capitulo 13: Feromonas.

609 80 10
                                        

A la mañana siguiente, Minju se despertó más tarde de lo habitual, sus ojos pesados por la falta de sueño y con unas notables ojeras bajo ellos. Se vistió de manera automática, ajustándose el uniforme mientras su mente seguía absorta en los eventos de la madrugada. Cuando llegó al comedor, encontró a William ya sentado, comiendo.

—Vaya, parece que no dormiste nada —comentó William en cuanto Minju se sentó frente a él—. ¿Qué pasa con esas ojeras?

Minju soltó un leve suspiro y comenzó a servirse café. No parecía molesto por la pregunta, pero estaba claramente más callado de lo normal. Sin embargo, una chispa de interés brilló en sus ojos.

—Ya tengo una idea de lo que podemos hablar en el proyecto —respondió, ignorando por un momento el comentario de William sobre su apariencia.

William dejó su tenedor en el plato y lo miró con curiosidad, apoyándose en la mesa con una sonrisa juguetona.

—No me digas que esas ojeras son porque estuviste investigando toda la noche.

Minju dejó su taza de café sobre la mesa y negó con la cabeza, aunque su expresión se tensó ligeramente.

—Anoche, o más bien esta madrugada, fui al baño —empezó a decir, susurrando como si hablara para sí mismo—. Y en el pasillo... sentí unas feromonas. Del celo de un Omega.

William alzó una ceja, sorprendido por la revelación.

—¿Feromonas Omega? —preguntó, inclinándose hacia él—.

Minju asintió, mordiéndose el labio un momento antes de continuar.

—Sí... Y, ahora que lo pienso, el único Omega en este pasillo es el hijo de esa actriz de Hollywood, ¿no?

William pareció pensar en ello por un momento, asintiendo lentamente.

—Exacto, eso es lo que todos dicen. Él es el único Omega que vive en este ala del edificio.

Sin darse cuenta, Minju murmuró en voz baja:

—Con razón olía a las feromonas de Elian...—mientras seguía mordiéndose el labio.

William, al principio, no entendió del todo.

—¿Qué? —preguntó, frunciendo el ceño.

Minju rápidamente cambió su expresión, intentando enmascarar el descuido.

—Nada, nada. Lo que quise decir es que las feromonas eran tan fuertes que no podía quitármelas de la nariz. Me costó volver a dormirme.— pauso un  momento— Son... Muy molestas.

William lo observó, levantando una ceja con curiosidad.

—Ah, entiendo... —dijo, pero luego una chispa de picardía apareció en su rostro—. Oye, ¿cómo se siente un celo Omega, exactamente?

La pregunta tomó a Minju por sorpresa. En cuanto escuchó esas palabras, su rostro se sonrojó de inmediato, y casi se ahogó con el café que estaba bebiendo. Tosió ligeramente mientras intentaba recuperar la compostura, pero el sonrojo no hacía más que aumentar.

—¿Estás bien? —preguntó William entre risas, divertido por la reacción de Minju—.

Minju, aún sonrojado, desvió la mirada y tomó aire, tratando de calmarse.

—No... no sé mucho sobre eso —respondió, con su tono algo tenso—. Solo... solo sé que son intensas. Nada más.

William lo miró con una sonrisa pícara, disfrutando del momento, pero decidió no seguir incomodándolo.

Dinastía: HerederosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora