XXXXIII

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Laia

El primer rayo de sol se filtró entre las cortinas del pequeño apartamento que habíamos alquilado para nuestra escapada a Cadaqués. Me desperté envuelta en los suaves brazos de Alexia, sintiendo su cálido aliento en mi cuello. Me giré lentamente para mirarla, y sus labios estaban curvados en una sonrisa tranquila. Sin poder resistirlo, le di un beso suave en la mejilla.

—Buenos días —susurré, acariciándole el cabello. Ella abrió los ojos lentamente y me devolvió el beso, esta vez en los labios, con una ternura que me hizo sentir especial desde el primer momento del día.

Nos levantamos y nos preparamos para nuestro primer día en la cala. La emoción en el aire era palpable mientras nos vestíamos con ropa ligera y cómoda. Alexia me miraba con una mezcla de admiración y diversión mientras me ayudaba a elegir el mejor conjunto para la playa. Me incliné para besarla en los labios una vez más antes de salir, sintiendo la calidez de su boca contra la mía.

Al llegar a la cala, el espectáculo natural era impresionante. El mar, con sus tonos de azul y verde, parecía llamarnos a sumergirnos. Después de extender nuestra manta en un rincón acogedor, nos acercamos a la orilla y nos desnudamos para entrar en el agua. Cuando el agua fría tocó nuestra piel, ambos emitimos un pequeño grito de sorpresa, y luego estallamos en risas. Alexia nadaba cerca de mí, y no podía evitar sonreír cada vez que nuestros cuerpos se rozaban.

En un momento, mientras estábamos en el agua, Alexia me tomó en sus brazos y me levantó con un movimiento juguetón. Nos reímos mientras ella me mantenía en el aire, y antes de que pudiera protestar, me besó apasionadamente. El contacto de sus labios y el abrazo de sus brazos me hicieron sentir como si estuviéramos flotando en un sueño.

Salimos del agua, y el sol cálido comenzó a secar nuestras pieles. Nos recostamos en la manta, y Alexia se acurrucó a mi lado, envolviéndome en sus brazos. Sentí su respiración tranquila y su calor, y no pude evitar inclinarme para darle un beso en el cuello. Ella respondió envolviendo sus brazos alrededor de mí, y nuestros cuerpos se ajustaron perfectamente en una mezcla de ternura y deseo.

Cuando la tarde se acercó, decidimos explorar un sendero cercano que prometía una vista panorámica. Mientras caminábamos de la mano, el sol comenzaba a bajar, tiñendo el cielo de tonos dorados y rosados. Alexia se detuvo en medio del sendero y, con un gesto suave, me giró hacia ella. Nos miramos a los ojos y, en un momento cargado de emoción, nos besamos con intensidad, como si quisiéramos capturar la esencia de ese momento para siempre.

El sendero nos llevó a un mirador con vistas impresionantes. Nos sentamos en una roca y observamos el horizonte. La brisa del atardecer acariciaba nuestros rostros, y Alexia me rodeó con un brazo, atrayéndome hacia su cuerpo. Sentí su calor y el latido de su corazón mientras me apoyaba en su pecho. Me inclinó la cabeza hacia atrás y me besó en la frente, un gesto lleno de ternura y amor que me hizo sentir profundamente conectada con ella.

De regreso en la playa, extendimos nuestra manta nuevamente para nuestro picnic. Mientras comíamos, nuestros dedos se rozaban con frecuencia, y cada toque parecía estar cargado de significado. Alexia me pasó un trozo de fruta y, en lugar de simplemente dármelo, se inclinó y me besó suavemente antes de que lo tomara. Cada gesto se sentía como una pequeña declaración de amor, y me encantaba cómo cada momento estaba impregnado de cariño.

Cuando el sol se escondió y la noche se apoderó del cielo, encendimos una pequeña lámpara de aceite que habíamos traído. La luz suave creaba un ambiente íntimo, y nos acurrucamos en la manta, disfrutando de la tranquilidad de la noche. Alexia me rodeó con un brazo y me atrajo hacia ella, y nuestros labios se encontraron en un beso prolongado y profundo. Nos besamos lentamente, con una pasión que parecía reflejar la belleza del lugar y la intensidad de nuestros sentimientos.

