cada vez que Alexis se movía para ajustar su presión o cambiar de técnica, la sensación de repulsión se intensificaba. Era como si estuviera siendo testigo de una escena que no debía estar viendo, una invasión de la intimidad de Alexia que me resultaba insoportable.

La frustración se acumulaba en mi pecho mientras continuaba observando. Cada toque, cada ajuste, me hacía sentir más ansiosa y preocupada. La sensación de impotencia se hacía más pronunciada, y el deseo de ayudar se mezclaba con el dolor de ver cómo alguien más estaba proporcionando el alivio que yo quería ofrecer. La situación era un recordatorio cruel de la distancia emocional y la incapacidad de intervenir en una situación que me parecía tan personal.

Finalmente, la sesión llegó a su fin. Alexis se levantó y, con una sonrisa profesional, comenzó a hablar con Alexia, proporcionando comentarios y recomendaciones sobre su recuperación. La expresión en el rostro de Alexia mostraba una mezcla de alivio y agotamiento, pero también una cierta incomodidad que no podía ignorar.

Cuando Alexis se alejó, me di cuenta de que había estado sosteniendo la respiración, como si al soltar el aire pudiera liberar también el malestar que había acumulado. La tensión en mi cuerpo se disipó lentamente, y la sensación de repulsión comenzó a desvanecerse, aunque no completamente.

Alexia se levantó de la camilla con un esfuerzo visible, y sus ojos se encontraron con los míos. Había una mezcla de agradecimiento y cansancio en su mirada, una expresión que me hizo sentir un nudo en la garganta. Me aproximé, dispuesta a ofrecer el alivio que sabía que podía brindar, pero la realidad de la situación me hizo sentir aún más vulnerable.

—¿Qué tal? —pregunté, intentando mantener mi voz tranquila y reconfortante a pesar de la angustia que sentía.

—Me siento un poco mejor, gracias —respondió Alexia con una voz que reflejaba tanto alivio como agotamiento. —Pero todavía tengo un poco de tensión. Espero que puedas ayudarme a relajarme un poco más.

Mi mente se apresuró a adaptar la información que había estudiado, tratando de ofrecerle el alivio que necesitaba. Aunque el dolor de ver a Alexis tocando a Alexia seguía fresco en mi mente, me concentré en mi objetivo de ayudarla, aplicando con precisión las técnicas que había aprendido para aliviar sus músculos.

Cada toque y cada movimiento que hacía era un acto de redención, una forma de reclamar el control y ofrecer el consuelo que sentía que le debía. La habilidad que había desarrollado a través del estudio y la práctica de tantos años masajeando esas mismas piernas se convertía en una herramienta para proporcionar el alivio que Alexia necesitaba, una manera de compensar la sensación de impotencia que había experimentado al observar la sesión anterior.

Mientras trabajaba en los músculos tensos de Alexia, traté de mantener mi enfoque en su bienestar y no en las emociones turbulentas que había experimentado al ver a Alexis. Cada presión, cada movimiento de mis manos era un acto de cuidado y dedicación, una forma de reconciliar la angustia con el propósito de ofrecer alivio.

El proceso de trabajar con Alexia fue una experiencia de redención personal. Cada toque y cada ajuste que hacía en sus músculos eran una forma de encontrar paz en medio de la incomodidad. A medida que la tensión en sus músculos comenzaba a disminuir y la relajación se apoderaba de su cuerpo, sentí una profunda satisfacción al ver el alivio en su rostro.

La sesión se cerró con una sensación de éxito personal, una compensación por la angustia que había experimentado al observar a Alexis. La satisfacción de ayudar a Alexia a sentirse mejor era un recordatorio de que, a pesar de la repulsión y la incomodidad, aún había un espacio en el que podía ofrecer un verdadero consuelo.

-Ahora muchísimo mejor-Dijo con una sonrisa poniéndose de nuevo en pie.

-Cuando lo necesites repetimos-Dije con simpatía y ella volvió a sonreír.

-Pero la próxima vez me gustaría una sesión privada, para estar más relajada, solo tú haciendo tu trabajo y yo tumbada relajándome-Añadió con una sonrisa pícara.

Me quedé completamente bloqueada ante ese comentario, ¿Qué acababa de ser eso?, ¿de verdad estaba aprovechando este momento para tontear?, sabía que era así porque ese tono pícaro siempre lo usaba cuando me quería provocar, y la verdad es que escucharlo de nuevo me causó un escalofrío, ella sabía perfectamente lo que estaba haciendo.

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A Laia casi le da algo viendo a Alexis tocar a Alexia

Alexia no pierde el tiempo, va a por todas sin vergüenza alguna

𝐁𝐀𝐂𝐊 𝐓𝐎 𝐘𝐎𝐔-𝐀𝐥𝐞𝐱𝐢𝐚 𝐏𝐮𝐭𝐞𝐥𝐥𝐚𝐬Donde viven las historias. Descúbrelo ahora