A medida que el cielo se llenaba de estrellas, nos tumbamos y nos abrazamos bajo el manto estrellado. Alexia me acarició suavemente la espalda y el cuello, y yo me aferré a ella, sintiendo cada caricia como una promesa de amor. Me incliné para susurrarle al oído:

—Este ha sido el mejor día de mi vida.

Ella me besó en los labios con una dulzura infinita y respondió:

—Y el mío también. No puedo esperar para ver qué más nos espera.

Finalmente, regresamos al apartamento, nuestras manos entrelazadas y nuestros cuerpos cansados pero felices.

Mientras nos acurrucábamos bajo las mantas, sentí cómo el cansancio y el estrés acumulado durante las últimas semanas comenzaban a desvanecerse. Los días difíciles del divorcio, con sus discusiones interminables y la constante incertidumbre, parecían desmoronarse con cada suave caricia de Alexia.

La calidez de su cuerpo contra el mío era como un bálsamo para mi alma. Los nudos que había llevado en mis hombros durante tanto tiempo se estaban deshaciendo poco a poco. Cada vez que Alexia pasaba sus dedos por mi espalda o me susurraba palabras de cariño, sentía cómo el peso de las preocupaciones se deslizaba fuera de mí. Era como si cada toque fuera una promesa de que podía dejar atrás todo el dolor y el estrés.

Me sentía envuelta en una tranquilidad que no había experimentado en mucho tiempo. El sonido del mar y el suave murmullo de la noche se mezclaban con las caricias de Alexia, creando una sinfonía de calma que me envolvía completamente. Me incliné para besarla en los labios, sintiendo cómo el calor de su boca me transmitía una serenidad profunda.

—Gracias por estar aquí —le susurré, con la voz temblando ligeramente. No era solo por el momento, sino por todo el alivio que sentía en ese instante.

Alexia me sonrió y me rodeó aún más con sus brazos.

—Siempre estaré aquí para ti —respondió con una voz suave que parecía abrazarme por completo.

Mientras nos acomodábamos en la cama, me sentí como si finalmente pudiera soltar todo el estrés y las preocupaciones que había estado llevando. Era como si cada caricia, cada beso, fuera una forma de liberación. La pesadez que había sentido en mi pecho durante los meses de separación y decisiones difíciles se estaba disolviendo lentamente, dejándome en un estado de paz que me resultaba casi desconocido.

La tranquilidad que sentía en ese momento era como un respiro profundo después de una larga carrera. El simple acto de estar aquí, con Alexia a mi lado, me hacía darme cuenta de lo mucho que necesitaba este respiro. Me sentí ligera, como si finalmente pudiera dejar atrás las sombras del pasado y empezar a disfrutar de lo que realmente importaba.

Mientras me acurrucaba más cerca de Alexia, me sentí libre de las cadenas que me habían atado. Las preocupaciones sobre el futuro y los conflictos del pasado parecían desvanecerse en la suavidad de la noche y la ternura de su abrazo. Me entregué a esa sensación de alivio, sabiendo que, en este momento, todo estaba bien y que el estrés que había llevado durante tanto tiempo había comenzado a desaparecer, dejando solo paz y amor a su lugar.

Finalmente, al cerrar los ojos y sentir el latido tranquilo de Alexia junto al mío, supe que había encontrado un refugio en el que podía sanar. La vida parecía mucho más ligera y llena de promesas nuevas, y me sentí agradecida por cada instante de este viaje que nos había traído aquí, juntas, en paz y amor.

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Capítulo bonito bonito eh

Esta historia posiblemente llegará como mucho al capítulo 60😬

El siguiente también será bonito, de nada😘

𝐁𝐀𝐂𝐊 𝐓𝐎 𝐘𝐎𝐔-𝐀𝐥𝐞𝐱𝐢𝐚 𝐏𝐮𝐭𝐞𝐥𝐥𝐚𝐬Donde viven las historias. Descúbrelo ahora